lunes, 15 de febrero de 2010

MIA ROMANZA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)









http://www.youtube.com/watch?v=6tkuVsPylT8


ilustraciones: THE LEFT HAND

lunes, 8 de febrero de 2010

LA HORUGA

[haikumenaje a Agustí Villaronga, tras leer la subyugante biografía de Pilar Pedraza que me pasó Dildo]

El Tiempo, esa bufanda urticante, nos amadeja en su abrazo: vida y deseos, muertes y culpa, nostálgicas esperanzas de redención por la Falta anterior a toda memoria que los días se empeñan en pasarnos por las narices. El Tiempo, apretada lid, nos ciñe y prepara, bien ajustados, guarnecidos y chorreantes de jugos, para el Ultimo de los Días como pavos de Acción de Gracias al filo del horneado final.

lunes, 1 de febrero de 2010

LOLA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

«-Usted entiende de magia.
-Lo más elemental. Lo difícil debo resolverlo por mí misma.»

Deshojando la flor: ¿Dulcinea? ¿Aldonza? ¿Dulcinea? ¿Aldonza? ¿o tal vez las dos a la vez? La actriz protagonista me recordaba a Miranda Richardson, tan hecha a sordideces mal entendidas (BAILAR CON UN EXTRAÑO, SPIDER) que evolucionan en giros espirales en los que la razón y la decencia van esfumándose como el líquido en una centrifugadora..

Y cantó el gallo Jannings (aquí Armin Mueller Stahl, roto tras su pragmatismo que luego recuperará, pero para entonces ya herido de ala, como títere cornudo) y su canto fue venganza disfrazada de rebelión (semen retentum) que al poco fue apagada sin tragedia (en clave de farsa, más bien, como señalaba Marx sobre los remakes –ahí la volte face de su conciencia encarnada en el voluble Pepito Grillo de su ayudante, diletante bakunista más movido por envidias que por ideales, tan brutto en su esencia y por tanto tan venal-). El punto de melodrama épico, con un algo randiano en su inicial clima maniqueo, acaba estallando en cínico final a lo Brecht, como esos cuadros setenteros alemanes del llamado realismo capitalista.

«Creo que nos complementamos perfectamente. Usted se ocupa de la realidad en un sentido elevado y yo de la realidad en un sentido superior.
-Yo sueño y usted actúa.
-Usted piensa y yo funciono.»


Resulta tan oportuno descubrir esta película (una vez más, gracias a Charlie) en tiempos de corrupción absoluta donde los principios sólo existen como innobles herramientas (chantaje, coartada, sofisma, ornato, baratijas) de ocasión, sin la menor brizna de sustantividad, sin la menor voluntad de trascendencia. Sólo al socaire de las hormonas los últimos hombres se ponen estupendos para luego desinflarse también por imperativo cojonil. Las tetas y las carretas, ya se sabe.

Lola es Alemania y Alemania en los 50 (ahí Marlene –la Lola primigenia cuyo rostro de vieja prematura ya nos guiña en los rasgos de esta otra Lola- en sus papeles de la época) es esa putesca Hamburgo que vio nacer a los Beatles, esa putesca realidad ocupada que se vence y se vende cada noche para mantener la voluntad fabril y febril de reconstrucción material (el espíritu, sin embargo, sólo se levantará a trompicones freakies, visionarios, feroces, mayormente cinematográficos pero mucho después –Fassbinder, Herzog, Wenders...-).

Japón, una historia gemela, al extremo de que esta historia de la nueva Lola habría podido perfectamente ser una novela de Mishima. Hasta la última palabra, la última imagen, la última traición. Y llevada al cine por Kitano (siempre que me reencuentro con RW y su teatro filmado de la crueldad me acabo acordando de Takeshi el golpeador y sus artes marciales a golpe de cámara).

«Fue hermoso cantar para usted pero toda canción tiene su final.»