lunes, 11 de enero de 2010

PREMIOS

(escrito en plena digestión de las celinianas "CONVERSACIONES CON EL PROFESOR Y" –tercera relectura-)


Siempre me he preguntado la razón de que gente con alguna obra notable, fresca, plena de indiosincrasia, cuando se presentan a ciertos premios y los ganan o quedan finalistas, nos ¿regalan? con un material adocenado, previsible, absolutamente falto de personalidad, intercambiable con otros ladrillos ganadores no menos carentes de magia, como si, bajo la firma del autor, fuese un comité de monos cableados por ordenador (cuya terminal desembocase en el departamento de mercadotecnia de la editorial que promueve los premios) quienes realmente escribiesen aquello que unas veces firma Mengano y otras Zutana.


Yo sería incapaz de vincularme a la expectativa de ganar un premio siguiendo tal dinámica simiesca. De hecho, cuando me he presentado a algún certamen, lo he hecho siempre con material profunda, casi intransferiblemente mío, rayando en el autismo.


La primera vez ocurrió en el 75, poco antes de abandonar los estudios y de zambullirme en la vorágine de la contracultura. Era una edición del HUCHA DE ORO, concurso de cuentos promovido por las Cajas de Ahorro. Presenté, bajo el título "LAS FACETAS DEL DIAMANTE/LOS ANILLOS DE LA LOMBRIZ", una serie de lo que hoy llamo HAIKUentos. Como ni siquiera quedé finalista aquel material acabaría goteando desde entonces a hoy en revistas más o menos underground, desde aquella "MMM...!!!" del 76/77 o los "CUADERNOS PROMETEO" de comienzos de los 80 hasta el último nº de "EL DODO", pasando por alguna entrega del suplemento de humor del "ABC" allá por el 84/85.


En el 76 me presenté a un concurso de chistes políticos de "GUIA DEL OCIO" y (única vez y sin servir de precedente) ¡¡¡lo gané!!! El premio consistía en publicar una tira fija, pagada, por tiempo indefinido. Muy influido en el grafismo por Juan Carlos Eguillor y en la historia por la ebullición política del momento y por mis incipientes obsesiones de sagas familiares aristocráticas regidas por hembras entre mutantes y anómalas (obsesiones que años más tarde serían mimbres para novelas como "FE JONES" o "LA CANCION DEL AMOR" y que esta primera vez generaron la saga de las Balboa –dos hermanas, Wanda y Almudena, inspiradas en mi doble pasión por la Victoria Abril de la época y por una compañera de Artes y Oficios tirando a megapija con un aire a la esposa del cardiólogo Barnard-), todo ello dio pie a "TALAMI", extraño híbrido entre lo que no mucho después desarrollaría en mi folletín marginal "EL NACIMIENTO DE LA ESCUELA DRAGO" (delirio de política/ficción con veleidades filosófico/eróticas, légamo primordial de las ya mentadas "FE JONES" y "LA CANCION DEL AMOR") y morcillas políticas del momento (que, desde la distancia que dan el tiempo y la mejora de estilo, hoy compararía con esas películas de Mariano Ozores y/o José Ramón Larraz en las que se encajaban sin venir mucho a cuento puyas astracanescas sobre hitos biodegradables de la Transición). A la quinta entrega alguna de tales morcillas debió de molestar al muy progre comité de redacción, porque me dieron la boleta sin explicación alguna. De cualquier modo, me fui contento con mis tres mil pesetas semanales por tira (lo primero que ganaba con mis energías creativas y delirantes).


En el 78 Carlos Berlanga me animó a presentarme a la 1ª edición de LA SONRISA VERTICAL que organizaba su padre y, en un pispás, terminé "EL FALLO A LA GINETA", trío de cuentos (la fantasía épica "LAS EFEBAS POTOTEAS SE ENFRENTAN A LAS FEROCES INSTITUTRICES LESBIANAS DE MELBOURNE" –explosiva mezcla de "PINK FLAMINGOS", "LA MATANZA DE TEXAS" y "TRES MUJERES", más ecos australianos en el paisaje de "RAZORBACK", serie b sobre un jabalí asesino, y con un título basado en los cómix de moteros de Spain Rodríguez que a la sazón publicaba la revista "STAR": acabaría en manos de Fernando P. Fuenteamor para su fanzine "ZIKKURATH"-, el relato pedé "YO CANGURO" –inédito sin remisión, pues lo debí de extraviar en alguna mudanza, y en el que evocaba al efebo que no mucho después me inspiraría el "PARA TI"- y "TALAMI" –que aparecería en mi primer libro publicado, "TODOS LOS CHICOS Y CHICAS: HISTORIAS DE LA NUEVA OLA", y donde hacía mis primeros pinitos como caníbal amoroso ya desde el título, juego palabrero entre tálamo y salami: aquí se puede disfrutar de la versión revisada que apareció en el 97-) que (según me dijo Carlos) gustaron mucho a don Luis (por considerarlas de lo poco original presentado al concurso –esto es, sin madera de plagio sadiano o de "LAS AMISTADES PELIGROSAS"-) pero irritaron profundamente a Juan Marsé, quien desde entonces sería mi Némesis en ese certamen, al cual me presentaría en dos ocasiones más (en la 3ª edición, con "LOS ESCRUPULOS DE MR HYDE", un tórrido delirio erótico/onírico/caníbal -¿mi propio y peculiar laberinto de pasiones?- a mayor gloria de Carlos, de Eduardo Benavente y de una Alaska entreverada con Eva Ionesco –y con algo también de la Bilbao de Bigas Luna por sus aplicaciones como mueble colgante-: aquí tal vez la torridez se anteponía a la calidad, porque en el 84, cuando lo leyó Eduardo Haro Ibars cara a una posible edición en Libertarias, me desaconsejó enseñárselo a Antonio Huerga con estas palabras: «como novela, deficiente, y como carta de amor, encantadora aunque un poco larga»-; finalmente, en el 90 me presenté con una primera versión de LA CANCION DEL AMOR, obra de la que me sigo sintiendo bastante orgulloso tanto en el fondo como en la forma –de hecho, la considero lo mejor de mi narrativa-, aunque, por supuesto, no se comiese un rosco a ojos del jurado).


En el 84 un capítulo de mi por entonces inédita MARY ANN (aparecida en el 85 en Libertarias y hoy reeditada íntegra en la antología EL ETERNO FEMENINO) quedó segundo en un concurso de cuentos de LA LUNA DE MADRID. Es curioso: no recuerdo haberme presentado al concurso como tampoco recuerdo en qué consistió el premio, si es que lo hubo.


A fines de los 80 presenté un poemario a un oscurísimo concurso que, al parecer, gané. El premio: la edición de la obra. La letra pequeña, que te decían tras ganar: la edición costeada por el autor. Obviamente, decliné la generosa oferta (acababa de perder por entonces un millón de pesetas con las tribulaciones de mi grupo PROYECTO BRONWYN).

Después, lo dicho, el tercer cateo en la edición de LA SONRISA VERTICAL fallada en el 91.

Finalmente, en el 99, la selección de un trabajo hecho a Photoshop y Pagemaker (su título "¡MENUDA GILIPOLLEZ!" –primeros intentos de prionización lefthanded-) en el III concurso de Cómics No Sexistas de Donostia. Lo recogieron (junto con el ganador, el áccesit y otros ocho más) en un cuadernillo primorosamente editado. Algún día, si me da la ventolera, lo escaneo y lo cuelgo por la web shadowliner.


Fue la última vez que me presenté a algo con expectativas de premio.


No sé, leyendo las diatribas del antiGoncourt Destouches frente al coronel de muelle flojo, me ha apetecido este viajecito (de pompas explotadas y vanidades frustradas) por mi castillo de la memoria.



2 comentarios:

especies dijo...

Da qué pensar que justo de ese premio en el que quedaste segundo no recuerdes los detalles, parece un tema para un cuento moralizante o arabizante o ambas cosas, como si lo fundamental de los triunfos fuera enseñarnos a olvidar (y vivir como pajarillos). También me hace pensar en ese haikuento de Lin Yutang que dice que el buen viajero es el que no sabe adónde va, pero el viajero perfecto es el que no sabe de dónde viene.

Otra cosa que me llama la atención es la aparición de Juan Marsé como jurado revientapremios, pues es famosa su intervención en el jurado del Planeta, precisamente el premio prototípico de lo que comentas en el primer párrafo.

No puedo dejar de mencionar mi sorpresa al leer lo del premio de cómics no sexistas, aunque viviendo en este país no se de qué me escandalizo.

Cómo molan los títulos.

el zurdo dijo...

Decidido: en la próxima actualización cuelgo mi cómic "no sexista". Ya lo he maquetado cara al ciberespacio y queda muy chupi.

Siempre he tenido bastante fortuna para idear títulos molones, así como para la hermenéutica más libérrima. Supongo que, de haber vivido en Hollywood o de haberme dedicado a la creación de slogans publicitarios o políticos (aquí también me habría valido la hermenéutica: de hecho la manipulación de los fachas solía ir por ahí, por "ordeñarme" alguna frasecita brillante y transversal que luego ellos mismos, con su propia burricie, no sabían explotar a fondo), lo mismo me habría ido mejor. Es lo malo de tener aptitudes que no acaban de casar con tu destino existencial.