viernes 1 de enero de 2010

VISIONES APOCALIPTICAS 21


CELINE O LA OTRA TOURNEE DE DIOS

[escrito tras la relectura de la trilogía DE UN CASTILLO A OTRO-NORTE-RIGODON y bajo el impacto de ciertas noticias de actualidad como la concesión del Nobel a Obama (¿por incrementar la guerra en Afganistan?) o la desaparición de Iván Zulueta (tan esperada por los carroñeros del homenaje póstumo que en vida no te dan ni un vaso de agua -esa paradoja tan celiniana: oh, Achille, Achille...-)]

La mirada celiniana cala hasta el fondo de ese pozo de mierda que es la condición humana. Dios Padre baja a la tierra para comprender mejor a aquellos que, tras entusiasmarse, crucificaron a Su hijo. Esa secuencia tan pluscuamceliniana que él vivió a propósito del VOYAGE...: primero el entusiasmo, el ditirambo, la adoración, la pesadez incluso en los alardes de empatía... Cristo in, superestelar; después, al microsegundo siguiente, la concentración se pierde, la atención se dedica a otra cosa, se exige a Cristo más y más y más trucos pero Cristo no es un mago de feria, es un Misterio, y la chusma no está para misterios, y comienza a variar el gesto... primero tedio, abulia, desafección (la sonrisa seductora, coquetona, deshinibida, mermaidladiesca, incluso un poquitín mamada, de los comienzos, esa sonrisa hambrienta de Nazarines, pasan los días y se va congelando en crispación cortés, en jeta quitinosa de saltamontes, en esfinge alienígena examinando al abducido de turno con expresión impenetrable), y luego, finalmente, irritación porque Cristo sigue ahí, poniendo en evidencia el capricho, la frivolidad, la superficialidad de esas empatías de ocasión, pura bisutería, empatías inasequibles al compromiso con el Misterio, con la patata caliente a Quien se ha de seguir precisamente porque su viaje, el más difícil, nos lleva hasta el final de Lo Negro, sin happy end, y Cristo entonces molesta, satura como un espejo de cuento en el que nadie se quiere ver (porque nunca son agradables los retratos de Dorian Gray)... Cristo entonces out, Cristo superestrellado. Embuchándole los pecados de todos, con embudo, a la fuerza, carne ya no de cañón, de paté. Sí, puro canard, porque, una vez finiquitado, recupera la exquisitez, su condición de delikatessen. Pero antes, que reviente. Que no disfrute de la vida (todo lo más, sucedáneos, incompleteces). Que no llegue a habitar en los castillos de cartón que él solito se construyó (otros, otras, entrarán a saco y los abordarán, con furia corsaria, sin siquiera un pretexto, sin explicaciones, desfigurándolos con los poderes que les da su bula de pesebristas del zeitgeist –un zeitgeist cortoplacista, insostenible en su inconsistencia pero helo ahí, en ese instante, válido, a huevo para los daltónicos de futuros-, ... a joderse el anacrónico, el outsider que los concibió-).

Céline es la mirada del Padre, jugando (como esos millonarios excéntricos que se disfrazan de clochards) a imitar los pasos del Hijo. Pero el Padre no es Amor osiríaco, dionisíaco, crístico, listo una y mil veces para el despiece: el Padre es Naturaleza y la Naturaleza es rigor higienista, esto es, catástrofe, amiga de borrar una y otra vez los callejones sin salida, los errores, los renglones irremisiblemente torcidos, la arbitrariedad impune, la gilipollez injusta con ínfulas de aporía interminable... toda la basura eliminada periódicamente a golpe de diluvio, de llamas, de peste, de muerte. Céline es un monstruo en tanto que imagen de Dios Padre, de Quien tiene la Ultima Palabra. Un monstruo, sí. Como todos los profetas.

Por eso su mirada es tan definitiva, la radiografía de una especie miserable, ralea sólo redimida en el miedo, esto es, en la conciencia de la gravedad del existir, cuando realmente podemos profundizar en la humildad, la empatía (la genuina, la que viene de K-PAX, esto es, de ese pájaro azul que se posó en nuestro balcón), la delicadeza, la incapacidad para herir gratuitamente a quien se nos acerca de buena fe... Céline: la mirada que describe y nos grita una y otra vez cuán desnudo va el rey, cuán insoportable es el hedor de su buena conciencia. Céline, sólo asumible desde el sufrimiento, sólo legible cuando respiramos por la herida..



lunes 7 de diciembre de 2009

VISIONES APOCALIPTICAS 20


KIPPEL



[Detonante de esta entrada (iniciada e interrumpida en la primera mitad de septiembre): el pete definitivo de la cisterna de mi wc, tras años de parches, una tarde mediando el pasado agosto. Acicate para continuarla: la relectura de Céline, en la que llevo inmerso desde noviembre. Y oportunísimo colofón/puntilla: el visionado, pocas horas antes de colgar esto, de GREY GARDENS, un desasosegador documental que me dejó Charlie, donde el kippel brilla esplendoroso en su espejo negro y (en un caserón desvencijado, entre mareas de carne no ya trémula sino hasta gelatinosa, gatos y mapaches deambulando como rampantes okupas, paredes que se caen a pedazos, frondas bröntianas con el proceloso mar al fondo, patinadas fotos de antiguos esplendores, glamouroso desbarajuste, voces desquiciadas entre la prosa y el canto, camas llenas de restos -de comida, de kleenex, de líquidos sin identificar, de ropas, de revistas, de libros, de medicinas, de cremas y perfumes-: un agridulce bocado de realidad prima hermana de ciertas ficciones -SUNSET BOULEVARD, ¿QUE FUE DE BABY JANE?-) me trae ecos atronadores de los momentos más hedionda y gozosamente bizarros de mi anómala infancia (recordándome que kippel y karma comparten no sólo la inicial sino también el significado último, inexorable)]


¿Vivo en? una caravana disfrazada de tercer piso (no es metáfora miserabilista: ahí su estrechez, su planta corrida, su proa –la habitación que da a la calle, donde tecleo, navego, veo la tv y como- y su popa –la cocina con vistas al patio y el aseo/zulo sin salida exterior alguna-, del tamaño aproximado de un autocar al que sólo le faltasen las ruedas y el motor, vehículo varado que no va a ninguna parte –qué imagen más kippel-). Me identifico con el JF Sebastian de BLADE RUNNER aunque también envidio su entorno kippel, mucho más gothámico y suntuoso que mi diminuto cubil. También me identifico (pero en menor medida, por aquello de no sentirme ni ser considerado por los demás como débil mental –mentalmente anómalo, incluso un tanto teratológico, vale, pero de ahí a lelo...-) con el JF Sebastian de la novela de Dick. Especialmente por el kippel. Especialmente.


Y me pongo en el pellejo de esos ineptos personajes ballardianos, intentando sobrevivir en escenarios post/apocalípticos donde todo se descompone entre humedades, ardores climáticos, regresiones a un futuro salvaje y deseos/temores del momento final. Mis luchas suelen ser siempre con el agua (justo esa semana de agosto me leía EL MUNDO SUMERGIDO que me regaló Dildo –la lectura ad hoc para sobrellevar un pete de cisterna-): caída del techo del aseo por humedades del piso de arriba allá por el 2001, mi 11S particular (humedades reproducidas cada dos o tres años aunque sin el cataclismo de esa primera vez), goteos de grifos y de cisterna, atascos en fregadero, lavabo y poliban... Había logrado sobrevivir hasta el momento entre arreglos pagados por el seguro de la comunidad y/o del propietario del otro piso, así como recurriendo a un fontanero del barrio (de aspecto tan cochambrosamente kippelizado –supongo que debía de tener más o menos la edad del centenario inmueble- como eficaz dentro de lo extremadamente económico de sus servicios). Pero este providencial operario se lesionó y jubiló hará cosa de dos años. No tuve más remedio que recurrir a las páginas amarillas para remediar un atasco monumental de fregadero y lavabo: el palo fue tal que no volveré a recurrir a un fontanero hasta que las ranas críen permanén. He conseguido resolver los atascos del fregadero echando la mayor parte del agua sucia en un balde y luego vertiéndola por el retrete, usando filtros de rejilla para que no se cuelen partículas excesivamente gruesas (especialmente cuando pongo la lavadora y suelen expulsarse restos de hilos o de lana), y siguiendo un truco que me dio el fontanero último, llenar las dos cubetas a la vez y vaciarlas de golpe (recurso que reconozco como bastante efectivo). En cuanto a los atascos de ducha y lavabo, parece que he hallado la solución final: una mezcla hirviente de agua y lejía al 40 %. Pero la cisterna, tras funcionar con cierta corrección durante un par de semanas con obturador nuevo, volvió a gotear, supongo que exigiendo un cambio de sifón. Si uno fuese ducho en bricotareas, no debe de ser muy difícil ni caro instalar un sifón nuevo comprado en los chinos, pero el problema es que (más allá de mis dotes culinarias –¡siempre in crescendo!-) mi habilidad para las chapuzas caseras es prácticamente nula (ahora ya, irremisible, con la vista más y más cansada, las molestias en la cadera que me impiden acuclillarme por los rincones a la caza de averías y la cabeza un poco ida para los detalles –como el Cliff Robertson de CHARLY, me auto/rescato cotidianamente del marasmo a base de notitas que remedien mi despiste-).


Con la pérdida (me da que definitiva) de casi todos mis ahorros por la intervención de AFINSA en el 2005, pasé (dentro de mi condición -casi continua desde el 86- de desahuciado civil, de bruja cazada por los profesionales del ramo) de ser rentista forzosamente prejubilado (los libros, la música, los artículos hacía ya mucho que dejaron de constituir el espinazo de mis ganancias –cuando vivía con mis familiares, al no tener que pagar teléfono, luz y comida, podía permitirme, aparte la cautela de la inversión, con lo que acumulé en mi cuarto de hora fastuoso con LA MODE y mis ocupaciones asalariadas en el ABC y la RNE de los 80, dispendios como el cuarto de millón de pesetas nunca recuperado en la aventura corazonesca o, años antes, el millón también tirado al sumidero con el grupo PROYECTO BRONWYN-) a pura y dura basura blanca. Siempre me había sentido un punto cercano a Céline (nuestra común querencia por los misterios de María y Amaranta, esa pulsión nacionalcomunista y/o montagnard extrema –que él sintió de siempre y yo, cada vez más, a partir de los 90-, el demonio de la perversidad –que a mi tocayo le llevó a su gran pecado de los pamphlets y a mí a los míos del spot de FE/JONS en el 86 y al ya citado y no menos nefando PROYECTO BRONWYN-, la falta de sociabilidad y de dotes para el paripé y la diplomacia, la irritación –para muchos envidia- por el agravio comparativo de que la calidad propia se vea preterida por la viveza del mediocre más acomodaticio y/o políticamente correcto y, last but not least, la carencia de adicciones respetadas por el gran público –quien siempre tragará o perdonará toda salida de tono, toda actuación intempestiva, si se le da un buen, y a ser posible, largo espectáculo de agonía heroinómana o de funambulismo sin red sobre los arduos roquedales del coma etílico: pero si en vez de alcohol o de jaco lo más aproximado a una adicción es el autoerotismo, la lectura, el gusto por la música y el cine, amigo, entonces no hay compasión, derechitos de cabeza al Tribunal Internacional por crímenes contra la Humanidad, esa mala puta que nadie ha visto jamás y a cuyo son se nos obliga a bailar desde hace tiempo-) pero en los últimos años esos lamentos de fin de partida que dan paso al trance estigio descrito en DE UN CASTILLO A OTRO se me hacen más y más propios (a medida, supongo, que nuestras edades y miserias materiales comienzan a confundirse). Y, por supuesto, las acusaciones (tan bien destacadas en la biografía de Bardèche, cuñado de un Brasillach mártir al que reivindica en pasiva a costa de buscarle los tres pies a las siete vidas del gato celiniano –el que dicho mártir hubiese sustentado la ideología que lo llevó a la muerte en la apetencia que le producían las musculadas pantorrillas de los jovenes hitlerianos eso, claro, lo escamotea Bardèche: toda la parafilia, el sesgo perverso, la caca sexual, para LFC, superviviente, y, por tanto, comedor de los pecados de todo cristo-) de que tampoco es para tanto, de que ya vale de quejarse, de que a fin de cuentas uno sigue vivo y tampoco está bajo un puente pasando fríos y calamidades... Los mandarines del canon, todos vinculados y/o pesebristas del partido que me viene puteando de mil maneras desde el 86 (con la dudosa autoridad moral para tal puteo que da el que esas siglas que yo, imbécil de mí, apoyé aquel fatídico junio estaban siendo usadas bajo mano por el PSOE en Euskalherría dentro del subsuelo inmundo de la trama GAL –y justo cuando me enteré de tales lazos en octubre de ese mismo año, con las elecciones vascas, cuando un falangista me dijo muy ufano y con sonrisa de zorro que FE/JONS iba a votar útil a Damborenea, rompí y esa ruptura supuso mi paulatino y no menos estéril acercamiento al CDS-), que no me vengan con historias cuando, si no fuese por los regalos y préstamos de los amigos y por lo que exprimo a ese ADSL que mis buenos euros me cuesta cada mes (descabalando no poco una economía ya de mera subsistencia –donde, desde el 2007, los gastos se van imponiendo a los ingresos en cada balance anual-), mi adquisición de nuevos bienes culturales sería cero (como dije hace un par de meses en la tertulia santoñesa de PIEL DE LOBO, que Teddy Bautista o Ramoncín me paguen una pensión vitalicia para adquirir cds, dvds o libros y entonces hablamos). Por otra parte, desde la banda derecha, los antiguos afines también dan caña por no aceptar el fraude del encuadramiento en que ellos persisten o que subliman/maquillan/travisten con picarescas entre pseudoanarcas y hayekianas orbitando en torno a tal o cual gurú más o menos cínico, más o menos ingenioso, más o menos faltón, pero impepinablemente P-L-U-T-O-L-A-T-R-A: ignoro hasta qué punto son válidas las recriminaciones contra mi tocayo por sus exabruptos contra el fascio francés y el ocupante alemán entendidos como bluff pero, en mi caso, todo aquello que me hizo perder la FE en gentes que consideraba idealistas y ejemplos vivos de Etica y Estilo (ese constante proxenetismo de vivir de sus ideales como de un puticlub de carretera –a mí la política sólo me ha traído merma en los caudales por vetos, por aventuras a fondo perdido o por pago de cuotas pero NUNCA lucro: con las ideas siempre he sido más Quijote que macarra- que les llevó a actuar como ratas a sueldo de las cloacas represivas de Interior o cobrando de Villapalos en la Complutense o en la Comunidad, o el hediondo escándalo del diario YA de Rodríguez Menéndez a cuenta de las grimosas parrandas de Pedro Jota, o lo de los clubs de alterne de cierto prohombre de la galaxia azul levantina -la metáfora del puticlub llevada del dicho al hecho-, o las mil sórdidas peripecias de Anacleto Milá...), todo aquello, digo, sigue siendo indiscutiblemente REAL.


Sí, el kippel es esa creciente disolución del mundo material a nuestro alrededor que sólo podemos tener la pretensión de aliviar si accedemos a depender de alguien a costa del propio Ser, a costa de abdicar de la VOLUNTAD (como en aquel patético final de la novela azoriniana), a costa de afeitar la cuerna de nuestra condición anómala para volvernos lorito real, máscota exótica pero cómodamente vacua, degradando la esencia intolerable de nuestra otredad en inofensivo ornato. Y, al final, ¿para qué? Uno es como es. Tratar de sacarle peras al olmo es convertir la intimidad en tedioso cul de sac. Fuera del Pensamiento y de la Palabra (entendidos como Categorías y no como accesorios más o menos funcionales), mi carne es del todo I-N-U-T-I-L, A-B-U-R-R-I-D-A, I-N-E-P-T-A: no me gustan los deportes ni como participante activo (cada vez que he procurado adaptarme a la pulsión gimkánica de alguien he acabado con lesiones crónicas o al borde de la pulmonía) ni como espectador (incluidos los sexuales: en cuanto el mimo, el beso o la caricia -el devorarse, que diría Céline- se vuelven proeza física, máquina de pistones, martillo hidráulico, músculos sudorosos y en tensión, mi atención se dispersa automáticamente hacia la primera mota de polvo que se cruza en mi retina), suelo hacer mal papel en fiestas y recepciones (cuanto más filisteas, peor papel), no soy la compañía ideal para ir de compras (salvo que los intereses coincidan –libros, música, cine o también delikatessen y artículos relacionados con la cocina-), y la noche entendida como maratón alonsomillanesco me agota sólo de imaginarla (en algunos momentos de mi vida, acompañando a aquel bebedor de trago interminable que fue –supongo que con el tiempo se habrá moderado- Antonio Zancajo o de la mano melusinesca de Tessa Duncan, recorrí tabernas bohemias y fantásticas y no me sentí a disgusto –pero eso es otro mundo: no es lo mismo Valle, Ramón, Solana o Sastre rodeados de lúcidos despojos y epígonos de Max Estrella que los burguesazos de Alonso Millán quemando la noche a la caza de monumentos y señoras estupendas-)


Al menos, JF Sebastian muere (entero, en su insignificancia autista) a manos de los dioses (de la sinuosa y bella Pris y del supremo Roy Batty). Y Céline, el monstruo, hasta en sus peores momentos, tuvo a su lado a esa Honeybunny de Lucette, amante y compañera a las duras y a las más duras, la otra mitad de su dúo infernal. Yo todavía aguardo la llegada de la Lucette que disfrute con mi mundo sin condiciones ni mermas, sin bloqueos ni disociaciones de Carne o de Palabra, dispuesta a tomarme por entero sin eufemismos ni letra pequeña (y, si no hay Lucette, pues al menos el adviento de la replicante traviesa y letal que alegre mis últimas horas antes de apuntillarme –quien dice replicante, dice el fotograma rojo que me arrebate más allá de la pausa-). Por el momento, aquí sigo, en pie (derramando lisura de nácar por donde paso –haw, haw, haw-), con la horda aullante, con Charlie y LA RULETA CHINA, con el rol mentor de Esther Peñas (que recoge el testigo de agente literario vocacional que fue para mí Eduardo Haro Ibars allá por los 80 y que no sólo promociona sino hasta defiende físicamente mi obra del expolio –otra situación muy celiniana que vivimos la pasada primavera cuando restos de edición de LA CANCION DEL AMOR corrían el peligro de acabar en el vertedero-), y procuro tozudamente ver el vaso medio lleno y minimizo las horas baixas con el anhelo adolescente (una de las indiscutibles ventajas de ser emocionalmente quinceañero pese a ir mediando la cincuentena –la desesperación como berrinche, nunca como viaje sin retorno: malaventurados los que maduran porque se ven desprovistos de esta defensa-) de que Lo Inalcanzable un día (de éstos, se entiende –no hablo ni mucho menos de resignación a lo trasmundano-) será tierra de abrazos y de empatía, de gozoso encuentro entre la Carne y la Palabra. Final esperanzador, qué menos (como corresponde a este tiempo de inminente Navidad).



lunes 30 de noviembre de 2009

ADELE H

(no hace mucho, departiendo en el LUMINAR con Bárbara –la palindrómana de cabellos de bruma- sobre escamamientos y arrebatos, se me antojó sacar a colación la figura de Adele Hugo, encarnación neta del entusiasmo romántico a prueba de bombas, y fue como la caja de Pandora, pues ya no pude quitarme a Adelita de la cabeza, especialmente al evocar en qué circunstancias descubrí al personaje)

Fue en el cinestudio Covadonga (sede en aquel momento de la Filmoteca que dirigía Luis Gª Berlanga). Tiempos de KAKA DE LUXE. Normalmente, por entonces, Olvido, Nacho, Carlos y yo solíamos ir al cine en comandita (así nos vimos, bien en la Filmoteca de Príncipe Pío –anterior sede- bien en el Cinestudio Griffith, títulos como CARRIE, TRES MUJERES, FREAKS, THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW o LA MATANZA DE TEXAS) pero, más adelante, cuando Olvido y Nacho estrecharon lazos punkies y Carlos empezaba a otear nuevos horizontes propios (que, en su momento, meses después, le llevarían a gestar conmigo el grupo PARAISO), éste de vez en cuando me arrastraba hacia Alfonso XIII (a tiro de piedra del estudio de Carmen Santonja) a ver películas de su agrado (así nos tragamos PINK FLAMINGOS de John Waters –que no me produjo una emoción especial, salvo cierta escena podófila en que una pareja practica el 69 chupándose mutuamente los pinreles y que me pareció entrañable en su exceso- y así vimos ADELE H). A mí, en aquella primera visión, me pareció un poco empalagosa (sobre todo porque mi trance ya lo había vivido poco antes con la Sissy Spacek de TRES MUJERES –película que me marcó a sangre y fuego durante varios años-), pero lo que me impresionó fue la reacción de Carlos: sólo esa vez lo vi serio, demudado, húmedos los ojos, como asistiendo a una misa eleusíaca, antítesis de la pose frívola y desdeñosa con que solía merendarse los días, como anticipando actitudes y secuencias que muchos años más tarde cimentarían sus discos en solitario. Cuando me reencontré con Adjani y sus cuitas en un pase televisivo, ya fuera de la Arcadia de aquel 77/78, y en pleno mono de Carlos, fui yo el que se puso en el pellejo de la heroína, de sus afanes y desvelos, y también los ojos se me humedecieron, por tanto que ocurría dentro y fuera de la pantalla. Y acabé pariendo una elegía no sobre una persona sino sobre una relación, el MUSICA MODERNA.

lunes 23 de noviembre de 2009

VISIONES APOCALIPTICAS 19


RECORDANDO A CLARISA

Clarisa (bragas de Esparta y unas gotas de lavanda) se enamoró de su presa. La persiguió por mil pagos, durante años y lustros, adiestrada para ello por arcángeles de guardia. Lo Bueno y lo Abominable, siempre tan claro al principio, a medida que la caza se iba volviendo aporía, devino zarzal oscuro donde Clarisa dejaba su certeza hecha jirones. Era más interesante la monstruosidad esquiva que la virtud por decreto descreída de sí misma a fuerza de hacerse trampas (es lo que trae la rutina de la Ley: ya lo vio Kafka). Hoy Clarisa y su demonio comparten lecho y mantel: ella le arrancó la espina de su duro corazón y él la educa y alimenta con su mucha erudición y ese toque culinario al que nadie resistió.

Y, contra toda moral, sus años pasan felices aunque nunca comerán, precisamente, perdices sino algo más transgresor («vamos, únase a nosotros: si le apetece, señor, queda más en la tartera –el secreto está en la salsa...-»).





«Lecter en su jaula norteamericana busca la evasión como Giacomo Casanova preso en la terrible cárcel de Los Plomos -en los lúgubres sótanos de San Marcos- sueña, recuerda, planea y ejecuta su estrategia. Los dos fueron condenados por delitos de la carne. Incomprendidos, dueños de una excelente memoria, perseguidos y envidiados, dotados de un avanzado sentido del humor, cultísimos, terriblemente seductores, inquietos, dinámicos, capaces de buscar refugio y placer en lo recóndito de la mente, sometidos a situaciones límites e inhumanas... Siguieron los caminos nietzscheanos al estar más allá del bien y del mal, al profetizar el advenimiento de nuevos valores y el retorno a las fuerzas primarias de la vida, a los placeres supremos terrenales tan negados y prohibidos por los poderes fácticos y las sociedades moralmente corruptas.» (CHARLIE MYSTERIO)

ilustración: ¿Hannibal Lecter?

lunes 16 de noviembre de 2009

LAS CANCIONES DE MI VIDA (29)


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


RIEN


(intérprete original: Michel Sardou)
(letra y música: Jacques Revaux / Michel Sardou y Gilles Thibaut)


De cet ange qui devint Satan
Ou de la Pucelle d'Orléans
Des veuves de la guerre de cent ans
Rien

De la première arche de Noé
Ou du dernier rameau d'olivier
De cet oeil qui poursuivait Caïn
Il ne reste rien

Du pommier doré du paradis
Et des noir pêcheurs de Sodomie
Du rosier de feu de Pompeï
Rien

Du dernier des soldats inconnus
Aux inconnus qui portent des rues
De la première des balles perdues
Il ne reste rien

De notre amour vieux comme les pierres
Qui s'éteint comme un centenaire
De notre amour né d'avant-hier
Qui fête ses noces de poussière
Il ne reste que moi
Il ne reste rien




lunes 9 de noviembre de 2009

MI QUERIDA CUCARACHA


[escrito esta tarde en plena avalancha de sensaciones y recuerdos provocados tras el visionado –por primera vez íntegro- de LA PRIMA ANGELICA]

La mirada fija de anhelo y de impotencia. La boca sin expresión, como a punto de decir algo que nunca llega a decirse. El mundo que te rodea como escaparate de un espacio donde se reserva el derecho de admisión, una reserva aplicable sólo a ti. Y tu rostro pegado al cristal. La condición de raro ante tus compañeros de clase porque lees demasiado y porque no haces deporte y porque hablas poco (y, cuando lo haces, un desastre, como si te expresases en otro idioma). Y la familia que, primero, casi te vuelve loco (la etapa en casa de los Briones que te regaló la poción mágica de la pasividad/agresividad como estrategia de supervivencia –de los cinco a los trece años, con intervalos, incluido en éstos el bienio en el internado de Carranque, donde, contra los deseos de tu tía Carmela, no te curtiste salvo en tu disociación del entorno y tu necesidad de escapes alucinatorios, de puntos de fuga-) y, después (incapaz ya de recuperar aquel bebé sonriente y sin malicia que criaron ancianas para entonces más que muertas), te lo echará en cara entre lo tácito de un gesto o una mirada y lo explícito de una frase («es el hijo de Gloria, ¿qué se puede esperar?») mascullada a tus espaldas o, en ocasiones de trifulca, espetada a la cara, así desde la pubertad hasta rozar la cuarentena (bajaban la presión cuando sacabas algo de dinero con la música o las colaboraciones en prensa y radio -«es lícito ser un anormal siempre que te forres con ello... Fíjate en Dalí»-). La Mujer, que te gusta, que te obsesiona, será el eje de tu vida en todos los órdenes desde aquellos enamoramientos en el parvulario y tu temprano descubrimiento de Ligeia y de la diosa Palas Atenea. Pero esa Mujer, cuando se apea de la mayúscula categórica y se encarna en encuentro puntual, solamente puede mirarte con la crispada cortesía con que se mira a alguien que no se sabe a ciencia cierta si es humano o cucaracha («¿qué fue lo que dije? ¿qué fue lo que hice? ¿o no hace falta que haga o diga nada? ¿es ese aura de coleóptero de que no soy consciente hasta el momento de verme reflejado en los ojos otros?»). Las pocas veces que no sentiste el acerado telón de esa mirada fue cuando alguna te consideraba un dócil instrumento para sus fines, o cuando alguna otra veía en ti a alguien con quien no te identificabas en absoluto (a partir, básicamente, de esa siempre engañosa condición de personaje público) o, por otro modo de malentenderte, se empeñaba en rehacerte-remodelarte para mayor comodidad suya tras haberse encaprichado previamente por tu puñetera fama de rara avis (lo de Dalí, que, ya sabes, sólo cuela si la locura genera dinero y el diálogo para besugos puede vivirse entre vino y rosas sin fecha de caducidad –en caso contrario, lo anómalo acaba por volverse un lastre y la pareja no tiene tiempo para tonterías-). Si no te has quitado de en medio todavía es porque te obligas a pensar que el destino no ha tirado la toalla y te reserva una mujer a tu medida, sin manipulaciones, sin malentendidos, sin veleidades reeducadoras, tan gozosamente anormal como tú y dispuesta a disfrutar como una enana de tal conjunción. Tu Honeybunny, vamos.

Dicho lo cualo, es lógico que José Luis López Vázquez te produzca conmoción (ese sustantivo ligado a dos verbos, conmover y conmocionar) y se haga tuyo sólo con unos títulos muy determinados, que consideras antípodas de su paradigma del español medio (salvo que la mayoría de los españoles sean, en el fondo, tan ornitorrincos como tú –aunque ninguno se atreva a admitirlo-): a la cabeza, MI QUERIDA SEÑORITA (donde sentiste, ya en aquel primer visionado a fines de los 70 –aunque tu educación sentimental era demasiado pobre para pararte a analizar-, que tu deseo ardiente por el sexo opuesto tenía más que ver con la procesión furtiva de la señorita Adela por su criada que con cualquier convención priapista al uso), PEPPERMINT FRAPPE, ¡VIVAN LOS NOVIOS! (esa sensación terrible de vivir siempre bajo tutela y no tener los medios ni el ánimo para cambiar las cosas), CARTA DE AMOR DE UN ASESINO, seguidas de EL JARDIN DE LAS DELICIAS (ahora también, de LA PRIMA ANGELICA –con el aliciente de ese subtexto solondziano que tanto valoraría Dildo-), EL BOSQUE DEL LOBO, NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTE SOLO (que, desde tu circunstancia, siempre te resultará más impactante que la presuntamente homóloga TAMAÑO NATURAL), UN CASTO VARON ESPAÑOL (y una vuelta de tuerca sobre lo mismo pero en peor, LA MIEL) y, en cuanto a las fábulas pura y duramente kafkianas, la verdad, prefieres EL ELEGIDO a LA CABINA (aunque reconoces que tu primer visionado adolescente con aquellos bocinazos del Carmina Burana te impresionó –pero cuando uno crece un poquito, como que Mercero no se sostiene ¿no?-). Su último momento mágico te lo dio, ya en este siglo, con el pase televisivo de esa rareza en el erial del reciente cine español, MEMORIAS DEL ANGEL CAIDO.

Ese López Vázquez tan tuyo (que se iría difuminando hacia el desván de la memoria a partir de los últimos 80 hasta que esta tarde todo ha vuelto a fluir de sopetón) lo reencontrarías también en el Angel Jové de CANICHE, en el Anthony Perkins de EL PROCESO (y, por supuesto, en la lectura profundamente anticlimática de las OOCC de Kafka), en el protagonista de EL EXTRAÑO de Lovecraft (y, en buena medida, en el propio abuelo Theobald según la biografía de Sprague de Camp), en el Adolfo Marsillach de AL SERVICIO DE LA MUJER ESPAÑOLA, en los protagonistas de canciones vainiqueñas como COPLAS DEL ICONOCLASTA ENAMORADO y ALAS DE ALGODON, en el J.F. Sebastian de BLADE RUNNER, en personajes interpretados por William H. Macy, en historias de Adrian Tomine, en el Stewie Griffin adulto (y, dentro de esa peripecia, también hay algo patéticamente lopezvazqueño en su hermano Ron –antes Meg-) y, claro, en toda la saga de wienerdoggies que adereza la palindrómica filmografía del ya mentado Todd Solondz.

Del resto de su filmografía, pues, ya en plan de pasar la tarde y sin pretensiones litúrgicas, destacarías las más cercanas al imaginario de la Escuela Bruguera, como EL PISITO, ATRACO A LAS TRES, PLACIDO, EL COCHECITO, LOS PALOMOS, UN VAMPIRO PARA DOS, 40 GRADOS A LA SOMBRA y, ya más recientes, la trilogía escopetil de Berlanga y dos de Masó que siempre ves cuando las reponen, EL DIVORCIO QUE VIENE y LA FAMILIA BIEN, GRACIAS.




No pensabas (como lo hiciste con Newman o con Swayze) en una necrológica para JLLV. Pero, de pronto, con esa mirada clavada en el fantasma reencontrado de su prima (mirada hoy tan llena de rescoldos farisaicamente punibles), has recordado que también él, tan glosado en su faceta jocosa por todos los pedorros de la freaksploitation que en su momento también eyacularon parusiásticamente cuando lo del Goya al tío Jess, ha sido parte tuya (eso sí, desde una circunstancia por completo ajena a la de los susodichos pedorros).

domingo 1 de noviembre de 2009

¡¡¡BANG!!! Y APAREZCO EN TUS SUEÑOS


La he descubierto hace poco de la mano de Alex de la Iglesia: primero, en cierto spot antidroga, y no mucho después con la nueva temporada de la serie PLUTON BRB NERO (saga a la que en su momento no presté atención, horripilado ante la desagradable apariencia de Roswell, el estrábico feto alienígena, más algún gag tontorrón que acabó de echarme para atrás). Estaba cantado que la chica me iba a gustar: tenía todas las papeletas (su rol androide/replicante –androide con corazón, más entrañable que muchos humanos-, su piel blanquísima –no me cegaba un resplandor similar desde mi adorada Anne Heche-, sus facciones entre lupinas y vulpinas –tan de mi agrado: perfil aguzado y barbilla recogida, a lo Rosanna Arquette- con un punto también reptiliano acentuado por sus ojazos lacustres –donde hasta alguien tan poco natatorio como yo puede sentir deseos de zambullirse-... incluso sus hechuras de flaca pechugona me convencen –hechuras tal vez no naturales, pero que satisfacen mi visión más somera, sin ahondar en mi fobia por la silicona, dejándome llevar por la armonía del conjunto-). Su voz de no actriz me resulta, desde sus antípodas de la impostación, gratamente refrescante, con un nosequé de tarde brumosa en el campo buscando setas (quienes, desde su criterio sucio y brutalmente filisteo, la tildan de maciza descerebrada sólo apta para hacer de robot, no veo yo que se rasguen las vestiduras ni se harakiricen ante la cagalera de galardones otorgados en los últimos años a Penélope Cruz, ese horror batracio cuyo disonante y suburbial croar contrasta tanto con el punto agreste del acento de nuestra rubia, quien a su lado brilla feérica y chorreante de sugerencias y matices –ojalá no acabe nunca bajo la casposa férula de Almodólar encarnando a alguna Aldonza reflejo de prosaicas evocaciones manchegas: Carolina, no me cansaré de repetirlo, tiene más que ver con la bruma norteña, con la hora bruja de perrochicos y rescoldos de aquelarre-).



Y ya que he mentado el aquelarre, por algunas similitudes tanto físicas como de concepto, presumo que Alex de la Iglesia considera a esta joven como su versión de Lisa Marie, la musa anómala de Tim Burton antes de conocer a Helena Bonham-Carter: hallo, no obstante, una diferencia sustancial entre ambas y estriba en el mayor encanto y talento potencial de Carolina, frente al aspecto más extremo y chocante de la ex/señora Burton, quien, tan sólo en su breve rol como madre de Johnny Depp en SLEEPY HOLLOW, apuntó realmente maneras de actriz y no de mera presencia excéntrica, de marioneta de carne. La androide Lorna, con esa chispa de casticismo vasco hiperespacial, guarda y transmite una calidez de la que carecían las apariciones bizarras de Lisa Marie en ED WOOD o MARS ATTACKS (aunque, en el caso de su Vampira en la primera de las citadas, su caracterización se ajustaba plenamente al original –quien tampoco debió de ser una lumbrera de la interpretación-).



Ahora he leído que el director vasco está preparando un nuevo trabajo, de argumento aparentemente felliniano, en el que cuenta con nuestra rubia: estoy convencido de que ahí Carolina demostrará lo muy injusto de las críticas contra su potencial como actriz. Desde aquí, vaya este homenaje y alirón a una de las escasas presencias estimulantes que he detectado en la producción española de ficciones audiovisuales.



ilustraciones: THE LEFT HAND

martes 20 de octubre de 2009

ACTUALIZACIONES LDS



LA LINEA DE SOMBRA SE ALARGA Y ENRIQUECE CON AULLIDOS LOBUNOS


Y, hablando de cánidos, Troy vuelve por sus fueros en LA MIRADA DE CASILDA

viernes 9 de octubre de 2009

EMBRIONES 4: 1960


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

En realidad, esta canción está acabada desde el 79. Pero nunca ha tenido oportunidad de presentarse en público. La ensayé con Charlie al poco de conocernos pero había un problema. Hay un momento en que las subidas de tono (tiene una música bastante compleja y grandilocuente, a lo John Barry en la serie Bond de los 60) me resultaban muy difíciles de alcanzar así que decidimos aparcarla para hacer en duet con alguien de poderosa voz o algo por el estilo. La letra es de las más introspectivas que he parido nunca. Por otra parte, dado que ahora cuento con el arrope vocal de Charlie y Clara (y hay también otras voces dispuestas para el juego cantabile –ahí, the top hat singirl-), tal vez deberíamos recuperarla en algún momento, a ver si al fin nos cuaja.

Sales de la vieja villa en un Aston Martin,
el portero de uniforme te abre el portal.
Subes el cristal: están cayendo algunas gotas.
La estatua de la fachada sonríe al pasar

tú, que atraviesas bulevares y paseos.
La ciudad está desierta, no hay ni un peatón.
La melancolía que da el cielo encapotado
choca con las losas cubiertas de oro vegetal.

Y recuerdas
pasajes de André Maurois:
poetizas
llegando a filosofar.

El volante escucha
tu silente pensar.

Flotas por la Castellana entre sus palacios.
Las paredes, limpias: sólo hiedra y poco más.
Quieres olvidar algún pasado desengaño
(qué habría hecho Anthony Perkins puesto en tu lugar,

dí). Medio aparcas: sientes ganas de cansarte.
Caminas bajo la lluvia sin una dirección.
La trinchera oscura no es capaz de resguardarte
de ese frío interno que hasta tu centro llegará.

Mejor entra
en ese pequeño club:
quizás alguien
juegue con tu juventud.

Pasaréis el tiempo:

te ayudará, verás.





ilustración: THE LEFT HAND

lunes 5 de octubre de 2009

EMBRIONES 3: MI SILENCIO


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

Una de las letras que me han dejado más satisfecho en los últimos años como creador es CON PACIENCIA. Desde que la escribí se me han ido ocurriendo esbozos de letras similares que me hubiese gustado reunir en una especie de suite. Al final, las deseché todas frente a la grandeza del original y sólo he conservado estas líneas, que tal vez algún día den lugar a otra bonita canción.

Mi silencio te acaricia por detrás y tú lo sabes.
Soy patoso: apenas hablo por temor a importunarte.
Yo quisiera esculpir lapsos con mis ojos y mi voz
pero el tiempo se diluye como azúcar
en el fondo de un tazón.




ilustración: THE LEFT HAND

sábado 3 de octubre de 2009

ES TIEMPO DE SOLONDZ


[reseña inexistente sobre una película aún no vista]


«El infierno son los otros.» (antipática frase de la que uno siempre huye y que la vida se empeña en hacer odiosamente recurrente)

«Rotura tras rotura hasta...» (paráfrasis sobre un despropósito célebre)

«No soy bipolar, es que acabo de estrellarme.» (frase garabateada sobre un pupitre: ahí pueden encontrarse, concisas, lapidarias, definitivas, las mejores impresiones sobre el cine de Solondz)

«La mejor entrada que he leído de este menda.» (los cabronazos de siempre)




ilustración: ADRIAN TOMINE

jueves 1 de octubre de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 6


LA CIUDAD Y EL PILAR DE SAL (Gore Vidal)

Libro el más remoto y el más cercano para cerrar esta canícula tardía. Que me atañe hasta la médula y no me atañe en absoluto. La Otra Mitad especular, homoerótica, que tanto obsesiona a Gore Vidal la comprendo, me cabe, me encaja hasta el último ápice, hasta la empuñadura, pero no como la expresa el autor, con ese género ni con esa realidad (y la empuñadura no fálica sino clitoridiana). Bob Ford, en mi caso, no existe salvo como posibilidad y, además, es una mujer, la Mujer. Mujer pero no polo sino espejo (espejo oscuro, radiográfico –radiografía del ánimo, de mis interiores más inaprensibles-). Mujer y efebo (si pienso en aquellos momentos no consumados, tan sólo esbozados, que acabarían pocos años más tarde dando lugar al PARA TI, quizás el vínculo con la arcadia que representa Bob Ford sea más exacto, más literal, sin tornavueltas moebianas). Pero ese efebo (cuyo rostro parecía intercambiarse ante mis ojos con el de Veronique Sanson en la época de su primer álbum -como aquel imberbe condiscípulo de gafas y aire corvino no mucho antes me había hecho fetichista de esa prótesis en tantos futuros rostros femeninos-) fue menos categoría que reflejo, a su manera perversa y polimorfa, inacabada en su dulce indefinición (tan indefinida como esos escasos varones adultos, maternales en su justo punto, cuya atracción puedo reducir a una sola muestra paradigmática, el Burt Lancaster de CONFIDENCIAS arropando a un Helmut Berger malherido), de mi Bob Ford primordial, transexuado, de diosas poco femeninas según los cánones (por su mucho pelear o su mucho cavilar y su nulo tiempo para el maquillaje –salvo que éste supusiese también una lid profundamente premeditada, sin sombra de rutina, mimada a la categoría de Arte-), diosas que serían también Ligeia, y Madame Hydra, para acabar por resumirse en la Lilith de cabellos de Tiempo que conocí tan profundamente antes de tener conocimiento... Jim Willard no encaja en ningún nicho anómalo, en ningún tópico jocoso, es más bien aburrido por su dificultad para el etiquetaje. Su reserva es constante y su peripecia le lleva (en su condición de estatua de sal, rehén de un paraíso pubescente más pleno de fantasías exploratorias y polimorfos frottages que de rutinarias certezas abocadas al consabido y mecánico taladro) a relaciones con algo de frigidez emocional (en su falta de entendimiento con la sarta de circunstanciales otredades), peregrinando pasiva/agresivamente sin final feliz, en pos de una vuelta a ese momento que nunca ha de repetirse. En mi caso, como ese momento nunca existió (ni siquiera como autoengaño a deux) en el plano real, tengo pleno derecho a continuar persiguiéndolo, a equivocarme, a ilusionarme equivocándome. Bob Lilith seguirá, eterna, femenina, antes, después que yo. Espejo de paradojas.




«...Estaba de nuevo junto a un río, consciente por fin de que el objetivo de los ríos es desembocar en el mar. Nada cambia jamás. Pero nada de lo que existe puede volver a ser igual que antes...» (frases pertenecientes al párrafo final del relato)

domingo 27 de septiembre de 2009

VISIONES APOCALIPTICAS 18


LAS HIJAS DEL ANTICRISTO

Yo también sigo (aunque por razones muy otras) el ejemplo del genuflexo zetaperonista Arsenio Escolar (padre de Escolar Netol, ex-director de PUBLICO y contertulio habitual de la tv de Pedro Jota) y no sacaré en este blog la puñetera foto. Es demasiado apocalíptica, demasiado desagradable (ese aire quasimódico de las jóvenas -tanto reírse en su momento de Chelsea Clinton y, en comparación con las interfectas, ésta sería, en sus peores instantáneas, una presencia quasi feérica-, el pie así como varo de la del extremo -los zapatos, más que góticos, parecen ortopédicos-, sus proporciones no euclidianas -que diría Lovecraft- ignoro si exageradas por los hórridos atuendos -aunque lo mismo no-, y la profunda cutrez de la foto -según explicaron exhaustivamente en la tertulia cubana de INTERECONOMIA, mostrando unos cuantos ejemplos, es una foto que suelen hacerse los dirigentes de los países pequeños y no muy desarrollados con Obama y señora en plan Willy Wonka recibiendo a las visitas en la Fábrica de Chocolate-, antimateria en su patetismo e insignificancia de aquella foto de las Azores que tanto se le reprochó a Aznar), demasiado reveladora (las hijas, en este caso, parecen ser el espejo del alma de su papá -¿de ahí esa compulsiva reacción censora a posteriori por parte de nuestro auténtico e impepinable MAGO DE OZ?-).

Lo dicho, no pondré esa foto. En su lugar colgaré esta otra, de una presencia más grata, hija de aquel cuyo reverso tenebroso, anticrístico, terminal, hoy representa ZP.


jueves 24 de septiembre de 2009

COSAS DE LOBOS


«...what he loved was the game for its own sake - the stealthy prowl through the dark gullies and lanes, the crawl up a water-pipe . . . the headlong flight from housetop to housetop under cover of the hot dark.» (RUDYARD KIPLING)











La noche del 17S se jugó EL GRAN JUEGO en un rincón de Malasaña