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sábado, 3 de agosto de 2019

ALGUNAS REFLEXIONES A PARTIR DE LA LECTURA DE LAS MEMORIAS POLITICAS DE LANUSSE


Tal vez los tres momentos en que los poderes en Argentina han tratado de desarrollar una mayor voluntad de consenso y participación sin buscar ni revanchismos ni conatos de guerra civil hayan sido las etapas presididas por Frondizi, Lanusse y Alfonsín, todas ellas etapas "de Transición" (en el sentido que podamos dar a la Transición española comandada por Adolfo Suárez). La llegada del primer peronismo tendría más que ver con las de Mussolini y Hitler o la de Allende en Chile, en tanto que supone el dominio temporal de una mitad del país sobre la otra mitad, desde la ambivalencia de unos comicios/refrendos y unas ulteriores acciones de consolidación/represión por parte del Ejecutivo que en buena medida desnaturalizan el presunto origen de apoyo electoral: la gran virtud del peronismo, la integración de las clases más desfavorecidas en la dinámica nacional, en España la desarrollaría el franquismo (tras el neto precedente de su victoria militar, sin las ambigüedades mentadas) primero con el uso calculadamente demagógico de los discursos más radicales de su mixtura movimientista (falangismo y comunitarismo carlista) y más adelante con el desarrollismo vinculado a sectores cristianos (Opus y Propagandistas) hasta asegurar su amplia base social con la desmovilizada clase media. En algunos aspectos, el franquismo anticipa a la China postmaoísta y su síntesis de capitalismo instrumental bajo la dirección férrea del Partido Comunista y se aproxima (hasta tomarla en buena medida como modelo durante el tiempo de mayor protagonismo institucional de Carrero Blanco) con la V República presidida por De Gaulle.

De las tres situaciones argentinas mencionadas, pienso que la más honestamente defensora de la estabilización de un pluralismo político consensuado y pactado y libre tanto de ambiciones personales no exentas de aventurerismo (Frondizi) como de la conciencia apriorística de impotencias condicionantes (Alfonsín) fue el diseño de Lanusse desde los prolegómenos del derrocamiento de Onganía hasta la toma de posesión de Cámpora (derrota en buena medida del proyecto lanussiano -pero también victoria formal en el sentido de resistirse a una nueva yugulación golpista y mantener la palabra dada de encauzamiento hacia un protagonismo de los partidos y la sociedad civil, encauzamiento que los hechos harían imposible por culpa de la subversión guerrillera y de la espástica gestión del último Perón- y que, traducido al modelo postfranquista, sería dicha asunción de Cámpora una agridulce mezcla de primeras elecciones del 77 envenenadas con el zapaterismo surgido del 11M).

Y ha de destacarse que el único momento en que Argentina ha tratado de luchar contra la subversión violenta desde la ley y sin atajos "sucios" fue en la etapa de Lanusse con la creación de la Cámara Federal para juzgar y encarcelar, sin masacres ni "desaparecidos". En nuestro país habría que esperar a la gestión antiterrorista de Aznar para hallar un modelo similar que uniese firmeza, respeto a la ley y ausencia de complejos a la hora de aplicar la ley sin dejarse permear por chantajes nacionalistas (aún más patente, si tocamos este tema, el nexo entre el brusco sesgo anárquico con la llegada de Cámpora y el 11M).

Como ya he dicho en otra ocasión, es sintomático de la nula voluntad argentina de regeneración y su obstinación en pendular entre pasados errores demagógicos (a diestra como a siniestra) la escasa valoración en el imaginario político de la figura de Lanusse. Si pensásemos en alguien del ámbito castrense similar en el plano español, se me ocurre la figura (en buena medida también olvidada) de Manuel Díez Alegría (alternativa más válida, a mi juicio, que Gutiérrez Mellado como garante militar de la Transición por su mayor ascendente en el Cuerpo y más estabilidad emocional y que "no pudo ser" por su defenestración en el caos tardofranquista que siguió a la muerte de Carrero).

También se me dirá que, siendo tan forofo de la experiencia peruana de Velasco Alvarado, cómo opto por Lanusse frente a los sectores que se le oponían desde posiciones "nacionalistas" presuntamente afines al modelo peruano: algo que he aprendido con el tiempo es que cada país vive su circunstancia y las salidas del hoyo de maneras muy diferentes en la forma (aunque muy en el fondo la intención regeneracionista sea idéntica) y así, en una misma época pueda valorar a figuras tan diversas como Lanusse para Argentina, Velasco para Perú, Carrero para España y Nixon/Kissinger para los USA y el reequilibrio planetario entre superpotencias. Y, refiriéndome a esa misma época, también la siento huérfana de la figura de De Gaulle por causa del infausto maidan del 68. 



lunes, 14 de agosto de 2017

SARTRE M.D.? (oh, esa profesión tan celiniana...)


[Esta noche he soñado con una película imposible basada en un libro absurdo. En el sueño aparecían Sartre, Céline, Gregory House... La película estaba dirigida y adaptada al alimón por Jaime de Armiñán y Fernando Fernán-Gómez. Producía (y también intervenía en el guión) José Luis Borau. De Céline hacía ese actor norteamericano de rasgos tan celinianos, Richard Kiley. Se dedicaba bastante atención a Céline pero sin acritud, en plan "abogado del diablo". Tengo constancia de que esa película nunca se ha hecho pero, al despertarme, se me ocurrió buscar en el Google un libro así. Y resulta que el libro sí existe. Absurdo, escrito (¿escrito?: dada la cantidad de material ajeno recuperado, más trabajo de montaje que de creación, pero la intención es lo que cuenta) por alguien insospechado y ajeno a las más incorrectas obsesiones celinianas, sin un provecho claro (según los "cánones establecidos") en cuanto al tratamiento de la figura de Destouches (lo dicho hace un momento sobre lo que cuenta la intención). He hecho un paréntesis en mis lecturas sartreanas y me lo he tragado de un tirón. Creo que de todo esto saldrá en breve una entrada para mi blog...]  AUTOCITA: post en Facebook hace unos días...



"Soy así. No hay más" (GREGORY HOUSE)

"Tú eres tú, tu vida, y nada más." (J.P.S.)


Cuanto más profundizo en Sartre lo que más me acerca a él es lo que tiene de House y lo que me resulta más ajeno es aquello que asocio con el demiurgo políticamente correcto que pretende hacer de House algo "mejor", más "reeducable" (esto es, más impostor de sí mismo). AUTENTICIDAD: me atengo a este término sartreano encarándolo a REINVENCION, eterno reproche en la trayectoria de Sartre. Hay ambas cosas en lo que voy leyendo. Me quedo con lo que siento como más auténtico (esto es, más incómodo a los ojos de la siempre pornográfica "buena conciencia progresista", esa que al final acaba desembocando por sobreactuación degenerada en el caligulesco sadismo de los twitters de Cassandr@ y otros freaks podemitas -¿última vuelta de tuerca de lo que algunos han entendido por inconformismo sartreano?-). 





Me gusta esa pudibundez exhibicionista, tan alienígenamente dandy, un punto diogeniana, con que House carga con la cruz de su pierna. Por el momento todavía no sé cómo cargaba Sartre con la de su ojo pipa (¿tal vez hay algo en REFLEXIONES SOBRE LA CUESTION JUDIA donde se intuye, en su taimada ¿calidad? chapliniana de "judío honorario", que "respira por la herida" usando las afrentas ajenas para lamerse las propias? -una herida seca, momificada, que no sangra ni duele salvo en el ego maltrecho por la mirada de los otros, a diferencia del dolor físico, estigmático, concreto y constante, como la trepanada cabeza de Destouches, que House palia con Vicodina: a estas alturas de mis lecturas, aún sin llegar a la década de los 50, sigo pesquisando la Vicodina de Sartre, ¿me atrevo a presumir que ambiciones políticas de un solipsismo "egoplatónicamente" tercerista en ese momento de desahogo inaugural de su revista/plataforma LES TEMPS MODERNES, con resabios troskizantes y escocimiento de los ataques del vocero estaliniano Garaudy, con esas nostalgias vicarias por el poderío "asesor" de los intelectuales franceses en el XVIII? ¿y después? a suivre...-).





"Prefiero ¿equivocarme? a favor de House 
a ¿acertar? con quienes desean afeitarlo de barba y de cuerna." 
(paráfrasis de cierto dicho popular sobre Sartre y Raymond Aron)

jueves, 1 de octubre de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 6


LA CIUDAD Y EL PILAR DE SAL (Gore Vidal)

Libro el más remoto y el más cercano para cerrar esta canícula tardía. Que me atañe hasta la médula y no me atañe en absoluto. La Otra Mitad especular, homoerótica, que tanto obsesiona a Gore Vidal la comprendo, me cabe, me encaja hasta el último ápice, hasta la empuñadura, pero no como la expresa el autor, con ese género ni con esa realidad (y la empuñadura no fálica sino clitoridiana). Bob Ford, en mi caso, no existe salvo como posibilidad y, además, es una mujer, la Mujer. Mujer pero no polo sino espejo (espejo oscuro, radiográfico –radiografía del ánimo, de mis interiores más inaprensibles-). Mujer y efebo (si pienso en aquellos momentos no consumados, tan sólo esbozados, que acabarían pocos años más tarde dando lugar al PARA TI, quizás el vínculo con la arcadia que representa Bob Ford sea más exacto, más literal, sin tornavueltas moebianas). Pero ese efebo (cuyo rostro parecía intercambiarse ante mis ojos con el de Veronique Sanson en la época de su primer álbum -como aquel imberbe condiscípulo de gafas y aire corvino no mucho antes me había hecho fetichista de esa prótesis en tantos futuros rostros femeninos-) fue menos categoría que reflejo, a su manera perversa y polimorfa, inacabada en su dulce indefinición (tan indefinida como esos escasos varones adultos, maternales en su justo punto, cuya atracción puedo reducir a una sola muestra paradigmática, el Burt Lancaster de CONFIDENCIAS arropando a un Helmut Berger malherido), de mi Bob Ford primordial, transexuado, de diosas poco femeninas según los cánones (por su mucho pelear o su mucho cavilar y su nulo tiempo para el maquillaje –salvo que éste supusiese también una lid profundamente premeditada, sin sombra de rutina, mimada a la categoría de Arte-), diosas que serían también Ligeia, y Madame Hydra, para acabar por resumirse en la Lilith de cabellos de Tiempo que conocí tan profundamente antes de tener conocimiento... Jim Willard no encaja en ningún nicho anómalo, en ningún tópico jocoso, es más bien aburrido por su dificultad para el etiquetaje. Su reserva es constante y su peripecia le lleva (en su condición de estatua de sal, rehén de un paraíso pubescente más pleno de fantasías exploratorias y polimorfos frottages que de rutinarias certezas abocadas al consabido y mecánico taladro) a relaciones con algo de frigidez emocional (en su falta de entendimiento con la sarta de circunstanciales otredades), peregrinando pasiva/agresivamente sin final feliz, en pos de una vuelta a ese momento que nunca ha de repetirse. En mi caso, como ese momento nunca existió (ni siquiera como autoengaño a deux) en el plano real, tengo pleno derecho a continuar persiguiéndolo, a equivocarme, a ilusionarme equivocándome. Bob Lilith seguirá, eterna, femenina, antes, después que yo. Espejo de paradojas.




«...Estaba de nuevo junto a un río, consciente por fin de que el objetivo de los ríos es desembocar en el mar. Nada cambia jamás. Pero nada de lo que existe puede volver a ser igual que antes...» (frases pertenecientes al párrafo final del relato)

lunes, 13 de julio de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 4


DOS MIL AÑOS DE FELICIDAD (Mª Antonietta Macchiocchi)

Culo de mal asiento (como yo) y, por lo tanto, pletórica de enamoramientos y de decepciones. Amiga de preguntarse y de buscar la coherencia y consecuencia de las cosas (la mejor manera –lo sé por experiencia- de crearse enemigos). Fóbica ante la complacencia en la corrupción y ante la farisaica generación de nomenklaturas. Incapaz de disociar la política de los impulsos más viscerales (amor y odio). Buscadora errabunda y errónea (pero impenitente –hay errores que vale la pena repetir para no convertirse en una mierda-) de lazos familiares (también como yo –¡tantos momentos tropezando con la misma piedra!-) en el encuadramiento político, donde otros sólo se plantean acomodo apoltronado, sinecura, pelotazo... Antifascista (templada en el encuentro directo con el ocupante alemán en su adolescencia: nada de hooliganismos postmodernos de pijoprogres lectores de LA HAINE y camorristas de Tirso de Molina cada 20N) pero sin anteojeras (como suele ser todo lo auténtico si hay un mínimo de actividad neuronal de por medio), seducida por el escuadrista fundacional Malaparte desde su desencantada ironía y su común ilusión por la llamada pekinesa, sería inflexible lustros más tarde ante los pavoneos pro/misinos de Pannella, que la llevaron a romper su breve eurocomplicidad radical (tras décadas de tortuosa, autista e insubordinada militancia en el PCI) y refugiarse en el eurogrupo socialista (en plena euforia de la llegada al poder de Mitterrand –la misma euforia que llevaría al tristón cantautor Benito Moreno, sevillano de adn y bordelés de exilio, a arrancarse por sevillanas justo en aquellas fechas-). Amante platónica (en el sentido más filosóficamente literal del adjetivo) del último pensador marxista, Althusser (quien, con su uxoricidio, contraemulaba trágica e impremeditadamente la praxis de la última revolución emanada del comunismo –la revolución que acabaría con todas las revoluciones modernas-, la hiperextrema arqueoutopía del Angkar). Admiradora de Simone Weil, la ministra y eurodiputada superviviente de läger (con muñeca timbrada para acreditarlo), y atenta lectora de Simone Weil, la loca de Cristo, quien acabaría acercándola desde su ateísmo lleno de hormonas místicas a un quasi final de trayectoria ¿sorpresivamente? papista, enamorada de ciertos pronunciamientos de Juan Pablo II (esto ya queda fuera del volumen que nos ocupa, cuya historia acaba en el 82). Autora del primer libro apasionado sobre la Revolución Cultural, DE LA CHINA, como una década antes había escrito otro sobre la fugaz revolución iraní de Mossadeq, abortada ferozmente por los sicarios del sha y sus titiriteros británicos (mucho después, en pleno albor del jomeinismo triunfante, regresaría a Irán con una delegación de feministas francesas en pleno enragement antishador y acabaría dudando de la autoridad moral de la ayatolesa Beauvoir para condenar el uso del velo por las mujeres iraníes como desafío anticolonial frente a las pijiputas nostálgicas del Sha –siempre intentando ver el haz y el envés sin anteojeras: este capítulo sobre su paso por Irán en el 79 me trae recuerdos de aquellas crónicas de Teresa Aranguren en EL INDEPENDIENTE diez años más tarde, claramente posicionadas a favor de la Revolución Islámica frente a los chantajes occidentales proirakíes-). Del libro me impresionó especialmente su desmitificador retrato del artista del hambre Marco Pannella (de haberlo leído en el 87, nada más editarse en nuestro país, me habría ahorrado una de las experiencias más idiotas de mi ya de por sí ingenua saga política, mi ilusionada presencia como candidato en la Lista Antiprohibicionista de octubre ‘89, organizada por los radicales y pagada bajo mano por Berlusconi –la misma sensación de timo que sintió MAM con Pannella en aquel comienzo de los 80 la sentí yo cuando me enteré después de la verdad del cuento, de la responsabilidad pannelliana en la entrada en política de Berlusconi, o cuando vi al rey de los pacifistas simios de Ghandi exigir con caligulesca bulimia de maricona sádica bombardeos sobre Serbia en los 90 y, sobre todo, al seguir atónito el devenir de la pícara mercenaria Yolanda Alba, hoy bien afianzada en la cuadra de conversos buscavidas de Vidal y Losantos: ya saben, diviniza con ahínco a Hayek, desempolva el viejo juego de las dos Españas pero en clave de explotación mediática con un bloque adepto a EL MUNDO/la COPE y otro a EL PAIS/la SER, abomina de Maricomplejines por su débil oposición, escupe sobre Gallardón por criptosocialista y rcomienda el voto a... UPyD-). Y, last but not least, tampoco es moco de pavo su semblanza de Louis Aragon, poeta icono del PCF, con ese grimoso outing tras la muerte de su esposa/musa/excusa Elsa Triolet, que confirma las acritudes de la semblanza que el GILLES de Drieu daba del caprichoso y frívolamente demagógico poseur Cyrille Galant (que tanto nos recuerda en sus calculadas ambivalencias entre la transgresión y el cipayismo –sustituyamos el PCF por el grupo PRISA y todo cuadra- al santo patrón upedeo Fernando Savater). Como contrapartida a estos gayerismos acomodaticios y cínicos, la sombra pasoliniana, más amiga del riesgo que del confort, más cerca de la naturaleza luciferina (luciferinamente crística) que del lust polviestrellado, una sombra que MAM mima con unción a lo largo de todo el libro.

Tal vez esta mi tercera lectura del tocho autobiográfico macchiocchiano sea (desde la complicidad que dan las peripecias y los climaterios y los desengaños y las inasequibilidades al desaliento) la que más he disfrutado y con la que más he (son)reído.

MAM tocapelotas hasta el final. Follonera de corazón, de karma, no mero simulacro postmoderno por imperativo de audiencia. He ahí su grandeza, la de su continuum, por encima de las contingencias de yos y circunstancias.




ilustración: THE LEFT HAND

domingo, 5 de octubre de 2008

LEIDO EN LA CANICULA (3)



STATIC DREAMS: ARCHITECTURE AND ECOLOGY (varios autores)


(dedico esta entrada a Juanjo Seixas, que lo mismo ya conoce el libro)

No suelo toparme con un libro sobre temas de actualidad donde abunden los motivos relacionados con la voluntad de construcción y no con lo contrario. Motivos reales, no demagogia, ni propaganda ni sacos de promesas con vocación de sumidero. La destrucción es necesaria para poder construir, eso es innegable. Por supuesto, la destrucción puede ser no sólo frontal, también sinuosa, deconstructiva más que convencionalmente destructiva, más cercana a como la naturaleza virgen vuelve a campar por sus fueros en espacios estériles antaño dirigidos por los humanos. Como la avispa que inocula sus huevos en una larva paralizada en contraste con la manada de predadores que descuartizan vivo a un rumiante. Una destrucción que implique (de manera simultánea y no sólo consecutiva) construcción.

Este libro, en el campo de la arquitectura y el urbanismo, va por ahí. Capítulos de diversos autores que nos hablan de reciclaje y nos hacen valorar ese vocablo a quienes habitualmente lo escuchamos con desconfianza y nos sentimos muy cerca de Unabomber en nuestra querella con el desorden establecido. Recuperación de técnicas tradicionales de construcción y acondicionamiento interior en parajes desérticos del norte de Africa como solución superadora a las arquitecturas absurdas, disfuncionales y contaminadoras impuestas por el colonialismo. Un inmenso cementerio de desechos de la industria pesada en el Ruhr convertido en parque temático para reflexionar (que no para evadirse) sobre los errores de la técnica: "parque temático" (expresión odiosa -pero en esta ocasión parece estar más cerca de Jünger que de Disney-) o también, si se quiere, "museo del holocausto medioambiental" (con una utilidad más universal y fecunda -por imaginativa- que el victimismo tribal como coartada para repetir los errores de los verdugos). Pueblos recuperados en Zentropa no para consumo turístico sino para ser habitados todo el año desde los presupuestos originales (medievales) que les dieron sentido. Arquitectos visionarios que plantean singulares hermanamientos entre el pasado y el futuro no desde la vacuidad más tópicamente postmoderna sino tratando de tender puentes donde sólo se deje de lado lo disfuncional y dogmáticamente vanguardista. Reflexiones deconstructivas y no meramente demoledoras sobre los rascacielos (lo dicho antes sobre la avispa y la larva) que posibiliten la existencia de construcciones verticales creadoras de empatía y no sólo infiernos entrópicos dignos de Ballard o de Cronenberg. Reivindicaciones hasta hace poco consideradas heréticas: el Modernismo frente a Le Corbusier... Un fantasma parece planear a lo largo de estas páginas, el de Antonio Gaudí. También recordamos a Frank Lloyd Wright (Howard Roark en la ficción vindicativa de Ayn Rand). Y, en su oportunismo subversivo, uno no puede por menos de pensar en el anarca Martin Venator.

Una lectura que nos complementa (complemento, repito, nunca anulación u obsolescencia -no caigamos tontamente en el desarme unilateral-) la prosa incendiaria de Unabomber. Una obra que nos hace pensar por un momento en el diseño urbanístico y ergonómico de Atlantis en ATLAS SHRUGGED de haberse extendido más su autora sobre el particular. Una obra formalmente utópica pero esencialmente realista en su manera de encarar los años por venir. Los años por vivir. Lo dicho, la avispa, la larva... (por cierto, apasionante el capítulo dedicado a las construcciones de los animales y su llamada implícita para recuperar nuestra memoria más atávica en materia de construcción -por ejemplo, en el tema de refrigeración interior según el modelo desarrollado por las termitas-). A EJ (¡seguro!) le habría gustado prologarla.



lunes, 22 de septiembre de 2008

LEIDO EN LA CANICULA (2)


POR TIERRAS DE PORTUGAL Y DE ESPAÑA (Miguel de Unamuno)

He leído este mi primer volumen completo de Unamuno (que tanto marcó la adolescencia de mi madre -especialmente EL SENTIMIENTO TRAGICO DE LA VIDA- y cuya presencia en las estanterías acompañó mi infancia -la obra que acabo de mencionar, más NIEBLA, ABEL SANCHEZ, VIDA DE DON QUIJOTE Y SANCHO...- sin decidirme nunca, tal vez precisamente por la insistencia materna -que por entonces sólo me inspiraba desconfianza y agobio-, a la inmersión en aquellas páginas australes) con el corazón a caballo entre mis recuerdos del vecino país y las reseñas magdalenienses de escritura y paisaje (por cierto, ninguna de don Miguel hasta el momento).

Ha sido un descubrimiento gratísimo de alguien a quien hasta ahora sólo me había aproximado por la oblicua vía de la imagen para pequeña y gran pantalla (NADA MENOS QUE TODO UN HOMBRE, NIEBLA, ABEL SANCHEZ) y por cierto capítulo del VIAJE A LOS CENTROS DE LA TIERRA de Vintila Horia. El zenmeister, tan unamuniano él, me ha prometido ir pasándome a la mayor brevedad sendas entregas del berroqueño rector. La primera mitad del libro supone otra vuelta de tuerca en mi acercamiento a Portugal. Desde la ambivalencia unamuniana en cuanto a los sentimientos que le inspiran las tierras allende la raya y transportado por sus atinadas descripciones de la psicología lusa, crece mi anhelo de volver a pisar un suelo tan ajeno a la mala baba carpetovetónica, tan ensimismado en sus mejores tiempos (conjugados, cómo no, en pretérito), en sus morbos religiosos, en sus océanos de lágrimas, en su brumoso nirvana, en su (cada día más sano y pertinente) odio a la prepotencia hispánica.

El resto del libro es más feroz (su vigentísimo retrato de Barcelona y su certera distinción entre el separatismo vasco y el catalán, motivado el primero por el orgullo antisocial -siempre más disculpable por hallarse más apegado a la naturaleza- y el segundo por la vanidad de epatar a los otros -de ahí que el catalanismo, a diferencia del independentismo vasco, tenga siempre en su turbia esencia burguesa algo de fullero, de truquista, contra la innegable voluntad facciosa de los paisanos de don Miguel, desde los partidarios del pretendiente Carlos Mª Isidro a los encapuchados de la última hornada-; o esa constante abominación contra el turismo, contra el maquillaje que desnaturaliza la tez de las muchachitas vascas, contra los tenderos enriquecidos, contra las masas profanando con su odiosa irrelevancia los paisajes sagrados -magnífica la semblanza de cierto santuario navarro con su guardián cerbérico, martillo de turistas, tocayo de Unamuno para más gozo de nuestro autor, y sus criadas fibrosas, lacónicas, ajenas a toda mundanidad, a toda tentación histérica, como hembras de mastín, como walkirias imaginadas por Zuloaga-, contra la filosofía como presunción y no como destino que se vive sin mentarse. Unamuno, en su malhumor, se alza ciclópeo sobre un país que ya entonces agonizaba y del que hoy sólo queda la podre (¿qué diría don Miguel de ZP, de Zerolo, de Rajoy, de los tsunamis de silicona, de las máscaras de botox, de los carnavales de Chueca, de los pajeros que malgastan sus días manoseando una y otra vez la misma subcultura kistch hasta volverla ruido blanco y/o encefalograma plano, de la telebasura, de GH? Seguramente no tendría palabras o las palabras no bastarían para expresar su horror: Unamuno y Una...bomber, tan lejos y tan cerca...).





foto: CASILDA D. MENTE

domingo, 14 de septiembre de 2008

LEIDO EN LA CANICULA (1)


THE CHANGE (Germaine Greer)

Desde mi condición de UOMO LESBICO, más cercano a Lo Femenino (nunca a lo afeminado -engendro machista, ni siquiera masculino-), cercano desde la empatía que no desde la otredad, he leído esta obra (recomendada por la osita, quien la descubrió en Holanda en los primeros 90 y le causó un impacto notable por su rechazo absoluto de las convenciones clínico/machistas en torno al climaterio y los años de ancianidad -"¿cul de sac sin expectativas para la mujer?" se pregunta la autora con deconstructiva ironía-) no como algo que atañe a otra especie sino como algo que me toca de lleno en aspectos, si parcialmente fisiológicos, plenamente emocionales y sociales.
A la autora no le gustan los eunucos, ni femeninos ni masculinos. A mí tampoco. Todas las tácticas de emasculación nos repugnan a ambos. Emasculación es doma y doma es antinaturaleza: la mujer amariconada, el hombre afeminado, la homosexualidad entendida como caricatura de la caricatura previamente perpetrada por el machismo de Lo Femenino (o, en el caso de cierto lesbianismo, como remedo de lo machista más que de Lo Masculino), todo lo que asienta el universo unidimensional del macho social. Tanto a la autora como a mí nos atrae Lo Femenino como potencia primigenia, inspiradora de temor y de respeto (y, desde ese temor y respeto, de amor en libertad), nacida no de la sumisa costilla de Adán sino de la silvestre matriz de Lilith, de Artemisa, de Medea, de Ligeia, de las brujas y sacerdotisas que se desarrollaron desde la introspección y no al socaire del macho (bien buscando su aquiescencia bien procurando llevar la contra por llevar la contra -otra manera de ser esclava del hombre-).
Germaine Greer es una mujer hermosa, no sólo por gozar de una afortunada estructura física sino por verse hermosa y no regirse por cánones ajenos de belleza. Lo que cuenta en su libro es reflejo de un alma hermosa. Sin tópicos ni anteojeras, sin sectarismos ni unidimensionalidades, desde unas apetencias sexuales no excluyentes (que tiran por tierra el viejo tópico machista "feminismo = lesbianismo = incapacidad de las feas para encontrar pareja masculina" y que dejó claro en el 2003 con su controvertido libro dedicado a glosar la belleza de los efebos -un libro cuya lectura podría perfectamente acompañarse con el fondo musical de I GIARDINI DI KENSINGTON, esa traducción viscontiniana de Lou Reed que Patty Pravo nos regaló allá por los primeros 70 y que yo he incluido en mi repertorio desde hace un lustro-), reivindica la época de la vida en que las facultades físicas comienzan a decaer y la naturaleza va cerrando el ciclo de la procreación como una época de elevación hacia Lo Trascendente (en una línea mucho más próxima al Pensamiento Oriental y Primitivo que a la modernidad occidental y burguesa, de pragmatismo disfuncional por lo miope).
Leyendo a Germaine Greer no puedo por menos que pensar en mi tía Carmela, la randiana, y su feminidad agreste, curtida en soles y soledades, unida a un hombre desde una perspectiva por completo antipatriarcal, y para quien los años que se inician en la menopausia fueron años de plenitud y no de ocaso. De veras, me he sentido muy cómodo leyendo un libro escrito para todas las mujeres y para todos aquellos humanos que se identifiquen con Lo Femenino como potencia tremenda y terrible, inasequible al abuso y al desprecio, respetable, en una palabra. Lo Femenino como categoría/mundo en que vivir y profundizar continuadamente, no como anécdota/kleenex de usar y tirar al albur del capricho.
Y magistral la vivisección desmitificadora de aquel icono del feminismo burgués (tan lleno de alienación y contradicciones insolubles, como todo lo burgués) que fue Simone de Beauvoir.
Quiero acabar con una cita de Greer posterior a esta obra pero que refleja muy bien el espíritu y la lucidez de su trayectoria: "The 1969 female eunuch was nothing but womb. The 1997 female eunuch has no womb". El mejor reproche que puede hacerse a los gravísimos errores del feminismo burgués como rehén a la contra del machismo.