lunes, 7 de diciembre de 2009

KIPPEL




[Detonante de esta entrada (iniciada e interrumpida en la primera mitad de septiembre): el pete definitivo de la cisterna de mi wc, tras años de parches, una tarde mediando el pasado agosto. Acicate para continuarla: la relectura de Céline, en la que llevo inmerso desde noviembre. Y oportunísimo colofón/puntilla: el visionado, pocas horas antes de colgar esto, de GREY GARDENS, un desasosegador documental que me dejó Charlie, donde el kippel brilla esplendoroso en su espejo negro y (en un caserón desvencijado, entre mareas de carne no ya trémula sino hasta gelatinosa, gatos y mapaches deambulando como rampantes okupas, paredes que se caen a pedazos, frondas bröntianas con el proceloso mar al fondo, patinadas fotos de antiguos esplendores, glamouroso desbarajuste, voces desquiciadas entre la prosa y el canto, camas llenas de restos -de comida, de kleenex, de líquidos sin identificar, de ropas, de revistas, de libros, de medicinas, de cremas y perfumes-: un agridulce bocado de realidad prima hermana de ciertas ficciones -SUNSET BOULEVARD, ¿QUE FUE DE BABY JANE?-) me trae ecos atronadores de los momentos más hedionda y gozosamente bizarros de mi anómala infancia (recordándome que kippel y karma comparten no sólo la inicial sino también el significado último, inexorable)]

¿Vivo en? una caravana disfrazada de tercer piso (no es metáfora miserabilista: ahí su estrechez, su planta corrida, su proa –la habitación que da a la calle, donde tecleo, navego, veo la tv y como- y su popa –la cocina con vistas al patio y el aseo/zulo sin salida exterior alguna-, del tamaño aproximado de un autocar al que sólo le faltasen las ruedas y el motor, vehículo varado que no va a ninguna parte –qué imagen más kippel-). Me identifico con el JF Sebastian de BLADE RUNNER aunque también envidio su entorno kippel, mucho más gothámico y suntuoso que mi diminuto cubil. También me identifico (pero en menor medida, por aquello de no sentirme ni ser considerado por los demás como débil mental –mentalmente anómalo, incluso un tanto teratológico, vale, pero de ahí a lelo...-) con el JF Sebastian de la novela de Dick. Especialmente por el kippel. Especialmente.

Y me pongo en el pellejo de esos ineptos personajes ballardianos, intentando sobrevivir en escenarios post/apocalípticos donde todo se descompone entre humedades, ardores climáticos, regresiones a un futuro salvaje y deseos/temores del momento final. Mis luchas suelen ser siempre con el agua (justo esa semana de agosto me leía EL MUNDO SUMERGIDO que me regaló Dildo –la lectura ad hoc para sobrellevar un pete de cisterna-): caída del techo del aseo por humedades del piso de arriba allá por el 2001, mi 11S particular (humedades reproducidas cada dos o tres años aunque sin el cataclismo de esa primera vez), goteos de grifos y de cisterna, atascos en fregadero, lavabo y poliban... Había logrado sobrevivir hasta el momento entre arreglos pagados por el seguro de la comunidad y/o del propietario del otro piso, así como recurriendo a un fontanero del barrio (de aspecto tan cochambrosamente kippelizado –supongo que debía de tener más o menos la edad del centenario inmueble- como eficaz dentro de lo extremadamente económico de sus servicios). Pero este providencial operario se lesionó y jubiló hará cosa de dos años. No tuve más remedio que recurrir a las páginas amarillas para remediar un atasco monumental de fregadero y lavabo: el palo fue tal que no volveré a recurrir a un fontanero hasta que las ranas críen permanén. He conseguido resolver los atascos del fregadero echando la mayor parte del agua sucia en un balde y luego vertiéndola por el retrete, usando filtros de rejilla para que no se cuelen partículas excesivamente gruesas (especialmente cuando pongo la lavadora y suelen expulsarse restos de hilos o de lana), y siguiendo un truco que me dio el fontanero último, llenar las dos cubetas a la vez y vaciarlas de golpe (recurso que reconozco como bastante efectivo). En cuanto a los atascos de ducha y lavabo, parece que he hallado la solución final: una mezcla hirviente de agua y lejía al 40 %. Pero la cisterna, tras funcionar con cierta corrección durante un par de semanas con obturador nuevo, volvió a gotear, supongo que exigiendo un cambio de sifón. Si uno fuese ducho en bricotareas, no debe de ser muy difícil ni caro instalar un sifón nuevo comprado en los chinos, pero el problema es que (más allá de mis dotes culinarias –¡siempre in crescendo!-) mi habilidad para las chapuzas caseras es prácticamente nula (ahora ya, irremisible, con la vista más y más cansada, las molestias en la cadera que me impiden acuclillarme por los rincones a la caza de averías y la cabeza un poco ida para los detalles –como el Cliff Robertson de CHARLY, me auto/rescato cotidianamente del marasmo a base de notitas que remedien mi despiste-).

Con la pérdida (me da que definitiva) de casi todos mis ahorros por la intervención de AFINSA en el 2005, pasé (dentro de mi condición -casi continua desde el 86- de desahuciado civil, de bruja cazada por los profesionales del ramo) de ser rentista forzosamente prejubilado (los libros, la música, los artículos hacía ya mucho que dejaron de constituir el espinazo de mis ganancias –cuando vivía con mis familiares, al no tener que pagar teléfono, luz y comida, podía permitirme, aparte la cautela de la inversión, con lo que acumulé en mi cuarto de hora fastuoso con LA MODE y mis ocupaciones asalariadas en el ABC y la RNE de los 80, dispendios como el cuarto de millón de pesetas nunca recuperado en la aventura corazonesca o, años antes, el millón también tirado al sumidero con el grupo PROYECTO BRONWYN-) a pura y dura basura blanca. Siempre me había sentido un punto cercano a Céline (nuestra común querencia por los misterios de María y Amaranta, esa pulsión nacionalcomunista y/o montagnard extrema –que él sintió de siempre y yo, cada vez más, a partir de los 90-, el demonio de la perversidad –que a mi tocayo le llevó a su gran pecado de los pamphlets y a mí a los míos del spot de FE/JONS en el 86 y al ya citado y no menos nefando PROYECTO BRONWYN-, la falta de sociabilidad y de dotes para el paripé y la diplomacia, la irritación –para muchos envidia- por el agravio comparativo de que la calidad propia se vea preterida por la viveza del mediocre más acomodaticio y/o políticamente correcto y, last but not least, la carencia de adicciones respetadas por el gran público –quien siempre tragará o perdonará toda salida de tono, toda actuación intempestiva, si se le da un buen, y a ser posible, largo espectáculo de agonía heroinómana o de funambulismo sin red sobre los arduos roquedales del coma etílico: pero si en vez de alcohol o de jaco lo más aproximado a una adicción es el autoerotismo, la lectura, el gusto por la música y el cine, amigo, entonces no hay compasión, derechitos de cabeza al Tribunal Internacional por crímenes contra la Humanidad, esa mala puta que nadie ha visto jamás y a cuyo son se nos obliga a bailar desde hace tiempo-) pero en los últimos años esos lamentos de fin de partida que dan paso al trance estigio descrito en DE UN CASTILLO A OTRO se me hacen más y más propios (a medida, supongo, que nuestras edades y miserias materiales comienzan a confundirse). Y, por supuesto, las acusaciones (tan bien destacadas en la biografía de Bardèche, cuñado de un Brasillach mártir al que reivindica en pasiva a costa de buscarle los tres pies a las siete vidas del gato celiniano –el que dicho mártir hubiese sustentado la ideología que lo llevó a la muerte en la apetencia que le producían las musculadas pantorrillas de los jovenes hitlerianos eso, claro, lo escamotea Bardèche: toda la parafilia, el sesgo perverso, la caca sexual, para LFC, superviviente, y, por tanto, comedor de los pecados de todo cristo-) de que tampoco es para tanto, de que ya vale de quejarse, de que a fin de cuentas uno sigue vivo y tampoco está bajo un puente pasando fríos y calamidades... Los mandarines del canon, todos vinculados y/o pesebristas del partido que me viene puteando de mil maneras desde el 86 (con la dudosa autoridad moral para tal puteo que da el que esas siglas que yo, imbécil de mí, apoyé aquel fatídico junio estaban siendo usadas bajo mano por el PSOE en Euskalherría dentro del subsuelo inmundo de la trama GAL –y justo cuando me enteré de tales lazos en octubre de ese mismo año, con las elecciones vascas, cuando un falangista me dijo muy ufano y con sonrisa de zorro que FE/JONS iba a votar útil a Damborenea, rompí y esa ruptura supuso mi paulatino y no menos estéril acercamiento al CDS-), que no me vengan con historias cuando, si no fuese por los regalos y préstamos de los amigos y por lo que exprimo a ese ADSL que mis buenos euros me cuesta cada mes (descabalando no poco una economía ya de mera subsistencia –donde, desde el 2007, los gastos se van imponiendo a los ingresos en cada balance anual-), mi adquisición de nuevos bienes culturales sería cero (como dije hace un par de meses en la tertulia santoñesa de PIEL DE LOBO, que Teddy Bautista o Ramoncín me paguen una pensión vitalicia para adquirir cds, dvds o libros y entonces hablamos). Por otra parte, desde la banda derecha, los antiguos afines también dan caña por no aceptar el fraude del encuadramiento en que ellos persisten o que subliman/maquillan/travisten con picarescas entre pseudoanarcas y hayekianas orbitando en torno a tal o cual gurú más o menos cínico, más o menos ingenioso, más o menos faltón, pero impepinablemente P-L-U-T-O-L-A-T-R-A: ignoro hasta qué punto son válidas las recriminaciones contra mi tocayo por sus exabruptos contra el fascio francés y el ocupante alemán entendidos como bluff pero, en mi caso, todo aquello que me hizo perder la FE en gentes que consideraba idealistas y ejemplos vivos de Etica y Estilo (ese constante proxenetismo de vivir de sus ideales como de un puticlub de carretera –a mí la política sólo me ha traído merma en los caudales por vetos, por aventuras a fondo perdido o por pago de cuotas pero NUNCA lucro: con las ideas siempre he sido más Quijote que macarra- que les llevó a actuar como ratas a sueldo de las cloacas represivas de Interior o cobrando de Villapalos en la Complutense o en la Comunidad, o el hediondo escándalo del diario YA de Rodríguez Menéndez a cuenta de las grimosas parrandas de Pedro Jota, o lo de los clubs de alterne de cierto prohombre de la galaxia azul levantina -la metáfora del puticlub llevada del dicho al hecho-, o las mil sórdidas peripecias de Anacleto Milá...), todo aquello, digo, sigue siendo indiscutiblemente REAL.

Sí, el kippel es esa creciente disolución del mundo material a nuestro alrededor que sólo podemos tener la pretensión de aliviar si accedemos a depender de alguien a costa del propio Ser, a costa de abdicar de la VOLUNTAD (como en aquel patético final de la novela azoriniana), a costa de afeitar la cuerna de nuestra condición anómala para volvernos lorito real, máscota exótica pero cómodamente vacua, degradando la esencia intolerable de nuestra otredad en inofensivo ornato. Y, al final, ¿para qué? Uno es como es. Tratar de sacarle peras al olmo es convertir la intimidad en tedioso cul de sac. Fuera del Pensamiento y de la Palabra (entendidos como Categorías y no como accesorios más o menos funcionales), mi carne es del todo I-N-U-T-I-L, A-B-U-R-R-I-D-A, I-N-E-P-T-A: no me gustan los deportes ni como participante activo (cada vez que he procurado adaptarme a la pulsión gimkánica de alguien he acabado con lesiones crónicas o al borde de la pulmonía) ni como espectador (incluidos los sexuales: en cuanto el mimo, el beso o la caricia -el devorarse, que diría Céline- se vuelven proeza física, máquina de pistones, martillo hidráulico, músculos sudorosos y en tensión, mi atención se dispersa automáticamente hacia la primera mota de polvo que se cruza en mi retina), suelo hacer mal papel en fiestas y recepciones (cuanto más filisteas, peor papel), no soy la compañía ideal para ir de compras (salvo que los intereses coincidan –libros, música, cine o también delikatessen y artículos relacionados con la cocina-), y la noche entendida como maratón alonsomillanesco me agota sólo de imaginarla (en algunos momentos de mi vida, acompañando a aquel bebedor de trago interminable que fue –supongo que con el tiempo se habrá moderado- Antonio Zancajo o de la mano melusinesca de Tessa Duncan, recorrí tabernas bohemias y fantásticas y no me sentí a disgusto –pero eso es otro mundo: no es lo mismo Valle, Ramón, Solana o Sastre rodeados de lúcidos despojos y epígonos de Max Estrella que los burguesazos de Alonso Millán quemando la noche a la caza de monumentos y señoras estupendas-)

-->Al menos, JF Sebastian muere (entero, en su insignificancia autista) a manos de los dioses (de la sinuosa y bella Pris y del supremo Roy Batty). Y Céline, el monstruo, hasta en sus peores momentos, tuvo a su lado a esa Honeybunny de Lucette, amante y compañera a las duras y a las más duras, la otra mitad de su dúo infernal. Yo todavía aguardo la llegada de la Lucette que disfrute con mi mundo sin condiciones ni mermas, sin bloqueos ni disociaciones de Carne o de Palabra, dispuesta a tomarme por entero sin eufemismos ni letra pequeña (y, si no hay Lucette, pues al menos el adviento de la replicante traviesa y letal que alegre mis últimas horas antes de apuntillarme –quien dice replicante, dice el fotograma rojo que me arrebate más allá de la pausa-). Por el momento, aquí sigo, en pie (derramando lisura de nácar por donde paso –haw, haw, haw-), con la horda aullante, con Charlie y LA RULETA CHINA, con el rol mentor de Esther Peñas (que recoge el testigo de agente literario vocacional que fue para mí Eduardo Haro Ibars allá por los 80 y que no sólo promociona sino hasta defiende físicamente mi obra del expolio –otra situación muy celiniana que vivimos la pasada primavera cuando restos de edición de LA CANCION DEL AMOR corrían el peligro de acabar en el vertedero-), y procuro tozudamente ver el vaso medio lleno y minimizo las horas baixas con el anhelo adolescente (una de las indiscutibles ventajas de ser emocionalmente quinceañero pese a ir mediando la cincuentena –la desesperación como berrinche, nunca como viaje sin retorno: malaventurados los que maduran porque se ven desprovistos de esta defensa-) de que Lo Inalcanzable un día (de éstos, se entiende –no hablo ni mucho menos de resignación a lo trasmundano-) será tierra de abrazos y de empatía, de gozoso encuentro entre la Carne y la Palabra. Final esperanzador, qué menos (como corresponde a este tiempo de inminente Navidad).


lunes, 30 de noviembre de 2009

ADELE H

(no hace mucho, departiendo en el LUMINAR con Bárbara –la palindrómana de cabellos de bruma- sobre escamamientos y arrebatos, se me antojó sacar a colación la figura de Adele Hugo, encarnación neta del entusiasmo romántico a prueba de bombas, y fue como la caja de Pandora, pues ya no pude quitarme a Adelita de la cabeza, especialmente al evocar en qué circunstancias descubrí al personaje)

Fue en el cinestudio Covadonga (sede en aquel momento de la Filmoteca que dirigía Luis Gª Berlanga). Tiempos de KAKA DE LUXE. Normalmente, por entonces, Olvido, Nacho, Carlos y yo solíamos ir al cine en comandita (así nos vimos, bien en la Filmoteca de Príncipe Pío –anterior sede- bien en el Cinestudio Griffith, títulos como CARRIE, TRES MUJERES, FREAKS, THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW o LA MATANZA DE TEXAS) pero, más adelante, cuando Olvido y Nacho estrecharon lazos punkies y Carlos empezaba a otear nuevos horizontes propios (que, en su momento, meses después, le llevarían a gestar conmigo el grupo PARAISO), éste de vez en cuando me arrastraba hacia Alfonso XIII (a tiro de piedra del estudio de Carmen Santonja) a ver películas de su agrado (así nos tragamos PINK FLAMINGOS de John Waters –que no me produjo una emoción especial, salvo cierta escena podófila en que una pareja practica el 69 chupándose mutuamente los pinreles y que me pareció entrañable en su exceso- y así vimos ADELE H). A mí, en aquella primera visión, me pareció un poco empalagosa (sobre todo porque mi trance ya lo había vivido poco antes con la Sissy Spacek de TRES MUJERES –película que me marcó a sangre y fuego durante varios años-), pero lo que me impresionó fue la reacción de Carlos: sólo esa vez lo vi serio, demudado, húmedos los ojos, como asistiendo a una misa eleusíaca, antítesis de la pose frívola y desdeñosa con que solía merendarse los días, como anticipando actitudes y secuencias que muchos años más tarde cimentarían sus discos en solitario. Cuando me reencontré con Adjani y sus cuitas en un pase televisivo, ya fuera de la Arcadia de aquel 77/78, y en pleno mono de Carlos, fui yo el que se puso en el pellejo de la heroína, de sus afanes y desvelos, y también los ojos se me humedecieron, por tanto que ocurría dentro y fuera de la pantalla. Y acabé pariendo una elegía no sobre una persona sino sobre una relación, el MUSICA MODERNA.

lunes, 23 de noviembre de 2009

RECORDANDO A CLARISA




Clarisa (bragas de Esparta y unas gotas de lavanda) se enamoró de su presa. La persiguió por mil pagos, durante años y lustros, adiestrada para ello por arcángeles de guardia. Lo Bueno y lo Abominable, siempre tan claro al principio, a medida que la caza se iba volviendo aporía, devino zarzal oscuro donde Clarisa dejaba su certeza hecha jirones. Era más interesante la monstruosidad esquiva que la virtud por decreto descreída de sí misma a fuerza de hacerse trampas (es lo que trae la rutina de la Ley: ya lo vio Kafka). Hoy Clarisa y su demonio comparten lecho y mantel: ella le arrancó la espina de su duro corazón y él la educa y alimenta con su mucha erudición y ese toque culinario al que nadie resistió.

Y, contra toda moral, sus años pasan felices aunque nunca comerán, precisamente, perdices sino algo más transgresor («vamos, únase a nosotros: si le apetece, señor, queda más en la tartera –el secreto está en la salsa...-»).







lunes, 16 de noviembre de 2009

LAS CANCIONES DE MI VIDA (29)


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


RIEN


(intérprete original: Michel Sardou)
(letra y música: Jacques Revaux / Michel Sardou y Gilles Thibaut)


De cet ange qui devint Satan
Ou de la Pucelle d'Orléans
Des veuves de la guerre de cent ans
Rien

De la première arche de Noé
Ou du dernier rameau d'olivier
De cet oeil qui poursuivait Caïn
Il ne reste rien

Du pommier doré du paradis
Et des noir pêcheurs de Sodomie
Du rosier de feu de Pompeï
Rien

Du dernier des soldats inconnus
Aux inconnus qui portent des rues
De la première des balles perdues
Il ne reste rien

De notre amour vieux comme les pierres
Qui s'éteint comme un centenaire
De notre amour né d'avant-hier
Qui fête ses noces de poussière
Il ne reste que moi
Il ne reste rien







lunes, 9 de noviembre de 2009

MI QUERIDA CUCARACHA


[escrito esta tarde en plena avalancha de sensaciones y recuerdos provocados tras el visionado –por primera vez íntegro- de LA PRIMA ANGELICA]

La mirada fija de anhelo y de impotencia. La boca sin expresión, como a punto de decir algo que nunca llega a decirse. El mundo que te rodea como escaparate de un espacio donde se reserva el derecho de admisión, una reserva aplicable sólo a ti. Y tu rostro pegado al cristal. La condición de raro ante tus compañeros de clase porque lees demasiado y porque no haces deporte y porque hablas poco (y, cuando lo haces, un desastre, como si te expresases en otro idioma). Y la familia que, primero, casi te vuelve loco (la etapa en casa de los Briones que te regaló la poción mágica de la pasividad/agresividad como estrategia de supervivencia –de los cinco a los trece años, con intervalos, incluido en éstos el bienio en el internado de Carranque, donde, contra los deseos de tu tía Carmela, no te curtiste salvo en tu disociación del entorno y tu necesidad de escapes alucinatorios, de puntos de fuga-) y, después (incapaz ya de recuperar aquel bebé sonriente y sin malicia que criaron ancianas para entonces más que muertas), te lo echará en cara entre lo tácito de un gesto o una mirada y lo explícito de una frase («es el hijo de Gloria, ¿qué se puede esperar?») mascullada a tus espaldas o, en ocasiones de trifulca, espetada a la cara, así desde la pubertad hasta rozar la cuarentena (bajaban la presión cuando sacabas algo de dinero con la música o las colaboraciones en prensa y radio -«es lícito ser un anormal siempre que te forres con ello... Fíjate en Dalí»-). La Mujer, que te gusta, que te obsesiona, será el eje de tu vida en todos los órdenes desde aquellos enamoramientos en el parvulario y tu temprano descubrimiento de Ligeia y de la diosa Palas Atenea. Pero esa Mujer, cuando se apea de la mayúscula categórica y se encarna en encuentro puntual, solamente puede mirarte con la crispada cortesía con que se mira a alguien que no se sabe a ciencia cierta si es humano o cucaracha («¿qué fue lo que dije? ¿qué fue lo que hice? ¿o no hace falta que haga o diga nada? ¿es ese aura de coleóptero de que no soy consciente hasta el momento de verme reflejado en los ojos otros?»). Las pocas veces que no sentiste el acerado telón de esa mirada fue cuando alguna te consideraba un dócil instrumento para sus fines, o cuando alguna otra veía en ti a alguien con quien no te identificabas en absoluto (a partir, básicamente, de esa siempre engañosa condición de personaje público) o, por otro modo de malentenderte, se empeñaba en rehacerte-remodelarte para mayor comodidad suya tras haberse encaprichado previamente por tu puñetera fama de rara avis (lo de Dalí, que, ya sabes, sólo cuela si la locura genera dinero y el diálogo para besugos puede vivirse entre vino y rosas sin fecha de caducidad –en caso contrario, lo anómalo acaba por volverse un lastre y la pareja no tiene tiempo para tonterías-). Si no te has quitado de en medio todavía es porque te obligas a pensar que el destino no ha tirado la toalla y te reserva una mujer a tu medida, sin manipulaciones, sin malentendidos, sin veleidades reeducadoras, tan gozosamente anormal como tú y dispuesta a disfrutar como una enana de tal conjunción. Tu Honeybunny, vamos.

Dicho lo cualo, es lógico que José Luis López Vázquez te produzca conmoción (ese sustantivo ligado a dos verbos, conmover y conmocionar) y se haga tuyo sólo con unos títulos muy determinados, que consideras antípodas de su paradigma del español medio (salvo que la mayoría de los españoles sean, en el fondo, tan ornitorrincos como tú –aunque ninguno se atreva a admitirlo-): a la cabeza, MI QUERIDA SEÑORITA (donde sentiste, ya en aquel primer visionado a fines de los 70 –aunque tu educación sentimental era demasiado pobre para pararte a analizar-, que tu deseo ardiente por el sexo opuesto tenía más que ver con la procesión furtiva de la señorita Adela por su criada que con cualquier convención priapista al uso), PEPPERMINT FRAPPE, ¡VIVAN LOS NOVIOS! (esa sensación terrible de vivir siempre bajo tutela y no tener los medios ni el ánimo para cambiar las cosas), CARTA DE AMOR DE UN ASESINO, seguidas de EL JARDIN DE LAS DELICIAS (ahora también, de LA PRIMA ANGELICA –con el aliciente de ese subtexto solondziano que tanto valoraría Dildo-), EL BOSQUE DEL LOBO, NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTE SOLO (que, desde tu circunstancia, siempre te resultará más impactante que la presuntamente homóloga TAMAÑO NATURAL), UN CASTO VARON ESPAÑOL (y una vuelta de tuerca sobre lo mismo pero en peor, LA MIEL) y, en cuanto a las fábulas pura y duramente kafkianas, la verdad, prefieres EL ELEGIDO a LA CABINA (aunque reconoces que tu primer visionado adolescente con aquellos bocinazos del Carmina Burana te impresionó –pero cuando uno crece un poquito, como que Mercero no se sostiene ¿no?-). Su último momento mágico te lo dio, ya en este siglo, con el pase televisivo de esa rareza en el erial del reciente cine español, MEMORIAS DEL ANGEL CAIDO.

Ese López Vázquez tan tuyo (que se iría difuminando hacia el desván de la memoria a partir de los últimos 80 hasta que esta tarde todo ha vuelto a fluir de sopetón) lo reencontrarías también en el Angel Jové de CANICHE, en el Anthony Perkins de EL PROCESO (y, por supuesto, en la lectura profundamente anticlimática de las OOCC de Kafka), en el protagonista de EL EXTRAÑO de Lovecraft (y, en buena medida, en el propio abuelo Theobald según la biografía de Sprague de Camp), en el Adolfo Marsillach de AL SERVICIO DE LA MUJER ESPAÑOLA, en los protagonistas de canciones vainiqueñas como COPLAS DEL ICONOCLASTA ENAMORADO y ALAS DE ALGODON, en el J.F. Sebastian de BLADE RUNNER, en personajes interpretados por William H. Macy, en historias de Adrian Tomine, en el Stewie Griffin adulto (y, dentro de esa peripecia, también hay algo patéticamente lopezvazqueño en su hermano Ron –antes Meg-) y, claro, en toda la saga de wienerdoggies que adereza la palindrómica filmografía del ya mentado Todd Solondz.

Del resto de su filmografía, pues, ya en plan de pasar la tarde y sin pretensiones litúrgicas, destacarías las más cercanas al imaginario de la Escuela Bruguera, como EL PISITO, ATRACO A LAS TRES, PLACIDO, EL COCHECITO, LOS PALOMOS, UN VAMPIRO PARA DOS, 40 GRADOS A LA SOMBRA y, ya más recientes, la trilogía escopetil de Berlanga y dos de Masó que siempre ves cuando las reponen, EL DIVORCIO QUE VIENE y LA FAMILIA BIEN, GRACIAS.




No pensabas (como lo hiciste con Newman o con Swayze) en una necrológica para JLLV. Pero, de pronto, con esa mirada clavada en el fantasma reencontrado de su prima (mirada hoy tan llena de rescoldos farisaicamente punibles), has recordado que también él, tan glosado en su faceta jocosa por todos los pedorros de la freaksploitation que en su momento también eyacularon parusiásticamente cuando lo del Goya al tío Jess, ha sido parte tuya (eso sí, desde una circunstancia por completo ajena a la de los susodichos pedorros).

domingo, 1 de noviembre de 2009

¡¡¡BANG!!! Y APAREZCO EN TUS SUEÑOS


La he descubierto hace poco de la mano de Alex de la Iglesia: primero, en cierto spot antidroga, y no mucho después con la nueva temporada de la serie PLUTON BRB NERO (saga a la que en su momento no presté atención, horripilado ante la desagradable apariencia de Roswell, el estrábico feto alienígena, más algún gag tontorrón que acabó de echarme para atrás). Estaba cantado que la chica me iba a gustar: tenía todas las papeletas (su rol androide/replicante –androide con corazón, más entrañable que muchos humanos-, su piel blanquísima –no me cegaba un resplandor similar desde mi adorada Anne Heche-, sus facciones entre lupinas y vulpinas –tan de mi agrado: perfil aguzado y barbilla recogida, a lo Rosanna Arquette- con un punto también reptiliano acentuado por sus ojazos lacustres –donde hasta alguien tan poco natatorio como yo puede sentir deseos de zambullirse-... incluso sus hechuras de flaca pechugona me convencen –hechuras tal vez no naturales, pero que satisfacen mi visión más somera, sin ahondar en mi fobia por la silicona, dejándome llevar por la armonía del conjunto-). Su voz de no actriz me resulta, desde sus antípodas de la impostación, gratamente refrescante, con un nosequé de tarde brumosa en el campo buscando setas (quienes, desde su criterio sucio y brutalmente filisteo, la tildan de maciza descerebrada sólo apta para hacer de robot, no veo yo que se rasguen las vestiduras ni se harakiricen ante la cagalera de galardones otorgados en los últimos años a Penélope Cruz, ese horror batracio cuyo disonante y suburbial croar contrasta tanto con el punto agreste del acento de nuestra rubia, quien a su lado brilla feérica y chorreante de sugerencias y matices –ojalá no acabe nunca bajo la casposa férula de Almodólar encarnando a alguna Aldonza reflejo de prosaicas evocaciones manchegas: Carolina, no me cansaré de repetirlo, tiene más que ver con la bruma norteña, con la hora bruja de perrochicos y rescoldos de aquelarre-).





-->Y ya que he mentado el aquelarre, por algunas similitudes tanto físicas como de concepto, presumo que Alex de la Iglesia considera a esta joven como su versión de Lisa Marie, la musa anómala de Tim Burton antes de conocer a Helena Bonham-Carter: hallo, no obstante, una diferencia sustancial entre ambas y estriba en el mayor encanto y talento potencial de Carolina, frente al aspecto más extremo y chocante de la ex/señora Burton, quien, tan sólo en su breve rol como madre de Johnny Depp en SLEEPY HOLLOW, apuntó realmente maneras de actriz y no de mera presencia excéntrica, de marioneta de carne. La androide Lorna, con esa chispa de casticismo vasco hiperespacial, guarda y transmite una calidez de la que carecían las apariciones bizarras de Lisa Marie en ED WOOD o MARS ATTACKS (aunque, en el caso de su Vampira en la primera de las citadas, su caracterización se ajustaba plenamente al original –quien tampoco debió de ser una lumbrera de la interpretación-).




-->Ahora he leído que el director vasco está preparando un nuevo trabajo, de argumento aparentemente felliniano, en el que cuenta con nuestra rubia: estoy convencido de que ahí Carolina demostrará lo muy injusto de las críticas contra su potencial como actriz. Desde aquí, vaya este homenaje y alirón a una de las escasas presencias estimulantes que he detectado en la producción española de ficciones audiovisuales.


-->ilustraciones: THE LEFT HAND

viernes, 9 de octubre de 2009

EMBRIONES 4: 1960


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

En realidad, esta canción está acabada desde el 79. Pero nunca ha tenido oportunidad de presentarse en público. La ensayé con Charlie al poco de conocernos pero había un problema. Hay un momento en que las subidas de tono (tiene una música bastante compleja y grandilocuente, a lo John Barry en la serie Bond de los 60) me resultaban muy difíciles de alcanzar así que decidimos aparcarla para hacer en duet con alguien de poderosa voz o algo por el estilo. La letra es de las más introspectivas que he parido nunca. Por otra parte, dado que ahora cuento con el arrope vocal de Charlie y Clara (y hay también otras voces dispuestas para el juego cantabile –ahí, the top hat singirl-), tal vez deberíamos recuperarla en algún momento, a ver si al fin nos cuaja.

Sales de la vieja villa en un Aston Martin,
el portero de uniforme te abre el portal.
Subes el cristal: están cayendo algunas gotas.
La estatua de la fachada sonríe al pasar

tú, que atraviesas bulevares y paseos.
La ciudad está desierta, no hay ni un peatón.
La melancolía que da el cielo encapotado
choca con las losas cubiertas de oro vegetal.

Y recuerdas
pasajes de André Maurois:
poetizas
llegando a filosofar.

El volante escucha
tu silente pensar.

Flotas por la Castellana entre sus palacios.
Las paredes, limpias: sólo hiedra y poco más.
Quieres olvidar algún pasado desengaño
(qué habría hecho Anthony Perkins puesto en tu lugar,

dí). Medio aparcas: sientes ganas de cansarte.
Caminas bajo la lluvia sin una dirección.
La trinchera oscura no es capaz de resguardarte
de ese frío interno que hasta tu centro llegará.

Mejor entra
en ese pequeño club:
quizás alguien
juegue con tu juventud.

Pasaréis el tiempo:

te ayudará, verás.





ilustración: THE LEFT HAND

lunes, 5 de octubre de 2009

EMBRIONES 3: MI SILENCIO


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

Una de las letras que me han dejado más satisfecho en los últimos años como creador es CON PACIENCIA. Desde que la escribí se me han ido ocurriendo esbozos de letras similares que me hubiese gustado reunir en una especie de suite. Al final, las deseché todas frente a la grandeza del original y sólo he conservado estas líneas, que tal vez algún día den lugar a otra bonita canción.

Mi silencio te acaricia por detrás y tú lo sabes.
Soy patoso: apenas hablo por temor a importunarte.
Yo quisiera esculpir lapsos con mis ojos y mi voz
pero el tiempo se diluye como azúcar
en el fondo de un tazón.




ilustración: THE LEFT HAND

sábado, 3 de octubre de 2009

ES TIEMPO DE SOLONDZ


[reseña inexistente sobre una película aún no vista]


«El infierno son los otros.» (antipática frase de la que uno siempre huye y que la vida se empeña en hacer odiosamente recurrente)

«Rotura tras rotura hasta...» (paráfrasis sobre un despropósito célebre)

«No soy bipolar, es que acabo de estrellarme.» (frase garabateada sobre un pupitre: ahí pueden encontrarse, concisas, lapidarias, definitivas, las mejores impresiones sobre el cine de Solondz)

«La mejor entrada que he leído de este menda.» (los cabronazos de siempre)




ilustración: ADRIAN TOMINE

jueves, 1 de octubre de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 6


LA CIUDAD Y EL PILAR DE SAL (Gore Vidal)

Libro el más remoto y el más cercano para cerrar esta canícula tardía. Que me atañe hasta la médula y no me atañe en absoluto. La Otra Mitad especular, homoerótica, que tanto obsesiona a Gore Vidal la comprendo, me cabe, me encaja hasta el último ápice, hasta la empuñadura, pero no como la expresa el autor, con ese género ni con esa realidad (y la empuñadura no fálica sino clitoridiana). Bob Ford, en mi caso, no existe salvo como posibilidad y, además, es una mujer, la Mujer. Mujer pero no polo sino espejo (espejo oscuro, radiográfico –radiografía del ánimo, de mis interiores más inaprensibles-). Mujer y efebo (si pienso en aquellos momentos no consumados, tan sólo esbozados, que acabarían pocos años más tarde dando lugar al PARA TI, quizás el vínculo con la arcadia que representa Bob Ford sea más exacto, más literal, sin tornavueltas moebianas). Pero ese efebo (cuyo rostro parecía intercambiarse ante mis ojos con el de Veronique Sanson en la época de su primer álbum -como aquel imberbe condiscípulo de gafas y aire corvino no mucho antes me había hecho fetichista de esa prótesis en tantos futuros rostros femeninos-) fue menos categoría que reflejo, a su manera perversa y polimorfa, inacabada en su dulce indefinición (tan indefinida como esos escasos varones adultos, maternales en su justo punto, cuya atracción puedo reducir a una sola muestra paradigmática, el Burt Lancaster de CONFIDENCIAS arropando a un Helmut Berger malherido), de mi Bob Ford primordial, transexuado, de diosas poco femeninas según los cánones (por su mucho pelear o su mucho cavilar y su nulo tiempo para el maquillaje –salvo que éste supusiese también una lid profundamente premeditada, sin sombra de rutina, mimada a la categoría de Arte-), diosas que serían también Ligeia, y Madame Hydra, para acabar por resumirse en la Lilith de cabellos de Tiempo que conocí tan profundamente antes de tener conocimiento... Jim Willard no encaja en ningún nicho anómalo, en ningún tópico jocoso, es más bien aburrido por su dificultad para el etiquetaje. Su reserva es constante y su peripecia le lleva (en su condición de estatua de sal, rehén de un paraíso pubescente más pleno de fantasías exploratorias y polimorfos frottages que de rutinarias certezas abocadas al consabido y mecánico taladro) a relaciones con algo de frigidez emocional (en su falta de entendimiento con la sarta de circunstanciales otredades), peregrinando pasiva/agresivamente sin final feliz, en pos de una vuelta a ese momento que nunca ha de repetirse. En mi caso, como ese momento nunca existió (ni siquiera como autoengaño a deux) en el plano real, tengo pleno derecho a continuar persiguiéndolo, a equivocarme, a ilusionarme equivocándome. Bob Lilith seguirá, eterna, femenina, antes, después que yo. Espejo de paradojas.




«...Estaba de nuevo junto a un río, consciente por fin de que el objetivo de los ríos es desembocar en el mar. Nada cambia jamás. Pero nada de lo que existe puede volver a ser igual que antes...» (frases pertenecientes al párrafo final del relato)

domingo, 27 de septiembre de 2009

LAS HIJAS DEL ANTICRISTO



Yo también sigo (aunque por razones muy otras) el ejemplo del genuflexo zetaperonista Arsenio Escolar (padre de Escolar Netol, ex-director de PUBLICO y contertulio habitual de la tv de Pedro Jota) y no sacaré en este blog la puñetera foto. Es demasiado apocalíptica, demasiado desagradable (ese aire quasimódico de las jóvenas -tanto reírse en su momento de Chelsea Clinton y, en comparación con las interfectas, ésta sería, en sus peores instantáneas, una presencia quasi feérica-, el pie así como varo de la del extremo -los zapatos, más que góticos, parecen ortopédicos-, sus proporciones no euclidianas -que diría Lovecraft- ignoro si exageradas por los hórridos atuendos -aunque lo mismo no-, y la profunda cutrez de la foto -según explicaron exhaustivamente en la tertulia cubana de INTERECONOMIA, mostrando unos cuantos ejemplos, es una foto que suelen hacerse los dirigentes de los países pequeños y no muy desarrollados con Obama y señora en plan Willy Wonka recibiendo a las visitas en la Fábrica de Chocolate-, antimateria en su patetismo e insignificancia de aquella foto de las Azores que tanto se le reprochó a Aznar), demasiado reveladora (las hijas, en este caso, parecen ser el espejo del alma de su papá -¿de ahí esa compulsiva reacción censora a posteriori por parte de nuestro auténtico e impepinable MAGO DE OZ?-).

Lo dicho, no pondré esa foto. En su lugar colgaré esta otra, de una presencia más grata, hija de aquel cuyo reverso tenebroso, anticrístico, terminal, hoy representa ZP.


lunes, 21 de septiembre de 2009

MOIRA JEWEL


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)







ilustraciones: THE LEFT HAND
le sacarás más jugo a esta entrada si te lees esto

martes, 15 de septiembre de 2009

DERIVACIONES


(se sugiere como música de fondo para leer esto: of course, el SONGS FOR DRELLA de Reed y Cale)


Entre julio y agosto dediqué buena parte de mis ansias lectoras a unos cuantos títulos donde, por fas o por nefas, aparecía Warhol. Y he caído en la cuenta de una paradoja: a medida que, en boca de Lou Reed, de Nico o de algunos otros, se insistía en cuán atractivo podía resultar este sujeto en las distancias cortas, más pensaba yo en lo mucho que a mí me repelía, desde la lejanía de las fotos o de las descripciones neoperiodísticas o de las horrorosas mixtificaciones de los warholianos autóctonos (desde aquel espantoso diario de Nacho Canut que publicó la web de Spicnic –las HISTORIAS DEL CHOPPED, como las llamó alguna lengua trífida- a la maligna estolidez de Jorge Javier Vázquez –sólo hay alguien de por aquí que no sólo entronca sino que supera en su aura autista a AW, el mutante homofilófobo David Farrán de Mora, más que imitador, epígono impremeditado desde su irreductible impersonalidad-), su físico y muchos de sus amaneramientos (en su caso, me irritaban más por su vampírico laconismo que por su desmesura –aunque, también reconozco que Andy me obsesionó lo bastante como para figurar en su condición de esposo de su cassette en el estribillo de una de mis más populares creaciones, EL ETERNO FEMENINO-), al tiempo que (sin tomar conciencia hasta ahora) me atraían poderosamente (y sólo me atraen muy contados varones adultos) dos actores cuyos rasgos faciales tienen algo (¿mucho?) de Warhol. Empiezo con el alopécico y fornido Mitch Pileggi (director adjunto Skinner en EXPEDIENTE X –a quien glosé así en un texto más tarde retirado de LDS: su bronceada alopecia, sus gafas, sus facciones de mastín, su torso musculado al recibir en deshabillé al agente Mulder... -). Recuerdo que esta última situación llegué a soñarla, naturalmente, conmigo en el lugar de Duchovny.





La otra figura cuyo rostro me ha llevado en los últimos tiempos a pensar en Warhol es David Caruso, uno de los anclajes (junto con la morenita Eva La Rue) que me obligan a permanecer fiel a CSI MIAMI, pese a parecerme esta serie, con su excesivo machacar en la lucha contra el narcotráfico (asunto que siempre he encontrado tedioso desde el prisma del espectador –aún más si hay hispanos de por medio-), la más floja de la saga forense, frente a los potentes guiones gore de CSI NY (aunque sus actores no me resulten especialmente carismáticos) y la redondez absoluta en historias y personajes de CSI LAS VEGAS (donde hasta los villanos y eventuales quedan en la memoria: esa bebedora de atletas reciclados en batidos proteínicos que tan bien encarnó Alicia Coppola, la dominatrix Lady Heather que tontea con Grissom cada x tiempo, el transgender de estragado cutis y escurridizos hábitos que dejó su impronta en los primeros episodios, o la joven/muñeca creadora de miniaturas donde reproduce al milímetro sus crímenes de amor y soledad...). Caruso ya me impactó en aquella morbosa historia con Linda Fiorentino, JADE, donde parecía esbozar, en sus atormentados dilemas, la sinuosa psique del teniente Horatio Caine. Sus facciones entre gatunas y vivérridas y su clásica pose en jarras más ese doblaje tan redichamente sexy me lo hicieron muy apetecible desde el primer momento



¿Conclusión que me dicta mi subconsciente? AW quizás me habría subyugado en su época de esplendor oscuro como emperador de la FACTORY y me habría llevado a circunvolucionar en torno a sus lacónicas maneras de cámara humana con cierta fruición. Pero también, pasado un tiempo, podría haberme sentido traicionado y de ahí mi ternura nunca ahíta por su némesis, la desquiciada Valerie Solanas (lo más parecido que ha dado el lumpen neoyorkino a Ulrike Meinhoff).

Algo sí tengo claro: su avidez de dólares, exacerbada a partir del atentado, nunca me resultará simpática. La codicia, como la silicona, es algo que, para mi gusto, afea más que engrandece.


martes, 1 de septiembre de 2009

GIBELINOS ¿MAIGRE LUI?



Hay quien me ha reprochado que (tanto en la entrada anterior de este blog como en alguna intervención en la tertulia de Radio Santoña) califique a la Liga Norte como gibelina cuando justo reivindica el combate de las ligas medievales de la incipiente burguesía del norte de la vecina península contra el emperador alemán y sus valores aristocráticos tomando precisamente partido por el bando güelfo, aliado del papa y defensor de la preponderancia de las ciudades-estado. Me reafirmo en mi paradójica calificación por varias razones: para mí, el gibelinismo, más allá de las querellas puntuales en su momento, supone hoy por hoy una base filosófica de atracción por los valores boreales frente a los australes, desde la profunda influencia de Carl Schmitt en el padre fundador del impulso liguista, Gianfranco Miglio, a la conciliación de unidad y diversidad (puntal de Imperio según la visión antitotalitaria que defiende Jünger, herencia directa del libertarianismo de las tribus germánicas enfrentadas a la uniformidad aplastante de Roma –roma Roma, que dijo alguno-), pasando por un concepto meritocrático y en perpetua movilización social de la idea democrática, que, en estos momentos, frente a lo existente (degeneración populista, discriminaciones positivas y paridades, corrupción y complacencia en los contravalores -todo aquello que, en su fase extrema, podríamos sintetizar como modelo ZP y que, como aquí Gallardón, el yernísimo, allí también tiene sus tartufescos submarinos transfugados de la derecha más inequívoca, caso del metamórfico Fini-), implica la creación de una nueva aristocracia no oligárquica sino surgida de un pueblo en construcción, en voluntariosa regeneración de sí mismo. Hasta la original vinculación con el Papado de los güelfos se ha perdido a partir de la decadencia vaticana, lo que llevó a Bossi, en su cruzada saneadora de la política del norte de Italia, a considerar como sus blancos a las tres cabezas de la hidra corrupta, Agnelli, la Mafia y el Papa (a lo que añadirse las recientes polémicas entre el Vaticano y la Liga por la política de ésta en materia de inmigración, donde quedó claro que la fuerza vertebradora de la Padania no está dispuesta a admitir intromisiones ni de tronos ni de altares en su proyecto recuperador de soberanía). El impulso de la Liga Norte es a la vez antiimperialista y constructor de Imperio, frente a las sinarquías multinacionales, las globalizaciones, la burocracia de la UE (hoy al fin en trance de erradicación si los euroescépticos siguen aumentando su poder en la eurocámara), el gelatinoso despotismo onusino (SIDA sociopolítico generador de inmunodeficiencias y estimulador de toda clase de abyecciones), etc. De ahí que me reafirme en definir a la Liga, tal vez el partido más innovador y potencialmente carismático de la Europa Occidental (y no sólo Occidental -para los observadores más atentos y capaces del Este-), como TECNOMEDIEVAL y GIBELINO.





PD // Desde un prisma irracionalista o de mera determinación kármica, es posible que estuviese abocado a interesarme por la Liga Norte al compartir con algunos de sus líderes (como Bossi o como Maroni) el haberme iniciado en la política casi a la par que en la militancia poprockera



UN BOSSI GIOVANINO DANDO (LITERALMENTE) EL CANTE

lunes, 10 de agosto de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 5


MALVANIA (Jaime Royo-Villanova)

«Los habitantes de Malvania han decidido que el alma es una enfermedad, que Dios es una proyección esquizofrénica, que el único arte posible es el que nos solaza con fórmulas tan vacuas como estridentes. Los habitantes de Malvania beben para anestesiar la nostalgia del espíritu, frecuentan las consultas psiquiátricas para mantener a buen recaudo la conciencia, aman sin tino, como quien se entrega a un automatismo o a una pulsión bárbara. No es que sean exactamente hombres malvados; es que han dejado simplemente de ser hombres, se han convertido en meros artefactos.» (atinada síntesis argumental por Juan Manuel de Prada)

Las primeras noticias que tengo del autor de este libro son sus comentarios jovialmente crípticos a las entradas luminarcas de Gaucho Divino (entradas parejas en jovial cripticismo y anunciadoras de un nuevo amanecer bohemio y vitalista). Un tiempo después tuve la ocasión de asistir a cierto aquelarre con trazas de guateque en la galería Espacio Valverde y se me invitó a participar en diversas actividades gozosamente nefandas (PIEL DE LOBO –¡atentos a este otoño, coño!-, EL DODO –publicación humorosa dirigida por Guiller, la hermana de Jaime, otra pájara de cuenta atrás y no te pares-, tertulia de actualidad vía teléfono en Radio Santoña –los lunes, sobre las 12 del mediodía- y, last but not least, tráfico de obleas y brazos de santa en la mismísima Avila de los leones culirrotos perpetrado por una peligrosa elementa y su fiel secuaz la vaca mil gustos...). A medida que íbamos ganando confianza, nos empezamos a pasar los respectivos ases de la baraja creativa de cada cual y así llegó a mis manos esta novela de Jaime. Novela que hago mía por varias y pintas razones que a continuación explicaré (incluida la de sacarme en la trama por partida doble cuando él aún no tenía ni remota idea de mi existencia –¡toma sincronicidad jungiana con unas gotitas de David Lynch!-).

La Postmodernidad retratada (¡al fin!) como antiutopía, su único y verdadero sentido. La semblanza iniciada por Jünger con EUMESWIL y que yo (en paralelo con otros como Baudrillard o el último Debord –decir tras su estela sería falsamente modesto pues a ambos los descubrí cuando ya llevaba tiempo rumiando sobre el particular, aunque, desde luego, reconozco que me iluminaron bastante en mis elucubraciones posteriores-) he ido tratando de desarrollar en paulatino esbozo en tantas y tantas reflexiones (cantadas –espigar, por ejemplo, los álbumes de LA MODE o POP DECO: LA EXPOSICION INTERNACIONAL DE LOS 80-, narradas –en MARY ANN, en LA CANCION DEL AMOR, en los cuentos corazonescos- o ensayadas en artículos –como alguno de los recogidos aquí- y entradas de web y de blog) aquí se consuma en apoteosis categórica con chispazos y deja vus del mundofelicismo huxleyano, del bigbrotherismo orwelliano, del cauterio bibliófobo profetizado por Bradbury. Sólo Ballard (ahí, SUPERCANNES o NOCHES DE COCAINA), Fellini (su visionario testamento GINGER Y FRED), Terry Gillian (BRAZIL, EL REY PESCADOR –Gillian, el realizador ideal para una adaptación al cine de MALVANIA-) o esa imaginería a caballo entre la industria y el arte que es BLADE RUNNER podrían andar parejos con Jaime en cuanto a vigor retratista de lo iniciado en aquel funesto final de los 70 y cuyos hediondos estertores todavía sufrimos.

Malvania, el mejor de los mundos, el País de la Piruleta para esa derecha tributaria de Hayek, de mimbres mayormente conversos desde juveniles veleidades gauchistas, descreída y libertina (amiga de envolverse en vocablos envenenados como tolerancia, pensiero debole, antiprohibicionismo, transversalidad y de estuprar-corromper-prostituir-profanar una palabra tan respetable y enjundiosa como LIBERTAD –sagrada tan sólo en escasas bocas, como la de Ayn Rand, su más entregada, objetiva y paradójica sacerdotisa-), esa derecha colgada ad eternum del ya caduco minuto reaganómico cuando los vendedores de bonos basura vomitaron su triunfito biodegradable (minuto tan bien encarnado por el cocaínico Charlie Sheen tanto dentro como fuera de WALL STREET en los 80), esa derecha que hoy cree estúpidamente reconocerse en el rostro plastificado de Berlusconi (negándose a comprender que tras el fasto burbujeante, cual crisálida multicolor, se agazapa y desarrolla un mensaje mucho más complejo y trascendente -y esperanzador para los pocos que vamos y vemos más allá de las cáscaras, de las máscaras-, un mensaje que sólo tendrá pleno sentido cuando la sonrisa gelificada del Cavaliere caiga hecha añicos, entonces enervará sus alas extendidas un impulso tecnomedieval, gótico flamígero con ambiciones gibelinas, exacta antípoda de la trilera y cortoplacista escayola barroca que hoy lo oculta y desdibuja).

Pero también cabe en Malvania (aunque la contemporaneidad con la borrachera ladrillista aznariana -territorio temporal durante el cual el autor desarrolló las bases de su novela- lo haga menos explícito en la forma) esa aberrante pseudoizquierda aloi, esa pijoprogresía falsamente blindada en sus patéticos chantajes pesebristas de cuotas, discriminación positiva y paridades, alérgica a excelencias que puedan poner en solfa su inmunda pequeñez de espíritu y de perspectivas. Ese saco pródigo en autoayudas y simulacros para cebar las buenas conciencias. Esos cipayos comicastros saboteadores de cualquier valor (es crucial en la postmodernidad de izquierda la figura metastatizada del cómico, mejor cuanto más mediocre: si la derecha postmoderna se ha desprendido en estos últimos lustros de todas sus coartadas morales y de quienes las defendían como verdades y no como pretextos –ahora, sin embargo, esa marginada derecha con principios parece tomarse su revancha al hilo de la presente crisis y de la consiguiente remodelación occidental, como bien refleja el nuevo sesgo del Parlamento Europeo-, para exhibirse ante el mundo en su puro núcleo de codicia y afirmación sádica de poder puntual e inmediato, la pseudoizquierda ha acabado recogiendo todo ese guardarropa desechado para continuar el ego trip fariseo –ese deseo vanidoso de que todos envidien la bondad propia, como podrían envidiar una propiedad costosa o una hermosa pareja/trofeo: o dicho de manera muy sintética, donde acaba 1984, en esa fijación del Big Brother por ser amado, empieza ZP y toda su embaucadora corte de los milagros- y los opios del pueblo usados previamente por la primera y que la pseudoizquierda plantea en clave de proliferación oenegera, de buenrollismo onusino, de culto a la solidaridad –palabra explotada propagandísticamente por el reaganismo en sus últimos embates contra la URSS a propósito de Polonia que ha pasado a ser patrimonio de la pseudoizquierda en sus tratos paternalistas y desmovilizadores con los desposeídos-, de pasividad new age, de corrección política, de ecomuseísmo dispuesto a concebir la naturaleza como un domesticado parque temático, etc –el afán que tiene el actor mediocre por un papel con mensaje para satisfacer su vanidad codiciosa de galardones y no para profundizar en lo transmitido por el papel, como habría podido ocurrir en el pasado con actores realmente comprometidos como Cassavetes o Newman o Garfield o cómicos kamikazes como Lenny Bruce, es lo que mueve en buena medida a la pseudoizquierda: la vampirización de realidades problemáticas para alimentar el propio impulso demagógico, la realidad al servicio del provecho personal del histrión y no a la inversa-). Esa silicona y botox y cirugía transex reclamados como prioridad para la sanidad pública (aquí se ve de una manera prístina cómo los comicastros con sus caprichos pretenden suplantar/alienar el terreno de las reivindicaciones sociales básicas hasta convertir la dialéctica de la lucha de clases -usualmente más cercana a Esparta que a Sodoma- en un ínfimo teatro de varietés). Esos mamarrachos paparachos elevados al rango de líderes de opinión por un perverso psicomengelismo, por unos criminales contra la condición humana travestidos de ingenieros sociales (cuando sólo son expertos en demoliciones del alma, en inocular inmunodeficiencias y virus emasculadores de la conciencia).

Las páginas paridas por Jaime nos hacen pensar en tantos momentos vividos desde el 82 hasta hoy mismo en nuestro país, en clave de pelotazos, de hipermercantilismo como parafilia, de pérdida de toda prioridad que no sea el medro personal y el placer entendido del modo más pedestremente antinatural (esto es, antiCULTURAL –esto es, CIVILIZADO hasta extremos terminales-).



Por supuesto, la novela de Jaime (en la que salen un Zurdo de evolianos ecos en su apellido –con un algo ambiguo, sorelianamente espectral, del Goldstein orwelliano o del Osama transmutado con la primera guerra del Golfo- y un Nicolás –tocayo de mi daimon Nicolás Sicodelo con un si es no es de crístico, esto es, de luciferino desde el prisma de la gnosis- que podrían perfectamente serme, sin pretenderlo en absoluto cuando el autor los imaginó, pura y dura realidad paralela –como la indefinición temporal y cosmopolita, de zona franca, de future passed, tan jüngeriana, que marca EUMESWIL y también propia de MALVANIA, sin olvidar la común mirada irónica del anciano teutón y el joven lobo mesetario, se producen desde el más completo desconocimiento de EJ por parte de Jaime hasta casi el día de hoy, lo que hace más sobrecogedora esa convergencia de evolución visionaria-) tiene un final feliz, según la pauta marcada por el imperecedero proverbio leninista: MAS VALE UN FINAL ESPANTOSO QUE UN ESPANTO SIN FIN. Porque todo final espantoso alberga en su entraña un nuevo comienzo. Sólo la aporía interminable supone el horror, el auténtico horror.

Pero mejor expresarlo en sus palabras. He aquí una somera selección:

COMUNICADO DE ZURDO SCEVOLA
«Yo traigo miedo y muerte para transformación vuestra. No deseo la sangre derramada como bien primero, sino como catarsis. Deseo como bien primero llegar al interior de cada hombre, mujer y niño de Malvania. Deseo como bien primero que alcancéis mi estado. Sé que muchos comprenderéis lo que os estoy diciendo, porque es lógico; aquellos que no me entienden son ignorantes que carecen de intelecto.
A mis amigos en todas partes les pido que recrudezcan sus actos para que la potencia cognoscitiva triunfe en Malvania y nos alcemos grandes, poderosos y triunfantes sobre la faz de nuestro mundo.
Miedo y muerte es lo que traigo.»

LA VOZ QUE HABLA A NICOLAS
«Sois vosotros los creadores de lo real. Si crees que no puedes y crees tener miedo de que acaben contigo y crees que la locura te acecha y crees que el único remedio es convertirse en mendigo: así será. Lo que tú has hecho, Nicolás, es tener la certeza de aprender sufriendo. Tú, que eres Corazón, pediste cambiar las cosas al tiempo que temías que las cosas te derrotasen. Y lo que pides, se te da; porque eres Corazón, muchacho, pero se puede avanzar sin sufrimiento. La vida es energía. Piensa en energía y no en ideas, Nicolás. No te quedes en el cuerpo de los símbolos: ¡traspásalos! Sé energía y habla con las energías. No te limites como hombre, Nicolás. Sé fuerza viva y deja de sentirte solo y especial. Te diré algo: la alegría es la única y verdadera señal del ser humano liberado. La alegría, Nicolás, la confianza, la risa. ¿Qué más puedo decirte? Todo está a vuestro alcance.
Ve, levántate y habla.»


EXABRUPTO DEL DOCTOR Q EN SU ANTIDIALOGO CON ESA MISMA VOZ
«¡Cállate! No escucho otra conciencia que la conciencia de mi beneficio.»




ALGUNAS CITAS QUE ME HAN VENIDO A LA MEMORIA LEYENDO «MALVANIA»

«Antonio piensa por mí.» (Alaska a propósito de Escohotado –una frase que habría hecho las delicias del doctor Q-)

«...a Schwartz le perdía no su inteligencia, que la tenía, sino su ultraliberalismo que un día, por ejemplo, lo llevó –tras un alegato del entonces ministro de Hacienda, Carlos Solchaga, según el cual las enmiendas que presentaba AP, de aprobarse, llevarían a la clase obrera a la hambruna- a exclamar desde su escaño “¡Pues que se mueran de una vez!”» (MEMORIAS DE UN MALDITO, Jorge Verstrynge)

«...en los ochenta se podía ganar tanto dinero que el cebo de la riqueza vencía cualquier comedimiento convencional. Alteraba literalmente el comportamiento, como si fuera una especie de campo magnético. En consecuencia, la posibilidad del estigma social se convirtió en algo irrelevante. La gente destruía el arte, traicionaba a los amigos, transgredía las leyes. Había demasiado dinero en juego. Era imposible resistir la tentación.» (EL CIRCO DE LA AMBICION, John Taylor)

«En nuestro mundo de epígonos de imperios decadentes y ciudades-estado envilecidas, el esfuerzo se limita a la satisfacción de las necesidades primarias. La historia está muerta, lo que hace más fácil la mirada histórica retrospectiva y la mantiene alejada de prejuicios, al menos para aquellos que han conocido el dolor y lo han dejado a sus espaldas.
»De otra parte, no puede haber muerto aquello que llenó la historia de contenido y la puso en marcha. Debe haberse trasladado desde el fenómeno a la reserva –a la cara oculta. Vivimos sobre un estrato fósil que puede, de improviso, empezar a escupir fuego. Probablemente todo es material combustible, hasta el centro.»
(EUMESWIL, Ernst Jünger)

«creo que la creación es también, simplemente,
una buena pregunta y una buena respuesta»

(MECAGOENTUPUTAMADRE, Gonzalo Escarpa)

«Howard Roark se echó a reír.» (así comienza EL MANANTIAL, de Ayn Rand)

lunes, 3 de agosto de 2009

CUESTION DE OLOR


(a Barbara Parkins)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)
(texto inédito escrito a fines del 2000)

«Dejadme volver a aquel suave y espléndido futuro que no ha pasado porque nunca ocurrió.» (RAYMOND CHANDLER)

El olor que despiden algunas caras desde la distancia. La distancia del couché arrugado, de la pantalla de tv, del monitor VGA.

El olor nos aturde, nos avasalla. Todo huele en esa presencia. La melena fosca, sedoso y espeso edredón. Los ojos entornados por la mucha e intensa vida (fingida ante las cámaras, vivida off the record... ¿qué importa?). La sonrisa, de entrada, indiferente (¿el mejor preludio a ulteriores atenciones?). La piel con tendencia a lo violáceo (más que a lo rosado) en los rincones y vórtices singularmente propicios al beso libador y compulsivo... ¿Pero cómo puede oler tanto una imagen, una carne que es (aquí, ahora) solamente virtual?




El olor de un aliento que se adivina sin conocerse. El olor de alguien que andará ya por los cincuenta y ocho años y a quien deseamos con ímpetus añadidos, no importa su aspecto actual (para nosotros siempre será la inquietante muchacha que asomaba fugazmente en aquella historia de espías dirigida por Huston, la ominosa sureña de aquellos grandes relatos televisivos que tanta turbación trajo a nuestra adolescencia, la venenosa Christina que llevaba a los incautos al agujero negro de la desdicha, la casquivana oficial en aquella localidad de provincias de la que partirían para buscar nuevos horizontes, aparte de ella misma, nombres como Leigh Taylor-Young, Mia Farrow o Ryan O’Neal...).

Nosotros, que amamos (desde nuestro fondo más femenino) a las mujeres de cabello fosco y sino fatal, vemos su rostro de carne virtual y su espigado misterio cuando adoramos a nuestras habituales diosas (la Ligeia del amigo Edgar, la Madame Hydra de los cómics Marvel, la Lilith que Jehová desechó en el Edén por insumisa, la Medea gratinadora de niños, la Nadine Cross de LA DANZA DE LA MUERTE...).




Hoy, en uno de nuestros primeros anadeos por la red, la buscamos como se busca a una vieja amiga a quien hace mucho que no se ve pero a la que nunca se olvida, como el poeta Cirlot hubiese buscado a Rosemary Forsyth de haber tenido uso de navegador. Y la encontramos en páginas web, en altares de adoradores, en perfiles biográficos, en reclamos de carne fresca ofreciendo sus imágenes más prohibidas. Nos enteramos de su ascendencia canadiense y nos sonreímos al recordar que otra de nuestras diosas más oscuras, turbadoras y lúbricas (Carole Laure) también comparte esa ascendencia.

La gente continuará sin saber de quién diantres hablamos cuando pronunciemos su nombre («¿Barbara Parkins?: no me suena») y eso nos la hace todavía más nuestra. A ella, a su expresión enigmática (de agitanada Gioconda), a su olorosa carne virtual.




ilustraciones: THE LEFT HAND

lunes, 27 de julio de 2009

LAS CANCIONES DE MI VIDA (27)


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

LA CASA DEL MISTERIO

intérpretes originales: ILEGALES
letra y música: Jorge Martínez

Vives en la casa del misterio,
cayendo con las sombras sobre ti,
cierras los ojos y ya te has hecho daño,
si tú te vas con quién voy a jugar,
no sé.

Vives en la casa del misterio,
oigo a la gente hablando siempre mal de ti,
yo tengo puños para defenderte,
si tú te vas a quién voy a cantar,
no sé.

Hay un extraño en mí,
donde está el crimen,
voy loco entre la oscuridad.

Vives en la casa del misterio,
cayendo con las sombras sobre ti,
cierras los ojos y ya te has hecho daño,
si tú te vas con quien voy a jugar,
no sé.

Hay un extraño en mi,
donde está el crimen,
voy loco entre la oscuridad.




ilustración: HEAD by Twisted (enmarcada por The Left Hand)



lunes, 20 de julio de 2009

LAS CANCIONES DE MI VIDA (26)


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

TRYPTICH

intérpretes originales: ROXY MUSIC
letra y música: Bryan Ferry

Here the soil is barren
Here - nothing grows
But crosses
They - know not what they do
You - your forgivenessFalls as dew
Nailed upon a wooden frame
Twisted yet unbroken
Open mounted a silent choir
Understood, unspokenNever was there heard a sound
Until the heavens opened
Now the tide is turning
To other-wordly yearning
Through the sun´s eclipse seems final
Surely he will rise again





ilustración: "WHAT TO DO WITH YOUR DEMONS", Melinda McCarthy


lunes, 13 de julio de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 4


DOS MIL AÑOS DE FELICIDAD (Mª Antonietta Macchiocchi)

Culo de mal asiento (como yo) y, por lo tanto, pletórica de enamoramientos y de decepciones. Amiga de preguntarse y de buscar la coherencia y consecuencia de las cosas (la mejor manera –lo sé por experiencia- de crearse enemigos). Fóbica ante la complacencia en la corrupción y ante la farisaica generación de nomenklaturas. Incapaz de disociar la política de los impulsos más viscerales (amor y odio). Buscadora errabunda y errónea (pero impenitente –hay errores que vale la pena repetir para no convertirse en una mierda-) de lazos familiares (también como yo –¡tantos momentos tropezando con la misma piedra!-) en el encuadramiento político, donde otros sólo se plantean acomodo apoltronado, sinecura, pelotazo... Antifascista (templada en el encuentro directo con el ocupante alemán en su adolescencia: nada de hooliganismos postmodernos de pijoprogres lectores de LA HAINE y camorristas de Tirso de Molina cada 20N) pero sin anteojeras (como suele ser todo lo auténtico si hay un mínimo de actividad neuronal de por medio), seducida por el escuadrista fundacional Malaparte desde su desencantada ironía y su común ilusión por la llamada pekinesa, sería inflexible lustros más tarde ante los pavoneos pro/misinos de Pannella, que la llevaron a romper su breve eurocomplicidad radical (tras décadas de tortuosa, autista e insubordinada militancia en el PCI) y refugiarse en el eurogrupo socialista (en plena euforia de la llegada al poder de Mitterrand –la misma euforia que llevaría al tristón cantautor Benito Moreno, sevillano de adn y bordelés de exilio, a arrancarse por sevillanas justo en aquellas fechas-). Amante platónica (en el sentido más filosóficamente literal del adjetivo) del último pensador marxista, Althusser (quien, con su uxoricidio, contraemulaba trágica e impremeditadamente la praxis de la última revolución emanada del comunismo –la revolución que acabaría con todas las revoluciones modernas-, la hiperextrema arqueoutopía del Angkar). Admiradora de Simone Weil, la ministra y eurodiputada superviviente de läger (con muñeca timbrada para acreditarlo), y atenta lectora de Simone Weil, la loca de Cristo, quien acabaría acercándola desde su ateísmo lleno de hormonas místicas a un quasi final de trayectoria ¿sorpresivamente? papista, enamorada de ciertos pronunciamientos de Juan Pablo II (esto ya queda fuera del volumen que nos ocupa, cuya historia acaba en el 82). Autora del primer libro apasionado sobre la Revolución Cultural, DE LA CHINA, como una década antes había escrito otro sobre la fugaz revolución iraní de Mossadeq, abortada ferozmente por los sicarios del sha y sus titiriteros británicos (mucho después, en pleno albor del jomeinismo triunfante, regresaría a Irán con una delegación de feministas francesas en pleno enragement antishador y acabaría dudando de la autoridad moral de la ayatolesa Beauvoir para condenar el uso del velo por las mujeres iraníes como desafío anticolonial frente a las pijiputas nostálgicas del Sha –siempre intentando ver el haz y el envés sin anteojeras: este capítulo sobre su paso por Irán en el 79 me trae recuerdos de aquellas crónicas de Teresa Aranguren en EL INDEPENDIENTE diez años más tarde, claramente posicionadas a favor de la Revolución Islámica frente a los chantajes occidentales proirakíes-). Del libro me impresionó especialmente su desmitificador retrato del artista del hambre Marco Pannella (de haberlo leído en el 87, nada más editarse en nuestro país, me habría ahorrado una de las experiencias más idiotas de mi ya de por sí ingenua saga política, mi ilusionada presencia como candidato en la Lista Antiprohibicionista de octubre ‘89, organizada por los radicales y pagada bajo mano por Berlusconi –la misma sensación de timo que sintió MAM con Pannella en aquel comienzo de los 80 la sentí yo cuando me enteré después de la verdad del cuento, de la responsabilidad pannelliana en la entrada en política de Berlusconi, o cuando vi al rey de los pacifistas simios de Ghandi exigir con caligulesca bulimia de maricona sádica bombardeos sobre Serbia en los 90 y, sobre todo, al seguir atónito el devenir de la pícara mercenaria Yolanda Alba, hoy bien afianzada en la cuadra de conversos buscavidas de Vidal y Losantos: ya saben, diviniza con ahínco a Hayek, desempolva el viejo juego de las dos Españas pero en clave de explotación mediática con un bloque adepto a EL MUNDO/la COPE y otro a EL PAIS/la SER, abomina de Maricomplejines por su débil oposición, escupe sobre Gallardón por criptosocialista y rcomienda el voto a... UPyD-). Y, last but not least, tampoco es moco de pavo su semblanza de Louis Aragon, poeta icono del PCF, con ese grimoso outing tras la muerte de su esposa/musa/excusa Elsa Triolet, que confirma las acritudes de la semblanza que el GILLES de Drieu daba del caprichoso y frívolamente demagógico poseur Cyrille Galant (que tanto nos recuerda en sus calculadas ambivalencias entre la transgresión y el cipayismo –sustituyamos el PCF por el grupo PRISA y todo cuadra- al santo patrón upedeo Fernando Savater). Como contrapartida a estos gayerismos acomodaticios y cínicos, la sombra pasoliniana, más amiga del riesgo que del confort, más cerca de la naturaleza luciferina (luciferinamente crística) que del lust polviestrellado, una sombra que MAM mima con unción a lo largo de todo el libro.

Tal vez esta mi tercera lectura del tocho autobiográfico macchiocchiano sea (desde la complicidad que dan las peripecias y los climaterios y los desengaños y las inasequibilidades al desaliento) la que más he disfrutado y con la que más he (son)reído.

MAM tocapelotas hasta el final. Follonera de corazón, de karma, no mero simulacro postmoderno por imperativo de audiencia. He ahí su grandeza, la de su continuum, por encima de las contingencias de yos y circunstancias.




ilustración: THE LEFT HAND

lunes, 6 de julio de 2009

LA "BUENA CONCIENCIA"




Cada día me resultan más arduos de soportar los alardes de buena conciencia. Ese infatuamiento, ese mirar de arriba a abajo desde la más abisal enanez, ese travestir las miserias (empezando por la cobardía a ir hasta el fondo de los problemas) en virtud cívica... Ese paternalismo, esa ramplonería farisaica de quienes se nos revelan carentes de todo misterio, de toda profundidad, de toda intuición propia (no hablo, conste, de los fanáticos, que tienen indiscriminadamente todo mi respeto en su cerrilidad sacra: me refiero a los filisteos, a los apoltronados en la petulancia cenital de lo correcto, a los que maquillan con ladriditos su nula vocación mordedora –tan preocupados en guardar la ropa que, más que nadar, se limitan a recular tras meter un piececito en el agua, eso sí, una reculada con aire digno y autocomplaciente, de gentes que nunca se equivocan, enfundados en el alibí de la democracia-).

El mundo cambia, el suelo tiembla bajo nuestros pies, nos acercamos a momentos de tabula rasa, de año cero, tiempos de adviento, cuando muchos de estos sacos de fatuidad se cagarán de miedo ante la esfinge cruel de un futuro que les resulta inconcebible. Volveré a encontrarme con rostros oscurecidos por el pasmo, como en aquella tarde del 12 de septiembre de 2001, camino del cinestudio California para ver AI, y como en aquella tarde, tan celiniana, me reconfortaré ante el desmoronamiento de las buenas conciencias, ante la vuelta al misterio y a la profundidad por mor del miedo a lo por venir. Ese miedo que muy pocos lo sentimos como parusía porque sabemos que eso que ha de venir, sea como y lo que sea, nos redimirá de un presente antiutópico en que la realidad se nos muestra como el más acolchado, obeso, conformista nido del cuco.







ilustración: KAY SAGE (Tomorrow Is Never)

miércoles, 1 de julio de 2009

MI DECLARACION MAS INCORRECTA



(por la que me condenaré forever and ever ante la ¿opinión?)


Mi idea de crimen contra la Humanidad (la más real, la más honesta, la más falta de retórica, la única que puedo y me da la gana admitir) me lleva siempre a pensar no en Auschwitz, en Karadzic o en el Gulag, sino en los inframundos mediático y publicitario aplicados a la política y al pensamiento.

«Así, de prueba en prueba, la filosofía iba a tener que enfrentarse con rivales cada vez más insolentes, cada vez más desastrosos, que ni el mismo Platón habría podido imaginar en sus momentos de mayor comicidad. Por último se llegó al colmo de la vergüenza cuando la informática, la mercadotecnia, el diseño, la publicidad, todas las disciplinas de la comunicación se apoderaron de la propia palabra concepto y dijeron: ¡es asunto nuestro, somos nosotros los creativos, nosotros somos los conceptores! Somos nosotros los amigos del concepto, lo metemos dentro de nuestros ordenadores. Información y creatividad, concepto y empresa: existe ya una bibliografía abundante... La mercadotecnia ha conservado la idea de una cierta relación entre el concepto y el acontecimiento; pero ahora resulta que el concepto se ha convertido en el conjunto de las presentaciones de un producto (histórico, científico, sexual, pragmático...) y el acontecimiento en la exposición que escenifica las presentaciones diversas y el “intercambio de ideas” a que supuestamente da lugar. Los acontecimientos por sí solos son exposiciones, y los conceptos por sí solos, productos que se pueden vender. El movimiento general que ha sustituido a la Crítica por la promoción comercial no ha dejado de afectar a la filosofía.»
(GILLES DELEUZE, FELIX GUATTARI “¿QUE ES LA FILOSOFIA?” –fragmento de la INTRODUCCION-)

«En política se ha convertido en habitual la ruptura de la continuidad. Apenas si se ha terminado de producir un acontecimiento cuando otro irrumpe en la escena. Un conflicto se superpone a otro, a un escándalo financiero se superpone un atentado terrorista, a éste una guerra, y así continuamente. La persona pierde la noción de la continuidad, en parte por la forma en que los acontecimientos le son presentados, es decir, en la forma en que es informado.
La persona apenas si puede asumir el presente como realidad y por tanto se encuentra incapacitada para reaccionar de forma adecuada. Los acontecimientos políticos, en su sucesión vertiginosa y en la forma grandiosa en la que son presentados se convierten en espectáculos. Vivimos entonces en un espectáculo continuo donde los límites entre la realidad y la ficción desaparecen. El escenario es el mundo entero y los espectadores somos todos. En este gran teatro del mundo lo irreal es percibido como real y ejerce sobre las personas la misma función que el mundo real y a la inversa. La frontera entre lo real y lo irreal desaparece o se convierte en tan imperceptible que la persona la cruza con tanta frecuencia que acaba por no saber en qué lado de la misma se encuentra.
Vivimos en una
sociedad del espectáculo que, con sus tecnologías de manipulación de la conciencia social, destruye en el hombre anomizado, es decir, en el individuo característico de las sociedades occidentales, la capacidad de percepción de la historia y de su propia experiencia histórica. Esta experiencia histórica y este conocimiento histórico son sustituidos por un eterno presente, donde domina lo aparente, es decir, el espectáculo. La historia no tiene sentido. Los acontecimientos pierden su secuencia lógica, no están vinculados entre sí, ni están vinculados con el pasado. La propia vida de la persona se convierte en espectáculo.»
(ANTONIO FERNANDEZ ORTIZ “CHECHENIA VERSUS RUSIA: el caos como tecnologia de la contrarrevolucion” –fragmento del capítulo “LOS MEDIOS DE COMUNICACION Y LA MANIPULACION DE LA INFORMACION. LA TRAGEDIA COMO ESPECTACULO”-)

«Cuando la sociedad que se proclama democrática ha llegado al estadio de lo espectacular integrado, parece que se la acepta en todas partes como realización de una frágil perfección. Así que ya no se la debe atacar porque es frágil; por lo demás, ya no es posible atacarla, porque es tan perfecta como jamás hubo otra. Es una sociedad frágil porque le cuesta dominar su peligrosa expansión tecnológica. Pero es una sociedad perfecta para gobernarla; la prueba es que todos cuantos aspiran a gobernar quieren gobernar precisamente esta sociedad, con los mismos procedimientos, y conservarla casi exactamente tal como está. Por primera vez en la Europa contemporánea, ningún partido ni fragmento de partido intenta ya ni tan siquiera fingir que pretende cambiar algo importante. Nadie puede ya criticar la mercancía: ni en cuanto sistema general, ni tan sólo como baratija determinada que a los jefes de empresa les haya convenido lanzar al mercado en ese momento.
En todas partes donde reina el espectáculo, las únicas fuerzas organizadas son las que quieren el espectáculo. Ninguna de ellas puede ser ya, por tanto, enemiga de lo que existe ni transgredir la
omertà que afecta a todo. Se ha acabado con aquella inquietante concepción, que había prevalecido durante más de doscientos años, según la cual una sociedad podía ser criticable y transformable, reformada o revolucionaria. Y eso no se ha conseguido gracias a la aparición de nuevos argumentos, sino simplemente porque los argumentos se han vuelto inútiles. Por tal resultado se medirá, más que la felicidad general, la fuerza formidable de las redes de la tiranía.»
(GUY DEBORD, “COMENTARIOS SOBRE LA SOCIEDAD DEL ESPECTACULO”)

«La producción ininterrumpida de positividad tiene una consecuencia terrorífica. Si la negatividad engendra la crisis y la crítica, la positividad hiperbólica engendra, a su vez, la catástrofe, por incapacidad de destilar la crisis y la crítica en dosis homeopáticas. Cualquier estructura que acose, que expulse y exorcize sus elementos negativos corre el peligro de una catástrofe por reversión total, de la misma manera que cualquier cuerpo biológico que acose y elimine sus gérmenes, sus bacilos, sus parásitos, sus enemigos biológicos, corre el peligro de la metástasis y el cáncer, es decir, de una positividad devoradora de sus propias células, o el peligro viral de ser devorado por los propios anticuerpos, ahora sin empleo.
Todo lo que expurga su parte maldita firma su propia muerte. Así reza el teorema de la parte maldita.
»
(JEAN BAUDRILLARD, “LA TRANSPARENCIA DEL MAL” –fragmento del capítulo “EL TEOREMA DE LA PARTE MALDITA”-)




LA RULETA MEDIATICA
QUE UN DIA CREA HEROES
Y AL OTRO, GARRAPATAS

(dan pie a esta entrada las campañas de insultos –en buena medida, gemelas desde su simetría antípoda y desde su demagógica carencia de autoridad moral por parte de quienes las han organizado- contra Alfonso Sastre por su artículo y contra Jesús Neira por su intervención en el programa de Fernando Sánchez Dragó –artículo e intervención perfectamente honestos desde la circunstancia y el compromiso respectivos, en contraposición a los motivos turbios y venales, sea mantenimiento de pesebre sea arribismo sediento de poltrona, de quienes han ideado estas campañas, arrastrando y manipulando emociones más que reflexiones tanto de un signo como de otro-)