lunes, 8 de febrero de 2010

LA HORUGA

[haikumenaje a Agustí Villaronga, tras leer la subyugante biografía de Pilar Pedraza que me pasó Dildo]

El Tiempo, esa bufanda urticante, nos amadeja en su abrazo: vida y deseos, muertes y culpa, nostálgicas esperanzas de redención por la Falta anterior a toda memoria que los días se empeñan en pasarnos por las narices. El Tiempo, apretada lid, nos ciñe y prepara, bien ajustados, guarnecidos y chorreantes de jugos, para el Ultimo de los Días como pavos de Acción de Gracias al filo del horneado final.

7 comentarios:

lisis dijo...

Va a resultar que el joven Heidegger llevaba razón al pensar que el ser-ahí está arrojado al tiempo, y, por ende, a la existencia. Aunque, sinceramente, la concepción del tiempo, en nuestra jaula occidental,ha variado radicalmente, quizás, por mediación de San Agustín, el cual buscando enhebrar lo cristiano quebrantó el sentido del tiempo cíclico del cual tanto griegos como zoroástricos tan orgullosos estaban; Nietzsche, más pagano que cristiano, ya lo señaló. De todas maneras, en el primer libro de la POLITEIA,esto es REPÚBLICA, del divino Platón, en boca del anciano Céfalo, se hacen muy buenas consideraciones en relación a tiempo y memoria,consideraciones, que a mi humilde entender, denotan que el tiempo para el hombre es un asunto intratable "in perpetuum". Para la previsión del tiempo, no obstante, siempre nos queda el hombre del tiempo de cualquier desinforamtivo local o estatal; y para ampliar nuestro conocimiento del futuro nos queda esos Museos de la existencia que son los asilos, los cuales no existían en la amada antigüedad.

el zurdo dijo...

Debo puntualizar que este haiku tan filosófico me salió casi en trance tras leer ese libro. Como ya te dije, soy poco intelectual y muy intuitivo. Sólo a través de determinadas artes "menores" (una película, un cómic, una canción...) que, en algún momento, pueden activar mi "lóbulo del pensamiento abstracto" (pero que muy abstracto -yo soy mayormente figurativo, adepto a la línea y no a la mancha, y a la melodía mejor que al ruido-), puedo llegar a determinada altura de síntesis en la observación. Aunque, lo mismo, la filosofía primitiva empezó así. Lo dicho, soy muy poco moderno.

Limbo Piedra dijo...

Pienso a menudo que ser ancestral y mitológico es, sobr todo hoy, la única y gran modernidad.

He oído y leído, por lo demás, que el tiempo es el rumoreo del alma (W.G.Sebald, "Austerlitz); pero eso me parece demasiado poético para que nos sea util. Ya no creo si quiera que el tiempo sea una señal de tráfico, como opinaba hace años. Considero que el tiempo no transcurre en absoluto; no pasa el tiempo, son los hechos los que pasan: No el tiempo.

DIA-NOCHE AD CALENDAS.
No hay días si no El Día
ni noches si no La Noche
siempre los mismos impasibles
desdeñosos
de los pequeños irrisorios nombres
arrojados a su rostro sin fondo
lunes jueves octubre primavera año dos mil !!!
bonitos e inservibles quitapánicos
envejecideros.
Día-Noche ad calendas
perennes
testigos
nuestros.

Playa Azul, Michoacán. Algún día de Abril, 1997. Limbo Piedra

pd: insisto, la modernidad está en el mito y en lo ancestral.

el zurdo dijo...

Estoy con la pd: la modernidad no es lo mismo que la modelnez y, si no es categoría y sólo anécdota, no me vale. El gran pecado de la postmodernidad es intentar derruir las categorías y colocar en su lugar a las anécdotas. Siempre ocurre así en finales de ciclo y siempre todo vuelve a su lugar porque nada menos anecdótico que la espiral en que nos vemos inmersos desde el principio del principio.

Limbo Piedra dijo...

A mi un reloj cuyas agujas se mueven pero marcan una hora distinta a la oficial me parece un reloj más sincero y próximo al concepto del tiempo

Con tal de que las agujas se muevan, da igual la hora que marque el reloj

Y otra cosa, como bien sabréis, a menudo uno va tan deprisa que tiene que detenerse para que su destino le alcance. Así que relax.

Ah, "El reloj es un motivo para que nuestras actividades no se desplieguen según un ritmo natural". El hombre sin atributos. Robert Musil.

paisajescritos dijo...

Lo del gran pecado de la posmodernidad... yo tengo la sensación de que fue un cúmulo de ocurrencias -algunas con su gracia, la verdad-, más que de ideas.
Sobre A Villaronga, me asalta la duda ¿viene en la biografía? qué pasó con su guión para la vida de Gil de Biedma, que no cuajó, y que ahora se ha materializado en esa otra película (El cónsul de Sodoma). Sé que Marsé no estaba conforme con su dibujo en el texto de AV, pero es que Marsé nunca está conforme: claro, que tiene su lógica el que haya echado pestes sobre las adaptaciones de Trueba (Embrujo de Shangai) y las infinitas de Aranda (que no aprende).

el zurdo dijo...

El libro acababa precisamente dando como un proyecto relativamente seguro la película sobre Gil de Biedma, de ahí mi extrañeza (expresada en la tertulia santoñesa) por esta película, también atacada por Marsé, que la ha acusado (seguramente, con razón) por su enfoque chafarderamente gay. Me da la impresión que se desechó a AV por excesivamente anómalo (¿qué esperaban de este señor, algo a lo Almodóvar?) y se optó por una visión más convencionalmente "tomatosa" del poeta (visión que agradará -lo dije en la tertulia- a la misma gente que agradó el CARBONO 14 de las Vainicas). Al final, en esta España de mierda, la dictadura consumista de las heces sodomitas (que, con su relumbrón, insultan al resto de homosexuales -ahí el propio AV-) es lo que tiene. Luego se extrañan de los pendulazos... En el Berlín de Weimar pasó otro tanto y luego vino lo que vino.