jueves, 1 de febrero de 2018

NIHILISMOS DE PERO GRULLO




La consumación del deseo 
como terapia de aversión.



La peor pesadilla de un soñador: que sus anhelos se cumplan.



Pero contrahechos, como imágenes alumbradas en los espejos del callejón del Gato.






lunes, 15 de enero de 2018

RELEYENDO A E.J.




«....Frases como "igualdad de derechos" son adaptaciones, pero se las usa tan sólo con la segunda intención de emplear la fuerza bruta. El mundo ha entrado en una fase en la que uno extrae provecho de la mala conciencia del otro. Ordeñadores de conciencias, una nueva profesión. De ella viven pueblos enteros, partidos, individuos, incluso filósofos...» 

(impresiones de su viaje por Angola en el 66 -PASADOS LOS SETENTA I-)




lunes, 1 de enero de 2018

LA CHICA DEL SOTANO



Una mañana, camino del apartado, en una de esas ventanas de sótano que caen a la altura de las rodillas atisbé una chica que dibujaba algo sobre un gran tablero inclinado. Fue todo un flash, porque mi complejo de que me crean un acosador o un mirón me obliga siempre a adelantar a quien tengo mucho rato ante mí en el trayecto o a no detenerme a contemplar a alguien que me resulta interesante, como era el caso. Pero fue un flash muy denso por lo mucho que absorbieron mis pupilas: la estancia era acogedora, con algo de modernidad demodé (como de piso bien de película de los primeros 60 o de viñeta de Roberto Segura), acorde con los impulsos diseñadores de la dibujante. La edad de ella, indefinida pero luminosa, entre los veintimuchos y el umbral (un umbral muy bien llevado) de la cuarentena. Su rostro, pizpireto y melancólico a la vez, me hizo pensar a un tiempo en la Dorleac y en Elena Mª Tejeiro. Su pelo, con flequillo, tenía algo de yeyé, semicubierto por un algo estampado entre cinta y pañuelo. Dada la posición del tablero, no logré ver qué dibujaba (¿un patrón de moda? ¿una historieta? ¿un croquis de arquitectura?) pero su cigarrillo en la comisura remachaba su concentración. Me sentí huérfano de no ser su mascota (yo, que ya lo fui de alguien y acabé renegando de tal condición, ahora sí deseaba serlo de esta chica -porque intuía que ahora todo sería muy distinto, más hondo y apasionadamente neuronal-). 

Desde aquello, cuando vuelvo a hacer la ruta, al llegar a esa zona, miro de reojo a esas ventanas de sótano pero no se ha vuelto a repetir la escena y, además, por lo general, están vetadas al ojo del transeúnte por visillos o persianas. Hay momentos en que dudo si ese flash realmente lo contemplé o fue un sueño de esos tan reales que se me confunden en el recuerdo con momentos de la vigilia.

De pronto, en esta mañana de diciembre (de este diciembre lleno de altibajos anímicos -acordes con el clima-), leyendo las cartas de G.F. a L.C. y mirando el atestado cuarto en que hago casi toda mi vida no soñada, me ha dado un latigazo ciático de soledad en el corazón y me ha parecido tremendamente injusto no ser la mascota (humana, perruna, gatuna, incluso un loro kea nervioso y obsesivo) de la chica que dibujaba en el sótano.  




lunes, 18 de diciembre de 2017

LA BURLA DE LOS DIOSES



[recupero, con algunos ligeros retoques y añadido de citas, un texto inaugural de mi primer blog, EL PUNTO Z, blog hoy desaparecido y surgido en 2007 para albergar perlas provocadas por la arenilla de los conflictos sentimentales] 


"No me fuerces a nada, y lo haré todo." (G.F. a L.C.)

Mis impulsos sentimentales nunca se sintieron tan en sintonía como en la segunda mitad de los 70, al coincidir en buena parte con lo que veía, leía, escuchaba y se consideraba a la sazón recomendable desde los focos de vanguardia. Una visión del amor en su sentido más concreto, íntimo y cotidiano, aunando caricias y convivencias, humores físicos y psicológicos, con el rechazo a los límites de número y/o   género, a los apriorismos y estereotipos, al regodeo en la noción de diferencia, cuando amar se concebía como un juego abierto, como una aventura, como una exploración, más esquizoide que paranoide (si nos ponemos deleuzianos), como un safari cuya pieza más codiciada era el autoconocimiento a partir de los otros. Un autoconocimiento donde el Yo podía desarrollarse plenamente derritiendo sus gelideces al calor de la palabra “común” y no encastillando sus aristas en torno a la palabra “cocoon”.
La emoción especial que hallé en aquel tiempo al leer sobre los Alegres Pillastres de Ken Kesey o sobre los momentos más dionisíacos de la Factory warholiana, al escuchar los himnos pansexuales de Patti Smith o las misas ungidas de humores íntimos que oficiaba Jim Morrison, al contemplar las imágenes liberadoramente ambiguas que me deparaban films como TEOREMA, CONFIDENCIAS, PERFORMANCE, ARREBATO... o al tratar en aquel umbral de décadas a la antipareja Eduardo Haro Ibars-Blanca Uría, una emoción que después ya sólo encontraría, muy de tarde en tarde y en contados destellos (abocados ahora a la más completa catástrofe –los valores habían cambiado: lo que en los 70 se consideraba desde el ensueño utopista ahora se veía como nihilista cul de sac, como irresoluble tragedia para uso agónico de desplazados-), en rarezas como INSEPARABLES, JUEGO DE LAGRIMAS, CRASH o VELVET GOLDMINE...
Toda aquella aspiración pansexual, comunal, abierta, se iba obliterando a mi alrededor y el amor, como cualquier otro rasgo de los nuevos tiempos, se transformaba, privatizaba, cocoonizaba, cerrándose en categorías cada vez más definidas: ya no había vasos comunicantes sino compartimentos estancos, ya no había gente a la que amar sin discriminación sino casilleros en los que encajar (casilleros hetero, casilleros gays, casilleros lésbicos, todos afirmándose en los estereotipos más previsibles –esos mismos estereotipos que en los 70 se habrían rechazado como actitudes retrógradas y alienantes-). Y quien, como yo, no entraba en ningún casillero iba dando topetazos cual bola de pinball contra frustrantes y fugaces abortos de relación plenos de malentendidos, refugiándose de manera casi irreversible en una agridulce soledad fantasiosa (que, aparte los humores previsibles, se derramaba en canciones, cuentos, poemas, evocaciones de sesgo sentimental...).
De pronto, ya transpasado el umbral de siglos/milenios, los dioses, siempre traviesos, me depararon casi al tiempo dos presencias profundamente diversas pero igualmente atractivas por entonces a los ojos de mi corazón, ¿mimbres acaso para que yo realizara finalmente mi anhelo de antipareja, mi visión nunca satisfecha del amor consumado más allá del número 2, mi particular interpretación de la jardielesca frase “TU Y YO SOMOS TRES”? Yo, claro, desde mi puñetera ingenuidad de Robinsón sentimental, entré al trapo en el envite. Y, como era de esperar, me estrellé: nadie, salvo yo, estaba por la labor (se me ofrecía amor, sí, pero desde muy distintas perspectivas: amores, en realidad, y, ya digo, completamente antípodas, antagónicos, incompatibles, en el fondo como en la forma -uno surgido de un común impulso especular, narcisista, incluso me atrevería a llamar homófilo pese a la diferencia formal de género, basado en la búsqueda gozosa de afinidades, y el otro, por el contrario, sustentado en la fascinación por la otredad, por el descubrimiento de parajes emocionales desconocidos o enterrados, en mi caso, desde hacía mucho-). La coyuntura sublime que yo había creído encontrar se volvió desgarro, transtorno bipolar, felicidad mutilada en cada caso (bovarizando, tantalizando a la otra parte en tanto que ausencia), bolero cruel (“¿cómo se pueden amar dos mujeres a la vez y no estar loco?” ).
A fin de cuentas, los dioses sólo estaban burlándose de mis impulsos anacrónicos, tan vintage (no puede existir el amor como concepción abierta, como tentación monista, en tiempos de antiutopía: sólo disociación, bloqueos, fobias, mimadas como signos preciosos de identidad –y si te rebelas contra ello te llaman inmaduro, amorfo, asexual y te obligan a crecer, esto es, a tapiarte la fontanela del corazón-).
Sólo buscaba algo (al parecer, aberrante en nuestros días) como la consumación de este horizonte: que quienes más quería también se quisieran entre sí. Y pensar que hubo un tiempo en que tal aspiración se habría considerado hasta hermosa...     

"Siempre me quieren un poco como algo raro." (G.F. a L.C.) 



viernes, 1 de diciembre de 2017

ROMPIENDO OTRO FALSO DILEMA



En el teatriyo los histriones, performando su guerra civil sobreactuada, se golpean con martillos de caramelo rancio. En un martillo aparece la palabra CONSTITUCION. Los otros, en el suyo, han escrito VIVA LA CONSTITUYENTE.

Pero nadie usa la palabra clave, el concepto que trascendería de veras el teatriyo: INSTAURACION. Ese término usado en su momento por el franquismo para temas de sucesión y que el propio Franco, con sus cautelas rajoyanas tras la salida del poder de su presunto homólogo De Gaulle (las mismas cautelas que mostró dejando huérfanas a las provincias africanas y cortando las alas a las ambiciones nucleares de Carrero), se encargaría de sabotear.    

INSTAURACION: ese concepto palmariamente complejo y oportunamente categórico, sincretizador de épocas, que, de manera diversa (según la circunstancia propia), intentan sacar adelante (con mayor o menor fortuna: las tareas complejas y categóricas requieren su tiempo) nombres como Orban, Erdogan o Trump, siguiendo el modelo (cada día más y mejor atado) del Putin Amo. En otras zonas (Italia, la mitteleuropa de Visegrado contagiada de "orbanidad", Francia, el ámbito germanoparlante...) la dinámica INSTAURADORA va calando también (entre avances y traspiés, desde la incertidumbre de un panorama movedizo) cara a un ¿inminente? (desde luego, ineludible) reseteo del ya carcomido "Nuevo Orden Mundial".  



domingo, 1 de octubre de 2017

DESAHOGO DE DESAHOGOS


al amigo Oscar, que ya me previno



Una relación donde no hay carne comulgante ni diálogos socráticos ni afinidades literarias y/o audiovisuales ni complicidades políticas ni cosmovisiones que se ayunten ¿es una relación?

Una cosa son los Misterios Sagrados y otra muy otra las tomaduras de pelo. A veces, bloqueando uno se desbloquea del canto de las sirenas y las ve, explotada la burbuja del ¿hechizo?, en toda su vacía realidad de cul de sac. 

Oteo la sesentena e intento hacerme a la idea de un célibe tramo final tras una guadianescamente rala y por lo general errada expectativa de Dulcineas. Sólo pido entonces que no jueguen conmigo ni me mareen. Yo nunca importuno: es justo por tanto que no tomen mi vida al asalto por capricho de coleccionista de rarities (que vayan a la pajarería más próxima y se compren un lemur).



lunes, 18 de septiembre de 2017

LA MISA HECHA RISA (quien dice risa, dice llanto)




Chapero y shaman: helo ahí al oficiante sobre el escenario (en cualquier caso, el público existe para ser odiado, combatido, violentado). 

En pura, estricta y rigurosa defensa propia así actúa un oficiante que se precie sobre el escenario. Quienes hablan del "respetable" se limitan a conjurar momentos de abyección (sea que lo digan desde el convencimiento o desde la resignación) salvo que estén tomando impulso desde la mentira para consumar un mejor descabello del "respetable".



viernes, 1 de septiembre de 2017

SUPREMACISMOS

[entrada escrita hace meses, a la espera del momento más oportuno para colgarla]



"...Speed creates a space of initiation, which may be lethal; its only rule is to leave no trace behind. Triumph of forgetting over memory, an uncultivated, amnesic intoxication..." 
(JEAN BAUDRILLARD) 


El supremacismo ético es a los espíritus lo que el supremacismo racial a los cuerpos. De ahí que su nocividad sea mayor. Entre otras cosas, porque, bajo la ostentosa exhibición de antagonismo, late una conjura simbiótica. Nunca olvidemos que es la barbarie quien de veras rechaza (por sentirse ajena) al fariseísmo: el supremacismo racial, como continuación tanatófila de un libertinaje previo (cuando te aburre el porno, te pasas al snuff...) propia de una civilización terminal, siente más envidia que rechazo. De ahí el que Hitler,  más caníbal que antagonista en su misticismo predador, QUISIERA SER JUDIO EN LUGAR DEL JUDIO... Pero eso es imposible: es más fácil al revés. Porque la Categoría siempre acaba superando a la anécdota...







Por fortuna, hay planeta más allá de las querellas alucinógenas de las que Occidente lleva tanto tiempo siendo rehén. Y ello será lo que lo redima.

lunes, 14 de agosto de 2017

SARTRE M.D.? (oh, esa profesión tan celiniana...)


[Esta noche he soñado con una película imposible basada en un libro absurdo. En el sueño aparecían Sartre, Céline, Gregory House... La película estaba dirigida y adaptada al alimón por Jaime de Armiñán y Fernando Fernán-Gómez. Producía (y también intervenía en el guión) José Luis Borau. De Céline hacía ese actor norteamericano de rasgos tan celinianos, Richard Kiley. Se dedicaba bastante atención a Céline pero sin acritud, en plan "abogado del diablo". Tengo constancia de que esa película nunca se ha hecho pero, al despertarme, se me ocurrió buscar en el Google un libro así. Y resulta que el libro existe. Absurdo, escrito (¿escrito?: dada la cantidad de material ajeno recuperado, más trabajo de montaje que de creación, pero la intención es lo que cuenta) por alguien insospechado y ajeno a las más incorrectas obsesiones celinianas, sin un provecho claro (según los "cánones establecidos") en cuanto al tratamiento de la figura de Destouches (lo dicho hace un momento sobre lo que cuenta la intención). He hecho un paréntesis en mis lecturas sartreanas y me lo he tragado de un tirón. Creo que de todo esto saldrá en breve una entrada para mi blog...]  AUTOCITA: post en Facebook hace unos días...



"Soy así. No hay más" (GREGORY HOUSE)

"Tú eres tú, tu vida, y nada más." (J.P.S.)


Cuanto más profundizo en Sartre lo que más me acerca a él es lo que tiene de House y lo que me resulta más ajeno es aquello que asocio con el demiurgo políticamente correcto que pretende hacer de House algo "mejor", más "reeducable" (esto es, más impostor de sí mismo). AUTENTICIDAD: me atengo a este término sartreano encarándolo a REINVENCION, eterno reproche en la trayectoria de Sartre. Hay ambas cosas en lo que voy leyendo. Me quedo con lo que siento como más auténtico (esto es, más incómodo a los ojos de la siempre pornográfica "buena conciencia progresista", esa que al final acaba desembocando por sobreactuación degenerada en el caligulesco sadismo de los twitters de Cassandr@ y otros freaks podemitas -¿última vuelta de tuerca de lo que algunos han entendido por inconformismo sartreano?-). 





Me gusta esa pudibundez exhibicionista, tan alienígenamente dandy, un punto diogeniana, con que House carga con la cruz de su pierna. Por el momento todavía no sé cómo cargaba Sartre con la de su ojo pipa (¿tal vez hay algo en REFLEXIONES SOBRE LA CUESTION JUDIA donde se intuye, en su taimada ¿calidad? chapliniana de "judío honorario", que "respira por la herida" usando las afrentas ajenas para lamerse las propias? -una herida seca, momificada, que no sangra ni duele salvo en el ego maltrecho por la mirada de los otros, a diferencia del dolor físico, estigmático, concreto y constante, como la trepanada cabeza de Destouches, que House palia con Vicodina: a estas alturas de mis lecturas, aún sin llegar a la década de los 50, sigo pesquisando la Vicodina de Sartre, ¿me atrevo a presumir que ambiciones políticas de un solipsismo "egoplatónicamente" tercerista en ese momento de desahogo inaugural de su revista/plataforma LES TEMPS MODERNES, con resabios troskizantes y escocimiento de los ataques del vocero estaliniano Garaudy, con esas nostalgias vicarias por el poderío "asesor" de los intelectuales franceses en el XVIII? ¿y después? a suivre...-).





"Prefiero ¿equivocarme? a favor de House 
a ¿acertar? con quienes desean afeitarlo de barba y de cuerna." 
(paráfrasis de cierto dicho popular sobre Sartre y Raymond Aron)