lunes, 20 de diciembre de 2010

LA LOCURA DE LOS PRIONES: EL ORIGEN

para Carmen



Dibujo ininterrumpidamente desde los tres años hasta bien entrada la adolescencia (esto es, desde 1960 hasta 1973). Durante los primeros cinco años, coches y dinosaurios: de los coches sólo me interesan las carrocerías, cuyas líneas aerodinámicas me provocan en esos inicios de perversión polimorfa total una excitación preludio de la que años más tarde me provocarán las formas femeninas (a este fetichismo he dedicado varias entregas en LINEA DE SOMBRA: coches deportivos, utilitarios y de lujo); en cuanto a los dinosaurios, apunta mi afición a la zoología o, por mejor decir, a la criptozoología, siempre atraído por bestias reales pero profundamente anómalas (peces como el celacanto o el arawana, mamíferos primigenios como el bradipo o el ornitorrinco, anfibios underground como la cecilia lumbricoide o el olm, procordados como el anfioxo...), por criaturas extintas (el dodo, el lobo marsupial, el diplocaulo, el andrewsarchus –mi criatura totémica desde hace más de una década-) o por seres sobre cuya realidad hay fuertes controversias (caso de Nessie, cuya presencia legendaria es el perfecto background para mi novela LA CANCION DEL AMOR –a la que cierto profesor de la Universidad de Aberdeen dedicó una tesis a fines de los 90, inacabada por morir el hombre de derrame cerebral aunque no antes de haberme pedido sesenta ejemplares del libro para repartir entre sus alumnos: historia cierta y gozosamente bizarra que parece una addenda a la propia novela y que se repetiría años más tarde, de manera menos infausta, con la obsesión de Esther Peñas por mi novela MARY ANN, obsesión que permanece inmarchitable hasta la fecha y bajo cuyas pulsiones se entretejió nuestra atípicamente intensa conexión-).

Entre 1969 y 1973, anonadado por los cómics Marvel y por las tiras en FOTOGRAMAS de MODESTY BLAISE, a lo que añadir ecos violentos de la actualidad (mayo del 68, travesuras letales de la familia Manson en el 69, secuestros de aviones por bellas terroristas del FPLP...), dibujo compulsivamente cómics de acción mutante y vivo en una realidad paralela muy cercana (pero en versión pasivo/agresiva) a la narrada en KICKASS. Mi único momento de gloria fue, aparte de la creación de mi daimon Nicolás Sicodelo, el premio fin de curso que conseguí en 3º de bachillerato en la asignatura de dibujo (colegio San José del Parque, junio de 1970) por un mural a rotulador donde planteaba unas variaciones sobre el combate de mis sueños, Capitán América contra Madame Hydra.

Tras un bienio largo dedicado mayormente a descubrir la música pop como entretenimiento y a escribir canciones tan fallidas como abundantes, al entrar en 1975 en Artes y Oficios como preparatorio para un nunca consumado acceso a Bellas Artes así como al iniciar simultáneamente mi singladura en la prensa marginal (acicateada por mis dos primeros trabajos remunerados: una tira cómica que duró varias semanas en GUIA DEL OCIO –entre diciembre del 76 y enero del 77- y medio año como ilustrador de artículos en la revista universitaria PLATAFORMA –primera mitad del 77-), empiezo a darme a conocer como El Zurdo, sujeto que alumbra chistes gráficos (casi siempre con un retrete como icono), pequeños textos que ponen el surrealistómetro a cien (según apreciación de Elena Gabriel, compañera de fatigas contraculturales a la sazón) y performances histriónicas en El Rastro. A partir de 1980, con la elaboración de la portada y contraportada de mi primer libro, TODOS LOS CHICOS Y CHICAS, prácticamente me despido del grafismo para concentrarme de lleno en la escritura y en la música.


A mediados de los 80, profundamente afectado por la lectura de cierto libro de la colección Alianza Forma sobre pintura y escultura fotorrealistas, empiezo a escribir textos fuertemente inspirados en pinturas adscritas a ese estilo, tanto reales como imaginadas y/o soñadas (que mi subconsciente enlaza con los cromos de animales y coches que tanto me conturbaron en mi niñez y con mi querencia de siempre por la ecuación PINTURA HIPERREALISTA = MISTERIUM TREMENDUM encarnada en Magritte y, en menor medida, en Dalí). Tengo la vaga intención de ensamblarlos en un libro pero acabarán por dispersarse como colaboraciones para ABC, como fragmentos insertados en la ya citada novela LA CANCION DEL AMOR (concretamente, los incluidos en las páginas 73/74/77 –las presuntas notas de Joseph Leo Mankiewicz sobre cierta criatura gigantesca-, y el capítulo 17), como material base para el capítulo segundo de la narración inconclusa TEP (publicada en el no menos inconcluso fanzine THE ELDERLY PASSENGER) o como entradas en mis blogs (caso de ésta o –mucho más reciente en su elaboración pero también surgida de imágenes fotorrealistas, entre reales y soñadas- esta otra).

A finales de los 90, al instalarme el Photoshop, siento un impulso de recuperar mi inquietud gráfica a partir del tratamiento de imágenes. En 1999 quedo finalista en un certamen de cómics donostiarra con este trabajo que hace casi un año colgué en LINEA DE SOMBRA y, desde ese momento, voy profundizando en ello como un hobby menor al que acabaré desde 2007 dedicándole series enteras en mis blogs: tanto en EL PUNTO Z como en los actuales THE ZURDMAN ZONE y LUMINAR XXI. El siguiente paso es recuperar la faceta interrumpida en 1980 de ilustrador de un libro mío (en realidad, ya retomada en 2009 con la ilustración de portada de EL ETERNO FEMENINO –imagen que abre la presente entrada-), en este caso codo con codo con dos colaboradoras gráficas, la imaginera Carmen Hierro y la fotógrafa Inma Varandela, procurando en esta obra (ahora mismo lista para presentarse a posibles interesados en su publicación) que aquella inquietud de mediados de los 80 (textos nacidos del útero de una imagen hiperrealista) se funda con la de ahora, de imágenes nacidas para ir más allá de la realidad a partir de su torsión/subversión/iluminación, un libro donde montan tanto las palabras preñadas de imágenes como las imágenes inspiradoras de palabras.




ilustraciones: THE LEFT HAND



miércoles, 1 de diciembre de 2010

AYN RAND, VIAJE SIN RETORNO

PARA ESTHER


Autistas, mutantes, sociópatas, replicantes. Mis prójimos. Las miradas que atraviesan a las masas para sólo detenerse en los escasos sujetos y en los mucho más interesantes objetos y animales y vegetales, entidades netas, íntegras, que no mienten. Las miradas que sólo buscan la excelencia, que saben cómo lo mejor no es enemigo de lo bueno sino su horizonte. Las miradas que no perdonan la fealdad como imperativo categórico. Las miradas monstruosas en su desapego, en su negempatía, bienaventuradas en su monstruosidad porque en una sociedad teratológica sólo aquellos seres calificados por el común de monstruosos son la clave de redención y regeneración. La mirada de Howard Roark y de John Galt, del pirata Ragnar y del playboy Francisco D’Anconia (gemelo espiritual del camarero Martin Venator en su falsa acomodación a la molicie y la decadencia), la mirada de Hannibal Lecter (el Cristo de nuestro tiempo crucificado entre cerdos –como el replicante Roy Batty será Cristo de los tiempos por venir-) tras liberarse de esa angustia tediosa de la que el coronel Kurtz sólo logrará elevarse cuando cabalgue la ola de las oscuridades camboyanas de APOCALYPSE NOW hacia las iluminaciones tarzanescas de ADIOS AL REY o se retrotraiga a la bárbara seguridad de CONAN (abuelo del ya mentado pirata danés y de todos los demás –como Roy Batty será su último heredero en el umbral del penúltimo Apocalipsis-).

Hace unos meses leí por primera vez en castellano LA REBELION DE ATLAS (cuya lectura en inglés ya había hecho en 2003 y me dio pie a esta reflexión). Y una vez más comprendí por qué si uno se siente tan identificado con los escenarios randianos no puede nunca sentirse vinculado a alternativas políticas terrenales, porque todas están marcadas por las tramposas desnaturalizaciones con que Thompson pretende tentar a Galt en LA REBELION DE ATLAS en aras de un falaz y envenenado pragmatismo. Ahora nuevas voces desde el mundo tribunicio y aspirante a la alta gestión institucional vuelven a usar el nombre de Rand ¿de nuevo en vano? El tiempo lo dirá.

Lo único verdaderamente claro es que Ayn Rand sólo tiene sentido como viaje sin retorno, sin guardar la ropa, para quienes somos inasequibles al pragmatismo y a la adecuación en períodos de decadencia terminal.


lunes, 8 de noviembre de 2010

viernes, 1 de octubre de 2010

OTROSI PEGAMIN 1

Se me ha ocurrido recuperar (dentro de la dinámica otrosí de rescatar colaboraciones mías de espacios donde ya no estoy) algunas entradas aparecidas en PEGAMIN. He escogido aquellas que me siguen resultando más simpáticas, tanto por su contenido como por los comentarios no demasiado hostiles (a fin de cuentas, fue la hijoputez trollera lo que me acabó por echar de allí –sin que ello supusiese mucha pérdida para nadie, empezando por quienes me invitaron a entrar; bueno, hubo una excepción que a partir de entonces se iría desligando del blog hasta abandonarlo por completo: de algún modo, se repetía así la historia de Dildo y MONDO BRUTTO-).

LA SAGA DE ALF

Empezaré con la serie de entradas dedicadas a Amanda Lyn Ferri, el único recuerdo verdaderamente entrañable que me dejó PEGAMIN y regalo que nunca agradeceré lo bastante a quien me lo hizo.



http://esnifandopegamin.blogspot.com/2007/05/amandalynferri.html

http://esnifandopegamin.blogspot.com/2007/05/la-versin-espaola-de-amandalynferri.html

http://esnifandopegamin.blogspot.com/2007/06/amandalynferri-el-clip-definitivo.html

http://esnifandopegamin.blogspot.com/2007/09/amanda-sigue-generando-videos.html

lunes, 20 de septiembre de 2010

PREDICANDO EN EL DESIERTO

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)





«Tenía plena conciencia de las potencias y entidades que formaban un haz dentro de mí, lo que se me escapaba era su naturaleza. Estaba ansioso de ser estimado –deseo tan intenso y nervioso que jamás pude confiarme amistosamente a otra persona-. El terror de fracasar en un esfuerzo tan importante me impedía siquiera intentarlo. Además, era una cuestión de nivel, pues la intimidad parecía vergonzosa a menos que el otro pudiera responder plenamente a ella, con el mismo lenguaje, con el mismo método y las mismas razones.» (LOS SIETE PILARES DE LA SABIDURIA, T.E. Lawrence –fragmento del capítulo CIII, donde mejor se entiende el impacto que Lawrence produjo en Simone Weil-)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

LAS TRIBADAS



Tribu de uno,
oh, sí, qué tribulación:
de un modo instintivo
buscaste las Tríbadas,
abrazo impensable que,
sin embargo, fue
tu constelación.

Todo lo demás
para ti es ficción,
representación
que te obliga a ser,
más que amante, histrión.



Caído de clase, huérfano de género cargas con tu doble bastardía por un mundo idiota cuyas paredes empapas con la ilusión rupestre de tu graforrea. Magia inútil porque, en respuesta a tu busca de la tijera afín, de ese polo/espejo capaz de ponerse en tu lugar (y de sentirse bien ahí), el mundo idiota sólo te da un diálogo para besugos, apriorismos ciegos y sordos, asepsia, distancia, profilaxis, besos amordazados, caricias envueltas en guante quirúrgico, diálogos por adsl, miradas crispadamente corteses desde el otro lado de la burbuja en que te pusieron ya no recuerdas cuándo.


lunes, 23 de agosto de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (34)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


VALENTINE´S DAY


intérprete original: Blood, Sweat & Tears
letra y música: Steve Katz, Fred Lipsius


Yesterday, in may ways, you've looked into my eyes
Seems so strange for all the many years together
Sitting by the window, couldn't move you if I tried
I've been standing on the outside here for ever
Candles lit an empty room when you and I last talked
And the bed made warm by lonely lovers
I have seen a thousand highways, walked a hundred roads
But for you I know there'll be many others

Oh, let the wind blow, strike me to my knees
I'm forever getting sad and lonely
Oh, let the sun glow, shine upon the trees
You'll forever be my one and only

Darkened halls and hotel walls will keep me in disguise
While your brown eyes look for what you have forsaken
Better times are far behind me, I can't quite forgive
'Cause for all that you have given, you have taken
Saddened by a country tune, I cried myself to sleep
Looking for my footsteps softly leaving
I have seen a thousand highways, walked a hundred roads
But for you I give you freedom to believe in

Oh, let the wind blow, strike me to my knees
I'm forever getting sad and lonely
Oh, let the sun glow, shine upon the trees
You'll forever be my one and only

Oh, let the wind blow, strike me to my knees
I'm forever getting sad and lonely
Oh, let the sun glow, shine upon the trees
You'll forever be my one and only




lunes, 9 de agosto de 2010

LA NIÑA QUE MIRA DE REOJO

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)





CARMEN HIERRO, la fotógrafa feérica, me acaba de mandar esta joyita con el siguiente comentario: “Te envío uno de mis retratos preferidos de la historia del arte. Se cree que Leonardo Da Vinci lo conoció antes de inventar su famoso esfumato. Para mi gusto esta encantadora muchachita es mucho más inspiradora que la Gioconda, y contiene también un gran misterio. Su autor es Petrus Christus. Es un pintor del que no se sabe mucho, más bien de segunda fila. El resto de sus obras no me entusiasman, son muy Van der Weyden. Pero aquí dio en el clavo. La dama es desconocida. Hay alguna teoría sobre quién pudiera ser pero no se sabe a ciencia cierta. Vive en un museo de Berlín. Tiene algo orientalizante, y el dibujo, más simbólico que real, le da un aura única con esa forma de sintetizar el cuerpito y los hombros. ¿Que te parece?”

¿Qué me va a parecer? Que es la quintaesencia de lo cool. Esa mirada de reojo y tan seria es de dejar hecho fosfatina al espectador. A César González Ruano seguro que le debió de robar más de un sueño e inspirar algún trance nostálgico de corzas. Carmen mencionaba lo orientalizante y, sin pretenderlo, esta circunspecta preteen podría ser perfectamente el contrapunto anacrónicamente brumoso de aquella tórrida Ifrikya que el propio Ruano glosó en muy otras latitudes. Acaso el protagonista teutónico de aquella nivola fundió en su mente a esta muchachita (seguramente contemplada con obsesión vertiginosamente hitchcockiana en esas horas congeladas que regalan los museos) con la hija de la dulzura que el destino le deparaba al fin de su periplo vital.

Yo la elevo, huérfano de aquella otra criatura que Modigliani retrató vestida de marinerito y con la que en su momento ilustré cierta evocación ruanesca, a la categoría de ciberdiosa y dejo que su reojo me pulverice y me limpie de las húmedas miserias que, por aquí o por acullá, siempre trae la canícula.

Y acabo con las últimas líneas con que CGR acababa a su vez su artículo MUCHACHAS HERMETICAS: "Con una ilusión inédita todavía, con una esperanza aún. Dentro de un vencimiento fatal, pero dentro de convencimientos no por inútiles menos hermosos"

domingo, 1 de agosto de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (33)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


HOW DOES IT FEEL

intérpretes originales: SLADE
letra y música: Noddy Holder/ Jimmy Lea


How does it feel runnin' around round round
how does it feel watchin' from upside down
'cos many years from now there will be new sensations
and new temptations
How does it feel

How does it feel right at the start
and how does it feel when you are thrown apart
'cos many years from now there will be new elations
and new frustrations

Chorus
How does it feel? Oh! Oh!
Do you know know know what it's like to be searchin' in your own time
all your attempting experimenting all on the climb
do you know know know what it's like to be searchin' and suddenly find
all your illusion, all your confusion all left behind

How does it feel turnin' away
and how does it feel facing another day
'cos many years from now there will be newer poisons
and new horizons

'cos many years from now there will be new tomorrows
and still some sorrows






mis impresiones sobre el grupo (y también sobre ALICE COOPER)

lunes, 12 de julio de 2010

ALTERCAPACITADOS

Aquí cuelgo la versión íntegra de la entrevista que la pasada primavera me hizo Esther Peñas sobre un tema que, a quienes hayan leído MARY ANN, no les resultará nuevo. La verdad es que cada vez el archivo zurdesco que las gentes van colgando en YOU TUBE crece en volumen y capacidad de sorpresa.


jueves, 1 de julio de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (32)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


DEJAME JODER TU MENTE

intérprete original y autor: DUFFO




Acaricia a este adorable pichoncillo y podrás escuchar sus trinos.

lunes, 14 de junio de 2010

ELENA ESO

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

«Elena Eso, como “amén a eso”», así me dijo su representante (un sujeto de aire hebraico –mejor dicho, con aspecto de muñeco de ventrílocuo que exagerase rasgos hebraicos: calva hornada con una diadema de rizos entre Punset y el señor Pignon de LA CENA DE LOS IDIOTAS, ojos saltones y entornados muy similares a cierto malvado de una de las películas anticomunistas que interpretó Paul Newman a mediados de los 60, nariz bulbosa más aguileña que respingona y labios gruesos y grandes, con un punto savateriano en su sonrisa batracia- que yo asocié con aquellos actores de teatro rojeras que solían intervenir en BARRIO SESAMO).

Estábamos en una soleadísima plaza de pueblo rodeada de soportales (se me vienen a la memoria los nombres de Chinchón, Ciudad Rodrigo y Trujillo, aunque no sé muy bien si por un remix que hace mi mente de la vez que LA MODE pasó por la localidad extremeña y se atracó de un barreño de cordero con ensalada, de aquel añejo visionado de ASIGNATURA PENDIENTE y de flashes de espacios documentales en canales locales de tv sobre pueblos de la comunidad de Madrid: eso sí, el representante me dijo que su pupila era de Salamanca y se supone que estábamos en esa provincia para asistir a un concierto suyo con ocasión de las fiestas del pueblo).

Había una parte de la plaza delimitada con barricadas de madera porque por ahí iba a desembocar un encierro de vacas bravas. La cháchara del representante se vio interrumpida por dos chavalitos que se disputaban mis favores (querían que les tatuase un autógrafo en salva sea la parte) a bofetada limpia (no tenían nada de rústico en sus trazas: parecían hermanos menores del efebo que me inspiró el PARA TI, con algo británico en su agresiva delicadeza, como sacados de una merienda concebida por Enid Blyton). Tuve que poner orden recogiéndolos bajo mis alas, en impremeditada imitación de la famosa secuencia de FREAKS, y ellos hicieron las paces usando mi cuerpo a guisa de Camp David.

Con los sobacos acariciados por los bucles de la chavalería, yo me sentía pletórico, en plena epifanía, y me dejaba arrullar por la verborrea promocional del representante. Empecé a elucubrar sobre su protegida: ¿tendría algo que ver con Kikí D’ Akí (de origen salmantino, si la memoria no me falla)? ¿o más bien se parecería a cierta cantautora castellana de aspecto corvino, Myriam de Riu, que tuvo su breve momento de gloria allá por la Transición, cuando el padre de Jaime y Guiller era precisamente gobernador civil de Salamanca? Todas estas preguntas me llevaban a pensar, todavía dentro del sueño, que aquello era un sueño y mi mente parecía buscar los motivos de haber elegido Salamanca como microcosmos. A medida que tomaba conciencia de la irrealidad de la situación, los efebos que cobijaba entre mis brazos se degradaron en haces de rastrojos lacerándome la piel y el representante se volvió totalmente muñeco de ventrílocuo y, al no tener quien lo accionara, se quedó quieto con la mirada perdida y la boca entreabierta. Entonces comprendí que nunca conocería a Elena Eso y que, en realidad, me encontraba en el pueblo de las muñecas de cera que Ramón describe en su novela GUSTAVO EL INCONGRUENTE.

La epifanía se trocó en soledad, la luminosidad se volvió penumbra y me desperté.





imagen: CARMEN HIERRO

martes, 1 de junio de 2010

HIJA DE LA DULZURA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

[El luminarca Juanjo Seixas, ausente tanto tiempo de este blog (ausencia que sólo está en su mano redimir –tú mismo, Juanjo, ésta es tu casa: como verás, cada vez más diversamente habitada-), de pronto reapareció hace unas semanas por mi vida en forma de regalo, más concretamente en forma de una novela mística, misteriosa, mixtificadora (como su autor, César González Ruano, y como los paisajes en que se desarrolla), editada (atención, Bárbara...) por ese librero Bergua que tan anacrónico resulta hoy, en plena profanación industrial del negro sobre blanco. Yo nunca he sido muy amigo de las tierras moras (sólo Burroughs adaptado por Cronenberg, en su impremeditada versión libre de EL CIELO PROTECTOR que fue EL ALMUERZO DESNUDO, me había hecho interesarme por esos ambientes abigarrados, mayormente usando como vehículo a ese cadáver disfrazado de actriz que atiende por Judy Davis –como lo único que me haría sentirme a gusto en los trópicos no sería ningún idiota lugar común sobre Curro y el Caribe sino la calva llorona de sudores del teniente Kurtz en pleno corazón de Angkor-) pero CGR logra implicarme, con una visión alucinante y alucinada (tórrida y hórridamente magmática en su descripción minuciosa hasta la neurastenia de la lucha constante entre el autocontrol y el vértigo ante lo que nos tienta –Mario, el joven alemán protagonista, nos hace evocar en algún momento al Jünger aún bisoño de JUEGOS AFRICANOS-) anticipadora del Burroughs de Interzona, tributaria tangencialmente de T.E. Lawrence pero también oteadora de un Scorsese con guión de Schrader (qué espléndida versión de esta CIRCE podrían haber hecho). Mi eterna devoción por la prostitución como misterio sacro, asistencial y esclarecedor (esto es, antimateria de lo que hoy en Occidente se entiende por prostitución –excepciones salvas que puedan recordar a la santa sin derecho a canonización que Elizabeth Shue encarnaba en LEAVING LAS VEGAS-) es satisfecha plenamente en esta novela con la semblanza doblemente conmovedora (porque conmueve y conmociona) de las Hijas de la Dulzura (especialmente, de la protagonista, Ifrikya, criatura sin tiempo en su edad auroral –con algo de la vampirita Eli glosada hace poco en este mismo blog- a quien imagino como a la ciberdiosa Dayanna cuyos reojos prionizados ilustran esta entrada y cuyo retrato en exclusiva no creo haga nunca porque ya lo ha hecho Ruano hablando de otra y, sin embargo, la misma-). También ese peso fatal y nunca lo bastante agotador que supone Lo Femenino y que llevo en estos meses elucidando en ese libro que preparo con las fotógrafas Inma Varandela y Carmen Hierro, ese peso ya lo cargó antes con gozo de dislocado via crucis el monstruoso CGR. De monstruo a monstruo (lo único decente que se puede ser en épocas donde la castración de horizontes es la norma), gracias, César. Y gracias, Juanjo, por ser el puente que me ha hecho amar a... Africa.]



«Una noche soñó que ella no era sino una herida enorme, y que desaparecía por aquella herida, sintiendo que su sangre le entraba a oleadas en la boca, hasta producirle la más dulce y enamorada de las asfixias.
Otra noche, el sueño le llevaba por el mar, y él la veía distante y desnuda bajo una enorme luna voraz, batida por las olas. Luchaba Mario con las barbas del mar encrespado, atraído por su voz lejana y dulcísima, hasta que al llegar a ella no encontraba en su horror sino una roca negra, a la que irremisiblemente iba a estrellarse.»





ilustraciones: THE LEFT HAND

lunes, 17 de mayo de 2010

PAISAJES ESCRITOS POR PLA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


Acabo de quedar seducido por Pla a través de una recopilación que me pasó Charlie, SENTENCIAS E IMPRESIONES. En algunos momentos, cuando toca temas de paisaje, me produce una sensación muy grata, similar a la que me regaló la lectura de ALFANHUI. Por otra parte, hay sentencias que hago mías y que me parecen de tanto fuste como las acuñadas por un Jünger.

Espigando, he elegido ésta, en donde el amor por la naturaleza y ese aire (impremeditado, supongo, aunque desconozco sus filias) con EJ, aire cargado de enigmática lucidez, se muestran poderosamente:

«El sentimiento de que entre Dios y la naturaleza existe un problema de proporciones siempre a punto de romperse, pero que nunca llega a romperse totalmente, explica por una parte su humildad y por otra su soberbia»

Husmeando por la red, me he topado, como era de esperar, con dos deliciosas entradas de Magdalena (CAFE PARA CUATRO y BELLE DE JOUR), cuyas imágenes se adecúan como mullidas babuchas a la prosa del dandy camuflado de gañán (o sea, el colmo del dandismo, para quien guste ir al fondo de las cosas, más declassé que parvenu -volviendo a EJ, refugiado en su casita del bosque, lejos de falaces bullicios, cada vez más abocado a parir a Martin Venator ¿cómo no asociarlo con el gerundense?-).

Y, de guinda, para persistir en mi querencia por el catalán (querencia que ningún despropósito de los últimos lustros proveniente de la ralea política hará mermar) mamada de la luminosa teta de la diosa Mª del Mar Bonet, de las alucinaciones de Ia y Batiste y de Jaume Sisa o de la hirsuta socarronería de Ovidi Montllor, acabo de descubrir este no menos delicioso blog dedicado a recuperar fragmentos del QUADERN GRIS, que apresuro a recomendar y del cual me declaro desde ya seguidor. Entre las categorías que más he disfrutado, clima y meteorología, paisajes y (¡cómo no!) las cosas del comer.


sábado, 1 de mayo de 2010

ELI


Eli está enferma. Su enfermedad convirtió la muerte en aporía, rescatándola de la consunción irreversible y haciendo del Tiempo algo tan ajeno a la anécdota como pueden serlo los colores para un ciego de nacimiento (quien, por supuesto, ve colores pero desde la inmanencia, imposibles de ser compartidos con los presuntos videntes –ciegos para todo aquello que los árboles ocultan-).

La baticámara de Inma, zahorí de visiones prodigiosas que ella misma no acaba en ocasiones de controlar con su vara de avellano reencarnada en añeja Minolta, detectó a Eli en la casa abandonada y su aura anómala envolvió la placita en otro tiempo rutilante y primaveral, ahora yerma y gris.

Eli gusta de emborracharse con algo espeso y oscuro que parece vino y que tal vez no lo sea. Cuando se embriaga, rosetas de rubor cubren sus mejillas y su palidez (siempre ensuciada por el contacto con la realidad –esa realidad tan lerda a la hora de encararse con alguien como Eli-) adquiere promesas de nácar.

Eli no tiene partes pudendas (o, por mejor decir, toda ella es una parte pudenda –parafraseando aquel slogan publicitario-). Entre las piernas guarda un bouquet de lilas secas a la espera (como las ñoras, los tomates italianos o esas setas que venden los chinos) del sustancioso caldo de empatía que las rehidrate.

Eli me obsesiona desde que me saltó al cuello desde la pantalla una tarde tonta, hará cosa de un año. En su irreal persona hay mucho de luna hiena, de animal nictálope, de futuro salvaje enterrador de lo humano, de deja vu de tantas otras obsesiones mías, como un híbrido moebiano de Ligeia y la Nastassia Kinsky de EL BESO DE LA PANTERA.




lunes, 19 de abril de 2010

WENONA Y SUS TRIBULACIONES


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

[supongo que el llevar elaborando desde otoño un libro de asunto bastante tórrido más el gozoso inri de haberse sumado al proyecto una fotógrafa habituada a trabajar con modelos (y, en el caso concreto de la entrada que vais a leer, puede que también mi subconsciente haya almacenado las evocaciones que me hizo Inma de su etapa adepta a los piercings) me ha hecho retomar una saga iniciada en el antiguo blog y nunca continuada hasta la fecha en éste, la de las ciberdiosas, esas mujeres a las que encuentro un especial carisma y que se muestran por la red en trances (nunca mejor dicho) intensamente atizadores del deseo]





Hará unas semanas descubrí a través de una página de culturismo femenino una chica que me llamó la atención aunque sin sospechar de su extrema y sugerente multiplicidad de facetas. Parecía tocar muchos palos (machaques de gimnasio, contorsionadísimas y calatísimas -por usar el peruanismo- sesiones de yoga, escenitas sáficas -mayormente con un punto sadomaso, bien en el estudio de ballet bien en el ring de lucha-, singulares experiencias de desarrollo branquial -que me aterraron y fascinaron a la vez al recordar las prolongadas ahogadillas que me practicaba mi madre en la bañera y en el mar y que me marcaron para siempre como inepto para la natación- y -esto lo considero muy de agradecer- nada de coyunda con varones -no puedo evitar el bostezo al contemplar a uno de esos titanes taladradores en plena tarea más bricomaníaca que orgásmica, a juzgar por las expresiones por lo general indiferentes o pésimamente fingidas de la pareja-) hasta llegar a la que parecía ser su (nunca mejor dicho) piece de resistance, el bondage, cuanto más enrevesado y pródigo en aparataje, mejor.



Ya he dicho en varias ocasiones cómo todo lo que implique maquinaria en la cosa erótica me deja frío y me hace pensar más en el profesor Franz de Copenhague, con sus complejos mecanismos rebosantes de poleas y polipastos, que en lúbrica alegría de pajarillas. Sin embargo, por otra parte, dejando las maquinarias a un lado, he de reconocer que mis mitos calientes más señeros tienen que ver de modo recurrente con la tensión, el dominio, la violencia, el peligro y la devoción: ahí todo lo ya explicado en la saga Honeybunny (repleta de replicantes, diosas guerreras, agentes secretas, tarantinescas hembras de presa, vampiras –con la sublime Ligeia a la cabeza-...), lo fantaseado en buena parte de mi narrativa (MARY ANN y LA CANCION DEL AMOR son dos buenos ejemplos), el hecho de que la primera ciberdiosa con la que me topé se moviese en paisajes muy cercanos a la estricta disciplina (guiños al CRASH de Ballard incluidos -nunca olvidaré el impacto que me produjo la figura de Vaughan, ese dios oscuro, y sus moiras Holly Hunter y Rosanna Arquette en la adaptación chorreante de morbo y diesel que nos regaló Cronenberg, quien ya había masajeado los rincones más ocultos de mi libido con la no menos tomatosa INSEPARABLES-) o lo turbadora que me resulta la presencia de la dominatrix Lady Heather en CSI: LAS VEGAS con ese rol (tan lleno de tensión sexual) de amiga confidente, con vocación de algo más íntimo, del retraído devorador de insectos Gil Grissom.




Pero nunca antes había hallado tal dedicación a estos menesteres, en los que la atlética y pluscuamflexible Wenona se somete a toda clase de pruebas físicas, pero sin la resignación o el victimismo de las tediosas y lloriqueantes heroínas de Sade, sino más bien (y ahí Lady Heather me daría la razón) con el temple del legionario o de una Uma Thurman en KILL BILL adquiriendo experiencia y sabiduría predadora al lado del maestro samurai de turno. Siempre me ha desagradado el regodeo en la humillación gratuita, tanto física como psicológica, y tal vez por ello no encuentro placer en recreaciones de snuffs, violaciones o sadomaso con claras connotaciones de verdugo y víctima (de hecho, una de mis experiencias más desagradables en sala de cine fue el visionado de la primera entrega de la saga HOSTEL) pero esa especialización de Wenona, con un punto esotérico, casi de ordensburg, como invitando a sumergirse en una realidad no apta para todos, me resulta muy hipnótica como puerta entornada hacia otras dimensiones, las del bondage como experiencia a disfrutar por todas las partes (algo que, en el instante en que escribo estas líneas, aún bisoño en el visionado de sus alucinantes tribulaciones, sigo contemplando como un misterium tremendum).



lunes, 12 de abril de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (31)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


TUMBLING DOWN

intérprete original: COCKNEY REBEL
letra y música: Steve Harley

Gee, but it's hard when one lowers one's guard to the vultures
Me, I regard it a tortuous hardship that smoulders
like a peppermint eaten away
(will fight, will i swagger or sway?)
Hee, hee, M'Lady, she cries like a baby to scold us
see her tumbling down, tumbling down

Hail! to the monkey; we're having a funky reunion
Wasted and sunk, he can only have Sunday communion
he got nicotine stains in his eyes
he got nothing to protect but his pride
Oh! smother the kiss or be drownded in blissful contusion
(replace with)
Oh! smother the kiss or be drownded in blissful confusion

see it tumbling down, tumbling down

Juvenile tale, (see the Titanic sail into Brighton)
The Hemingway stacatto, the tragic bravado can frighten!
to be here, there and everywhere's fine
but do you have to be so swift all the time?
Deliver the Dawn to the Moulin-Rouge on the Horizon
watch it tumbling down, tumbling down

(Refrain) Oh! dear, look what they've done to the blues, blues, blues



«Amo a Steve Harley como se ama a un gemelo o a esa figura que se agita al otro lado del espejo (fragmento del texto que publiqué en el nº 18/19 de EL CORAZON DEL BOSQUE)

jueves, 1 de abril de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (30)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


MAD WORLD

intérprete original: TEARS FOR FEARS
letra y música: Roland Orzabal

[por lo general, las canciones de mi vida son parte de mundos creativos en los que me siento a gusto pero en el caso de TEARS FOR FEARS sólo conozco este título (me da un cierto miedo profundizar en este grupo porque, a veces, una canción que me gusta –descubierta, por lo general, a través de un videoclip muy resultón- no me lleva a otras del mismo origen que también me hagan tilín sino a profundas decepciones al acercarme a la obra genérica que o bien me aburre o me resulta profundamente grimosa: ya me pasó con Radio Gaga y QUEEN, Every Breath You Take y POLICE, Luka y Suzanne Vega o Once In A Lifetime y TALKING HEADS); incidiendo en lo dicho en el paréntesis, Mad World la descubrí a través de series de tv (por ejemplo, HOUSE) y de una extraña película, DONNIE DARKO, no en la versión original sino en una que me gusta más, de un tal Gary Jules]

All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere
Their tears are filling up their glasses
No expression, no expression
Hide my head I want to drown my sorrow
No tomorrow, no tomorrow
And I find it kinda funny
I find it kinda sad
The dreams in which I’m dying
Are the best I’ve ever had
I find it hard to tell you
I find it hard to take
When people run in circles
It’s a very, very mad world mad world
Children waiting for the day they feel good
Happy Birthday, Happy Birthday
And I feel the way that every child should
Sit and listen, sit and listen
Went to school and I was very nervous
No one knew me, no one knew me
Hello teacher tell me what’s my lesson
Look right through me, look right through me
And I find it kinda funny
I find it kinda sad
The dreams in which I’m dying
Are the best I’ve ever had
I find it hard to tell you
I find it hard to take
When people run in circles
It’s a very, very mad world … mad world
Enlarging your world
Mad world

lunes, 1 de marzo de 2010

MIS QUERIDAS FOTOGRAFAS


Todo empezó con Casilda, a poco de conocernos, cuando, en nuestras primeras excursiones por sierras y litorales, me fijé en la afición que le echaba a la captura de paisajes y rincones con su cámara, analógica en un principio y al poco digital. Su ojo, curtido en los 80 como diseñadora de moda en apreciar colores, volúmenes y formas, ahora se fijaba con una gracia especial en lo que nos deparaba la naturaleza o en esos detalles mágicos que la mano humana alguna vez construyó. Ese material se recoge, vario y pintón, en la entrada dedicada al incendio del Windsor, así como en la sección de VIAJES del portal shadowliner. Y Casilda es también la primera persona, desde mi difunto abuelo Joaquín, que me ha hecho objeto persistente de su querencia fotográfica (algo que, con la excepción ocasional de Mario Pacheco, nadie -ni siquiera en mi cuarto de hora como estrellita de la Movida- tuvo a bien hacer).



Poco después, Magdalena, forera y luminarca de primera hora, me descubrió con su blog LOS PAISAJES ESCRITOS unas aptitudes similares a las de Casilda en cuanto a su atención por el paisaje y el rincón, la panorámica y el detalle. Ahora que me ha prometido reincorporarse como entradista al LUMINAR (que tenía un poco abandonado), yo le sugeriría que vuelva a colgar alguna que otra foto iluminando esas impresiones, propias o ajenas, que configuran su perfil bloggero.

Declinaba el último verano cuando quedé transido de pasmo ante una foto de Guillermina, la Reina Doda, a tal punto que no pude por menos que dedicarle una entrada empapada de priones y de nacaradas impresiones. Ahora, esta sibila de lo gráfico (fotógrafa de diseño, chistógrafa y vindicadora de un humor que eleve y no envilezca, resucitadora de dodos, cartelista y berlanguiana ninotaire e imaginativa performatriz) se une al LUMINAR y espero que éste sea todavía más luminoso con su explosiva personalidad, sólo concebible en una fantasía de Lewis Carroll.

No mucho más tarde, cierta noche de otoño la palindrómana Bárbara colgó en su blog una mágica instantánea de una luna llena tomada desde su balcón que me impresionó tanto que no pude por menos de comentárselo a Magdalena, por recordarme a imágenes suyas, y desde entonces se inició una enriquecedora sinergia entre ambas que ahora culmina con su común presencia en la cofradía luminarca. Lástima que Bárbara descolgó enseguida dicha foto (la única que he visto de su factura, salvo que en su blog haya otras suyas cuya autoría desconozco) dejándonos huérfanos de bañarnos cada x tiempo en ese lunón. Le diría lo mismo que a Magdalena: ¿por qué no recuperas esa foto para el LUMINAR y también algunas otras más? (está claro que quien supo retratar así a la blanca Selene tiene más bazas en su cámara que compartir).

Y este nuevo año empieza con un nuevo nombre, Inma. Fotógrafa de profesión pero más, mucho más, de vocación. Mirada bulímica de líneas y de manchas y no sólo amiga de paisajes y rincones, sino experta en capturar modelos en estudio, en concierto o al aire libre con tal profundidad en su visión que da a estas figuras un algo obsesionante. Se vino un fin de semana desde Barcelona para hacernos fotos a Charlie y a mí por puro gusto y, visto lo acertado de su quehacer y su inasequibilidad al hartazgo (nunca había suscitado en nadie tal frenesí fotografiador, lo que siempre resulta estimulante aunque también produzca algo de vértigo, habituado durante décadas al rol de patito feo/patata caliente), la he nombrado mi fotógrafa de cabecera. Armada con esa Minolta añeja como sacada de una historía de Tim Burton, ahora estamos trabajando en un libro donde mis impresiones más definitivas hasta la fecha (valga la paridoja) sobre La Mujer se enriquecen con su mirada certera, obsesiva, de trapecista sin red.

lunes, 15 de febrero de 2010

MIA ROMANZA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)









http://www.youtube.com/watch?v=6tkuVsPylT8


ilustraciones: THE LEFT HAND

lunes, 8 de febrero de 2010

LA HORUGA

[haikumenaje a Agustí Villaronga, tras leer la subyugante biografía de Pilar Pedraza que me pasó Dildo]

El Tiempo, esa bufanda urticante, nos amadeja en su abrazo: vida y deseos, muertes y culpa, nostálgicas esperanzas de redención por la Falta anterior a toda memoria que los días se empeñan en pasarnos por las narices. El Tiempo, apretada lid, nos ciñe y prepara, bien ajustados, guarnecidos y chorreantes de jugos, para el Ultimo de los Días como pavos de Acción de Gracias al filo del horneado final.

lunes, 1 de febrero de 2010

LOLA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

«-Usted entiende de magia.
-Lo más elemental. Lo difícil debo resolverlo por mí misma.»

Deshojando la flor: ¿Dulcinea? ¿Aldonza? ¿Dulcinea? ¿Aldonza? ¿o tal vez las dos a la vez? La actriz protagonista me recordaba a Miranda Richardson, tan hecha a sordideces mal entendidas (BAILAR CON UN EXTRAÑO, SPIDER) que evolucionan en giros espirales en los que la razón y la decencia van esfumándose como el líquido en una centrifugadora..

Y cantó el gallo Jannings (aquí Armin Mueller Stahl, roto tras su pragmatismo que luego recuperará, pero para entonces ya herido de ala, como títere cornudo) y su canto fue venganza disfrazada de rebelión (semen retentum) que al poco fue apagada sin tragedia (en clave de farsa, más bien, como señalaba Marx sobre los remakes –ahí la volte face de su conciencia encarnada en el voluble Pepito Grillo de su ayudante, diletante bakunista más movido por envidias que por ideales, tan brutto en su esencia y por tanto tan venal-). El punto de melodrama épico, con un algo randiano en su inicial clima maniqueo, acaba estallando en cínico final a lo Brecht, como esos cuadros setenteros alemanes del llamado realismo capitalista.

«Creo que nos complementamos perfectamente. Usted se ocupa de la realidad en un sentido elevado y yo de la realidad en un sentido superior.
-Yo sueño y usted actúa.
-Usted piensa y yo funciono.»


Resulta tan oportuno descubrir esta película (una vez más, gracias a Charlie) en tiempos de corrupción absoluta donde los principios sólo existen como innobles herramientas (chantaje, coartada, sofisma, ornato, baratijas) de ocasión, sin la menor brizna de sustantividad, sin la menor voluntad de trascendencia. Sólo al socaire de las hormonas los últimos hombres se ponen estupendos para luego desinflarse también por imperativo cojonil. Las tetas y las carretas, ya se sabe.

Lola es Alemania y Alemania en los 50 (ahí Marlene –la Lola primigenia cuyo rostro de vieja prematura ya nos guiña en los rasgos de esta otra Lola- en sus papeles de la época) es esa putesca Hamburgo que vio nacer a los Beatles, esa putesca realidad ocupada que se vence y se vende cada noche para mantener la voluntad fabril y febril de reconstrucción material (el espíritu, sin embargo, sólo se levantará a trompicones freakies, visionarios, feroces, mayormente cinematográficos pero mucho después –Fassbinder, Herzog, Wenders...-).

Japón, una historia gemela, al extremo de que esta historia de la nueva Lola habría podido perfectamente ser una novela de Mishima. Hasta la última palabra, la última imagen, la última traición. Y llevada al cine por Kitano (siempre que me reencuentro con RW y su teatro filmado de la crueldad me acabo acordando de Takeshi el golpeador y sus artes marciales a golpe de cámara).

«Fue hermoso cantar para usted pero toda canción tiene su final.»

lunes, 25 de enero de 2010

LA ANSIEDAD DE VERONICA VOSS


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


«A mí me gusta seducir hombres indefensos.»


El ángel azul (Norma, Fedora -que antes fue Lola-) orina sobre la ciudad y un tranvía (¿llamado refugio esta vez?) grita desde su interior, trémolo de frío, siempre a expensas de la amabilidad de un extraño.


«Me duele. Eso es todo.»


La mantis despojada en cuya alma anida la prole venenosa de la avispa que maneja a la mantis.


«Siempre hay que terminar lo que se ha empezado.»


Escorzos, pesquisas, tan wellesianos, por la ciudad acharolada en la que el tercer hombre (¿Mabuse? ¿Lime? ¿una doctora? –este film me reafirma en mi innata desconfianza a los divanes, sólo asumibles por la fuerza, como corredores sin retorno, nunca voluntariamente, signo de debilidad: si ha de hablarse con un doctor, nunca bajando la guardia sino de igual a igual, alimentando con sus ocurrencias nuestro análisis final paranoico/crítico-) acecha siempre. Siempre.


«No hay suficientes lágrimas ¿eh?»


Por supuesto que no. De ahí la ciudad siempre brillante de tristeza en su noche eterna. Y todo se acaba en cualquier fiesta.


«Ahora vas a quedarte sola.»


Expresión (¡tan UFA!) de resignada víctima de chupasangres. Campanadas anunciando la redención de Alemania que entra en el euroredil: los crímenes presentes se apagan consensuadamente ante el recuerdo congelado del horror hecho litúrgico paraguas. El ángel negro (de un negro blanco como la muerte) orina sobre todo un país hecho ciudad. Como le decía a Charlie no hace mucho, no me gusta el cine alemán de postguerra salvo cuando lo rehace Fassbinder en esos últimos 70, primeros 80, profeta/testigo (en su bendita crueldad) de la pesadilla postmoderna, con trabajos tan justificadamente ampulosos como éste.


lunes, 18 de enero de 2010

MOMENTOS QUE VUELVEN COMO FLORES SECAS

[escrito en plena digestión del libro de Rafael Sánchez Ferlosio INDUSTRIAS Y ANDANZAS DE ALFANHUI]


Atípica ¿narración? Me la pasó Charlie justo cuando acababa mi relectura celiniana (de hecho, esa tarde él se llevó el VOYAGE... para empezar a sumergirse en el via crucis en que yo he vivido durante dos meses, un pie en una realidad ya bastante kippelizada y otro en el no menos acre negro sobre blanco –Charlie, con un entorno mucho más grato en derredor, podrá sumergirse en Destouches de manera más inocua, sin tanta crudeza, desde la distancia que siempre supone el batiscafo frente al frío glacial que cala los sufridos huesos de la pescadora de perlas-) y me trae a primer plano tantos momentos ligados (más o menos directamente) con mi muy primera infancia y sus deslindes entre campo y ciudad: como la vaquería de García de Paredes (mentada por Fernando Fernán-Gómez en sus memorias y que me lleva a ser consciente de mi larga cronología, con flecos de postguerra en el pompis) de la mano de la chacha Carmen (cuando anochecía, para recoger en jarra de hojalata la leche del desayuno); como el mercado de Olavide, también de la mano de Carmen, en busca de tebeos Bruguera a perra gorda el ejemplar (en compañía de esta misma fámula me vuelve también un domingo en Esquivias comiendo pajaritos fritos en sartén –crish, crish: determinadas canciones de las Vainicas me hacen revivir muchas de esas secuencias llenas de incipiente pasmo ante un mundo por descubrir-); como los ratos acompañando a la bisabuela Manuela y a la tía Pepa (las ancianas que se ocuparon de mis tres primeros años) mientras trasteaban en la cocina de carbón o, a la noche, cenando cardo guisado y pescadilla rabiosa en la mesa camilla bajo cuyas faldas latía el brasero; como mis andanzas con mi tío Antonio por el Parque del Oeste, la Casa de Fieras (la última visita por sus contornos fue finalizando la pasada primavera, cuando firmé ejemplares de EL ETERNO FEMENINO y la Feria del Libro todavía olía, tras décadas sin zoológico, a elefante, a león y a hiena), el Museo de Ciencias Naturales (aquí la nostalgia fue lacerante, por las referencias que hace el autor a la taxidermia) o la Dehesa de la Villa (lugar éste al que volvería milenios después con Casilda para solaz de Troy), sin olvidar esos descensos a sordideces del extrarradio (entonces, mucho más próximo y agreste, sin cinturones de autopistas ni adosados, que años más tarde recobraría en escenas de Baroja, Ramón, Solana, Azcona o Neville); como La Rociá, el chalet marbellí de mi tía Carmela (dando de comer a los gatos, explorando el bosque de eucaliptos, asombrándome ante el tamaño de los calabacines del huerto, examinando los helechos y buganvillas del porche, jugando con la excavadora Clim junto a la puerta de la cocina al acabar la merienda...); como esas tardes mustias de primera juventud viendo OFICIOS PARA EL RECUERDO y/o releyendo a Azorín (actividades prácticamente sinónimas); como la punzada de emoción que aún siento de pronto ante tal o cual secuencia de ciertas películas (EL ESPIRITU DE LA COLMENA, LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS...); como el embobamiento frente a determinados cuadros de realistas españoles (sobre todo, de Isabel Quintanilla); como el recuerdo doloroso de Aida Pandiello, mi groupie con alma bröntiana del 83, a quien suicidaron las mil voces de sus pasiones, que no le cabían en el cuerpo (y eso que era un cuerpo grande, de pantera rojiza y moteada, con trasunto de prao húmedo a la amanecida); como trances vividos mano sobre mano con Casilda en mis reencuentros tardíos con lo rural y aldeano (en Altea escalando el pueblo viejo tras un rato en la tienda de aromaterapia y objetos balineses, o por el caminito escarpado que une Les Basetes con Calpe, o sorteando zurullones de vaca por tal o cual bosquecito de la sierra del Lozoya, o triscando por montañas nevadas de Huesca y Lérida -reviviendo el asombro de aquellas primeras nieves que contemplé con mi tío a los tres años por plaza de España, casi desembocando en lo que más tarde sería el asentadero del templo de Debod-, o deambulando por Lisboa o por Oporto...); como la lectura de cierto libro en el porche de los Hutchinsons (cuarenta años antes había leído otro libro en otro porche, también en plena canícula); o como el fin de semana del pasado agosto que pasé con Jaime y Mariluz en su entrañablemente desquiciado rancho abulense (ideal para un remake del Saura más morboso –PIPPERMINT FRAPPE, ANA Y LOS LOBOS, MAMA CUMPLE 100 AÑOS o ¡cómo no! LA CAZA- pero también con un punto de la finca de ARREBATO donde Eusebio Poncela conoce a Will More –Jaime, con su frenesí videografiador, no pudo por menos que traérmelo a las mientes-)...

Momentos, en su mayoría, que vuelven como flores secas, como viejas fotos de álbum hallado en un desván. Momentos que no se pueden rehidratar como ñoras o setas chinas o tomates italianos porque la vida no es un guiso y, todo lo más, adquirirían la mendaz tersura espectral de los hologramas (porque lo que fue, fue, pero ya no es). Para el chaval protagonista que pierde su nombre al final de la peripecia y para el mismo Sánchez Ferlosio (según da a entender la muy prolija introducción) el libro es también, a estas alturas, flor seca que evoca lo que no ha de volver (aunque reposa en nosotros más allá del Alzheimer, en la memoria más profunda, primaria, quasi fetal, y que tal vez vuelva a desplegarse cuando, ya bien entrados los años postreros, cerremos el círculo de la vida). ALFANHUI, como las canciones de Carmen y Gloria, es patrimonio sustantivo de quienes hemos pasado de la infancia a la vejez sin dar un solo paso por esa senda pútrida y corrupia que se considera obligada y que se ha convenido en llamar madurez. La gente madura es ciega para un libro como éste, como lo es para sentirse conmovida por ¿una flor aplastada entre unas páginas? ¿una foto patinosa? ¿un porche de bungalow abandonado a medio cubrir por la hiedra? ¿la sonrisa triste de un hada/bruja sin edad entrevista un instante tras aquel ventanuco a la última caída de la tarde? Completamente ciegos.


Pues eso que se pierden.




ilustración: ISABEL QUINTANILLA

lunes, 11 de enero de 2010

PREMIOS

(escrito en plena digestión de las celinianas "CONVERSACIONES CON EL PROFESOR Y" –tercera relectura-)


Siempre me he preguntado la razón de que gente con alguna obra notable, fresca, plena de indiosincrasia, cuando se presentan a ciertos premios y los ganan o quedan finalistas, nos ¿regalan? con un material adocenado, previsible, absolutamente falto de personalidad, intercambiable con otros ladrillos ganadores no menos carentes de magia, como si, bajo la firma del autor, fuese un comité de monos cableados por ordenador (cuya terminal desembocase en el departamento de mercadotecnia de la editorial que promueve los premios) quienes realmente escribiesen aquello que unas veces firma Mengano y otras Zutana.


Yo sería incapaz de vincularme a la expectativa de ganar un premio siguiendo tal dinámica simiesca. De hecho, cuando me he presentado a algún certamen, lo he hecho siempre con material profunda, casi intransferiblemente mío, rayando en el autismo.


La primera vez ocurrió en el 75, poco antes de abandonar los estudios y de zambullirme en la vorágine de la contracultura. Era una edición del HUCHA DE ORO, concurso de cuentos promovido por las Cajas de Ahorro. Presenté, bajo el título "LAS FACETAS DEL DIAMANTE/LOS ANILLOS DE LA LOMBRIZ", una serie de lo que hoy llamo HAIKUentos. Como ni siquiera quedé finalista aquel material acabaría goteando desde entonces a hoy en revistas más o menos underground, desde aquella "MMM...!!!" del 76/77 o los "CUADERNOS PROMETEO" de comienzos de los 80 hasta el último nº de "EL DODO", pasando por alguna entrega del suplemento de humor del "ABC" allá por el 84/85.


En el 76 me presenté a un concurso de chistes políticos de "GUIA DEL OCIO" y (única vez y sin servir de precedente) ¡¡¡lo gané!!! El premio consistía en publicar una tira fija, pagada, por tiempo indefinido. Muy influido en el grafismo por Juan Carlos Eguillor y en la historia por la ebullición política del momento y por mis incipientes obsesiones de sagas familiares aristocráticas regidas por hembras entre mutantes y anómalas (obsesiones que años más tarde serían mimbres para novelas como "FE JONES" o "LA CANCION DEL AMOR" y que esta primera vez generaron la saga de las Balboa –dos hermanas, Wanda y Almudena, inspiradas en mi doble pasión por la Victoria Abril de la época y por una compañera de Artes y Oficios tirando a megapija con un aire a la esposa del cardiólogo Barnard-), todo ello dio pie a "TALAMI", extraño híbrido entre lo que no mucho después desarrollaría en mi folletín marginal "EL NACIMIENTO DE LA ESCUELA DRAGO" (delirio de política/ficción con veleidades filosófico/eróticas, légamo primordial de las ya mentadas "FE JONES" y "LA CANCION DEL AMOR") y morcillas políticas del momento (que, desde la distancia que dan el tiempo y la mejora de estilo, hoy compararía con esas películas de Mariano Ozores y/o José Ramón Larraz en las que se encajaban sin venir mucho a cuento puyas astracanescas sobre hitos biodegradables de la Transición). A la quinta entrega alguna de tales morcillas debió de molestar al muy progre comité de redacción, porque me dieron la boleta sin explicación alguna. De cualquier modo, me fui contento con mis tres mil pesetas semanales por tira (lo primero que ganaba con mis energías creativas y delirantes).


En el 78 Carlos Berlanga me animó a presentarme a la 1ª edición de LA SONRISA VERTICAL que organizaba su padre y, en un pispás, terminé "EL FALLO A LA GINETA", trío de cuentos (la fantasía épica "LAS EFEBAS POTOTEAS SE ENFRENTAN A LAS FEROCES INSTITUTRICES LESBIANAS DE MELBOURNE" –explosiva mezcla de "PINK FLAMINGOS", "LA MATANZA DE TEXAS" y "TRES MUJERES", más ecos australianos en el paisaje de "RAZORBACK", serie b sobre un jabalí asesino, y con un título basado en los cómix de moteros de Spain Rodríguez que a la sazón publicaba la revista "STAR": acabaría en manos de Fernando P. Fuenteamor para su fanzine "ZIKKURATH"-, el relato pedé "YO CANGURO" –inédito sin remisión, pues lo debí de extraviar en alguna mudanza, y en el que evocaba al efebo que no mucho después me inspiraría el "PARA TI"- y "TALAMI" –que aparecería en mi primer libro publicado, "TODOS LOS CHICOS Y CHICAS: HISTORIAS DE LA NUEVA OLA", y donde hacía mis primeros pinitos como caníbal amoroso ya desde el título, juego palabrero entre tálamo y salami: aquí se puede disfrutar de la versión revisada que apareció en el 97-) que (según me dijo Carlos) gustaron mucho a don Luis (por considerarlas de lo poco original presentado al concurso –esto es, sin madera de plagio sadiano o de "LAS AMISTADES PELIGROSAS"-) pero irritaron profundamente a Juan Marsé, quien desde entonces sería mi Némesis en ese certamen, al cual me presentaría en dos ocasiones más (en la 3ª edición, con "LOS ESCRUPULOS DE MR HYDE", un tórrido delirio erótico/onírico/caníbal -¿mi propio y peculiar laberinto de pasiones?- a mayor gloria de Carlos, de Eduardo Benavente y de una Alaska entreverada con Eva Ionesco –y con algo también de la Bilbao de Bigas Luna por sus aplicaciones como mueble colgante-: aquí tal vez la torridez se anteponía a la calidad, porque en el 84, cuando lo leyó Eduardo Haro Ibars cara a una posible edición en Libertarias, me desaconsejó enseñárselo a Antonio Huerga con estas palabras: «como novela, deficiente, y como carta de amor, encantadora aunque un poco larga»-; finalmente, en el 90 me presenté con una primera versión de LA CANCION DEL AMOR, obra de la que me sigo sintiendo bastante orgulloso tanto en el fondo como en la forma –de hecho, la considero lo mejor de mi narrativa-, aunque, por supuesto, no se comiese un rosco a ojos del jurado).


En el 84 un capítulo de mi por entonces inédita MARY ANN (aparecida en el 85 en Libertarias y hoy reeditada íntegra en la antología EL ETERNO FEMENINO) quedó segundo en un concurso de cuentos de LA LUNA DE MADRID. Es curioso: no recuerdo haberme presentado al concurso como tampoco recuerdo en qué consistió el premio, si es que lo hubo.


A fines de los 80 presenté un poemario a un oscurísimo concurso que, al parecer, gané. El premio: la edición de la obra. La letra pequeña, que te decían tras ganar: la edición costeada por el autor. Obviamente, decliné la generosa oferta (acababa de perder por entonces un millón de pesetas con las tribulaciones de mi grupo PROYECTO BRONWYN).

Después, lo dicho, el tercer cateo en la edición de LA SONRISA VERTICAL fallada en el 91.

Finalmente, en el 99, la selección de un trabajo hecho a Photoshop y Pagemaker (su título "¡MENUDA GILIPOLLEZ!" –primeros intentos de prionización lefthanded-) en el III concurso de Cómics No Sexistas de Donostia. Lo recogieron (junto con el ganador, el áccesit y otros ocho más) en un cuadernillo primorosamente editado. Algún día, si me da la ventolera, lo escaneo y lo cuelgo por la web shadowliner.


Fue la última vez que me presenté a algo con expectativas de premio.


No sé, leyendo las diatribas del antiGoncourt Destouches frente al coronel de muelle flojo, me ha apetecido este viajecito (de pompas explotadas y vanidades frustradas) por mi castillo de la memoria.



viernes, 1 de enero de 2010

CELINE O LA OTRA TOURNEE DE DIOS




[escrito tras la relectura de la trilogía DE UN CASTILLO A OTRO-NORTE-RIGODON y bajo el impacto de ciertas noticias de actualidad como la concesión del Nobel a Obama (¿por incrementar la guerra en Afganistan?) o la desaparición de Iván Zulueta (tan esperada por los carroñeros del homenaje póstumo que en vida no te dan ni un vaso de agua -esa paradoja tan celiniana: oh, Achille, Achille...-)]
La mirada celiniana cala hasta el fondo de ese pozo de mierda que es la condición humana. Dios Padre baja a la tierra para comprender mejor a aquellos que, tras entusiasmarse, crucificaron a Su hijo. Esa secuencia tan pluscuamceliniana que él vivió a propósito del VOYAGE...: primero el entusiasmo, el ditirambo, la adoración, la pesadez incluso en los alardes de empatía... Cristo in, superestelar; después, al microsegundo siguiente, la concentración se pierde, la atención se dedica a otra cosa, se exige a Cristo más y más y más trucos pero Cristo no es un mago de feria, es un Misterio, y la chusma no está para misterios, y comienza a variar el gesto... primero tedio, abulia, desafección (la sonrisa seductora, coquetona, deshinibida, mermaidladiesca, incluso un poquitín mamada, de los comienzos, esa sonrisa hambrienta de Nazarines, pasan los días y se va congelando en crispación cortés, en jeta quitinosa de saltamontes, en esfinge alienígena examinando al abducido de turno con expresión impenetrable), y luego, finalmente, irritación porque Cristo sigue ahí, poniendo en evidencia el capricho, la frivolidad, la superficialidad de esas empatías de ocasión, pura bisutería, empatías inasequibles al compromiso con el Misterio, con la patata caliente a Quien se ha de seguir precisamente porque su viaje, el más difícil, nos lleva hasta el final de Lo Negro, sin happy end, y Cristo entonces molesta, satura como un espejo de cuento en el que nadie se quiere ver (porque nunca son agradables los retratos de Dorian Gray)... Cristo entonces out, Cristo superestrellado. Embuchándole los pecados de todos, con embudo, a la fuerza, carne ya no de cañón, de paté. Sí, puro canard, porque, una vez finiquitado, recupera la exquisitez, su condición de delikatessen. Pero antes, que reviente. Que no disfrute de la vida (todo lo más, sucedáneos, incompleteces). Que no llegue a habitar en los castillos de cartón que él solito se construyó (otros, otras, entrarán a saco y los abordarán, con furia corsaria, sin siquiera un pretexto, sin explicaciones, desfigurándolos con los poderes que les da su bula de pesebristas del zeitgeist –un zeitgeist cortoplacista, insostenible en su inconsistencia pero helo ahí, en ese instante, válido, a huevo para los daltónicos de futuros-, ... a joderse el anacrónico, el outsider que los concibió-).

Céline es la mirada del Padre, jugando (como esos millonarios excéntricos que se disfrazan de clochards) a imitar los pasos del Hijo. Pero el Padre no es Amor osiríaco, dionisíaco, crístico, listo una y mil veces para el despiece: el Padre es Naturaleza y la Naturaleza es rigor higienista, esto es, catástrofe, amiga de borrar una y otra vez los callejones sin salida, los errores, los renglones irremisiblemente torcidos, la arbitrariedad impune, la gilipollez injusta con ínfulas de aporía interminable... toda la basura eliminada periódicamente a golpe de diluvio, de llamas, de peste, de muerte. Céline es un monstruo en tanto que imagen de Dios Padre, de Quien tiene la Ultima Palabra. Un monstruo, sí. Como todos los profetas.

Por eso su mirada es tan definitiva, la radiografía de una especie miserable, ralea sólo redimida en el miedo, esto es, en la conciencia de la gravedad del existir, cuando realmente podemos profundizar en la humildad, la empatía (la genuina, la que viene de K-PAX, esto es, de ese pájaro azul que se posó en nuestro balcón), la delicadeza, la incapacidad para herir gratuitamente a quien se nos acerca de buena fe... Céline: la mirada que describe y nos grita una y otra vez cuán desnudo va el rey, cuán insoportable es el hedor de su buena conciencia. Céline, sólo asumible desde el sufrimiento, sólo legible cuando respiramos por la herida..