martes, 6 de diciembre de 2011
KAPUTT: lecciones de supervivencia
Recientemente he leído un libro que me acompañó en la infancia (se encontraba en las bibliotecas familiares con cierta profusión, en aquellas colecciones de bolsillo de Plaza & Janés) pero al que nunca atendí. Los escenarios enlazan con imágenes poetizadas por Ridruejo en sus cuadernos divisionarios, con estancias/evasiones de un castillo a otro recordadas en la postguerra por Céline, con momentos retomados por Jünger en sus memorias… Pero la escritura no encaja exactamente, aunque participa de estos tres nombres: el profundo desencanto de Ridruejo ante la degradación de un régimen en el que creyó y que se le cae a pedazos como expectativa a partir de la guerra total, planetaria (de la guerra como lastre con ínfulas de partner al lado de la feminidad enfermiza que encabezaba un mal llamado III Reich –los paisajes que nuestro autor y Ridruejo vivieron llegan a confundirse-, guerra abocada a ser perdida entre imperios –uno que declina, otros que se afianzan- ante los que hay que postrarse del modo más descarnadamente puttanesco –por aquello de salvar la pelle-); el nihilismo abisal del monstruo trepanado Destouches recogiendo en su cabeza deforme y llena de ruidos escenas en las que la realidad enmienda la plana, superándolo, al mismísimo Bosco; la disciplina (entre la responsabilidad y el instinto de supervivencia) con que Jünger vive su guerra contra todos los mandos y a favor de todas las víctimas. En KAPUTT hay menos probidad cívica que en la desazón ridruejista y, desde luego, menos sobrehumanidad omnisciente y comprensiva que en Jünger: tal vez haya un mayor parecido con Céline en esa pulsión tremendista, en cierta delectación por los momentos más crueles (delectación no sádica, sino fatalista, casi penitencial, autoobligada como escupitajo lanzado al escapismo de la buena conciencia burguesa –que siempre, a toro pasado, transmuta sus abyecciones en heroísmos-), y también, en su maledetta toscanitá de evitar autoinmolaciones gratuitas, anticipa a un Jünger futuro, el anarca Martin Venator (de vuelta de todas las guerras y emboscaduras, más agente secreto que guerrillero agreste, inasequible a la impaciencia). El autor de KAPUTT es un escéptico tras haber sido un exaltado. Es italiano, toscano, de esa región que elegirá Lecter (ese otro gran paradigma de la supervivencia) para mimetizarse por un tiempo (hasta una familia malhadada –los Pazzi- incidirá en ambos). Su exaltación (como a Ridruejo) lo llevó a primera línea del frente militar y político y el posterior desencanto, a sufrir prisiones y destierros. De vuelta hasta del desencanto, entre la distancia sobrehumana de Jünger y el cinismo convulso de Céline, Curzio Malaparte (revuelto contra su propia sangre alemana –por vía paterna- y también contra la afirmación italiana imperial que él vería degenerar de primera mano hasta extremos grotescos) nos describe en este libro sus muchas conversaciones con monstruos y con homólogos (como el español Agustín de Foxá) y con mundanas (frivolidades orgiásticas entre pilas de cadáveres que décadas más tarde serán recuperadas por Patrick Modiano –aunque en esta ocasión, sin la riqueza del testimonio, más como recreación novelesca-).
Tal vez en este momento de mi vida sea oportuna, hasta providencial, la lectura de KAPUTT. Para mejor aprender a sobrevivir, para mitigar mis cóleras poundianas ante la arbitrariedad y la injusticia y la cobardía y la estupidez (cóleras que pueden llegar eventualmente a abocarte a la jaula y al manicomio –destino éste que, cual factura damóclea, la sociedad y la familia me han pretendido siempre cobrar por aquello de ser hijo de mi madre y no haber hecho méritos de cordura –esto es, de filisteísmo- suficientes como para que se perdone tal condición), para difuminar mi visión celiniana de rayos x que (como a Ray Milland en aquella peli) sólo me ha traído (por la paradoja de sacar a colación las miserias que otros callan y, al tiempo, no lograr ver esos trajes nuevos del emperador que todo el mundo alaba) desgracias y un nivel de vida casi parejo, para aceptar de una vez que mi querencia por el sobrehumano Jünger no me ha llevado en ningún momento a situarme a su altura ni como emboscado ni como anarca. Puede que mis últimos años, si el destino me da un respiro (veamos qué pasa con el trabajo del sr Pinzolas, o con LA RULETA CHINA, o con alguna expectativa de carácter personal que logre burlar mi sempiterna soledad), sean mejores si aprendo de una puñetera vez a sobrevivir, a contemporizar, entre monstruos, entre pequeños monstruos abyectos y miserables inflados de buena conciencia que se ponen estupendos denunciando anécdotas mientras se callan como putas ante las categorías evidentes, ante los flagrantes agujeros negros, ante los inexistentes trajes nuevos del emperador. Debo blindarme, como Malaparte, con una coraza entreverada de probidad y cinismo, para no tropezar más veces en mi torpe renquear quijotesco. Debo, en una palabra, SOBREVIVIR.
Y lo mismo así en mi última hora, también como Malaparte (con su opción final por la China de Mao y su doble corte de mangas a las iglesias del PCI y del Vaticano -que se disputaban su alma en ese ferreriano viático a deux-), pueda morir con una pirueta anarca, lecteriana, que me reconcilie con mi quijotismo de otrora.
Se intentará…
jueves, 1 de diciembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
MEJOR ESCAPADAS QUE EVENTOS
(meditación en La Herradura)
Mejor el azar pródigo en suprarrealidades y no la rutina que enjaula y encadena.
Mejor la intimidad recoleta, selectiva, esclarecedora, que el mogollón tumultuoso, indiscriminado, incomunicante.
Mejor la buena gente (esa buena gente que, como el buen paño, en el arca se vende) y no el spam humano (que arrolla y envilece desde su mendacidad apriorística).
Mejor el ascenso aguileño a vórtices de soledad en cal y cielo que no perder el pie en la marabunta abisal donde nadie es nadie.
Mejor ser que estar, dando a la noción de BIEN rango de categoría y no de anécdota.
con Santiago y el sr Pinzolas en pos de la visión imposible
sábado, 1 de octubre de 2011
ZENTREMONOS
(continuación de esta entrada)
AYN RAND AFIRMA LA VIDA COMO UN TODO PLETORICO DE ENERGIA FRENTE A LA ENTROPIA (EL CAMINO QUE NOS LLEVA A LA NADA = ENTROPIA COMO PARASITACION DE LA ENERGIA). DE AHÍ SU RECHAZO A LA REIFICACION DEL CERO. EXPLOSION DE UN SER IMPERFECTO SEDIENTO DE SOBREHUMANIDAD.
SIMONE WEIL DEFIENDE LA DESCREACION COMO RECHAZO A UNA VIDA ENTENDIDA COMO METASTASIS CANCEROSA. ES LA CELULA MALIGNA QUE SE NIEGA A EXISTIR COMO TAL CELULA MALIGNA. MISTERIO CATARO.
AMBAS POSTURAS ME SON CERCANAS. AMBAS CABEN EN MI. AUNQUE YO NO QUEPA DEL TODO EN CADA UNA CONTEMPLADA COMO ABSOLUTO.
LA SINTESIS NOS OBLIGA A ORIENTARNOS.
lunes, 12 de septiembre de 2011
YO CONTRA EL GRAN ANIMAL
(intento de síntesis hegeliana de Ayn Rand y Simone Weil)
«Yo elegiré amigos entre los hombres pero nunca esclavos ni amos.» (AYN RAND)
«Sólo podemos dirigirnos hacia un ideal. El ideal es tan irrealizable como el sueño, pero, a diferencia del sueño, se relaciona con la realidad.» (SIMONE WEIL)
LA NATURALEZA NOS IMPELE A RECONQUISTAR LA PALABRA "YO" CUANDO ESTA ES SECUESTRADA POR EL GRAN ANIMAL, ESTO ES, POR LA FICCION SOCIAL. PORQUE LA REALIDAD ES NATURALEZA Y LA SOCIEDAD, FICCION. Y SOLAMENTE DESDE NUESTRA HABITACION PROPIA, DESDE EL LUMINAR DE NUESTRA RESPONSABILIDAD, PODREMOS DECIDIRNOS POR LA AFIRMACION O LA DESCREACION, O TAL VEZ POR AMBAS VIAS SI PERSEVERAMOS LO SUFICIENTE (LA CONJUNCION SIEMPRE TRASCIENDE AL DILEMA, POR ESO ES PATRIMONIO DE TAN POCOS)
jueves, 1 de septiembre de 2011
GRAMATICA INTERIOR A DEUX
Carmen Hierro me acaba de hacer llegar el catálogo de la expo RODART en la que ambos contribuimos con una foto suya y un texto mío glosando dicha foto. En tanto el libro en que ambos nos implicamos el año pasado sigue su vía crucis en busca de editor (gracias, Esther, por tu infatigable rol de cirinea), ésta es por el momento la única muestra conjunta de nuestra empatía creadora.
GRAMATICA INTERIOR
(o cómo por una vez el traje nuevo de la emperatriz es a un tiempo ilusión y realidad)
La carne es en ti vestido
que no pierde la inocencia.
GRAMATICA INTERIOR
(o cómo por una vez el traje nuevo de la emperatriz es a un tiempo ilusión y realidad)
La carne es en ti vestido
que no pierde la inocencia.
No existen hojas de parra
con vocación de gendarme
que te impongan la vergüenza.
Deja vus en tonos sepia
para los ojos del alma,
el cuellecito de blonda
y los botones de hueso,
con su calidez de otrora,
con su entrañable decoro,
no chocan, más bien remachan
en su germinal ornato
la liturgia del origen,
la pureza de la imagen,
el deseo sin pecado,
el concepto inmaculado,
el hallazgo inesperado,
ese círculo cuadrado,
tu gramática interior.
martes, 23 de agosto de 2011
lunes, 15 de agosto de 2011
LA LIBERTAD PERFECTA
«Hay que esforzarse por concebir claramente la libertad perfecta, no con la esperanza de alcanzarla, sino con la esperanza de alcanzar una libertad menos imperfecta que nuestra condición actual, pues lo mejor no es concebible sino por lo perfecto. Sólo podemos dirigirnos hacia un ideal. El ideal es tan irrealizable como el sueño, pero, a diferencia del sueño, se relaciona con la realidad. Permite, como límite, ordenar situaciones reales o realizables desde el menor al más alto valor. La libertad perfecta no puede concebirse como si consistiera simplemente en la desaparición de esta necesidad cuya presión sufrimos perpetuamente. En tanto viva el hombre, es decir en tanto constituya un infinito fragmento de este universo implacable, la presión de la necesidad no se relajará jamás un solo instante. Un estado de cosas en el que el hombre tenga todo el gozo y también la menor cantidad de fatigas que quisiera no puede tener cabida, salvo como ficción, en el mundo en que vivimos. La naturaleza es, en verdad, más clemente o más severa para las necesidades humanas según los climas y quizá según las épocas, pero esperar la invención milagrosa que la tornaría clemente en todas partes y de una vez para siempre es casi tan poco razonable como las esperanzas puestas en otros tiempos en el año mil. Además, si se examina de cerca esta ficción no parece que ni siquiera valga la pena. Basta tener en cuenta la debilidad humana para comprender que una vida en la que la noción misma de trabajo hubiera casi desaparecido estaría librada a las pasiones y quizá a la locura. No hay dominio de sí sin disciplina y no hay otra fuente de disciplina para el hombre que el esfuerzo demandado por los obstáculos exteriores. Un pueblo de ociosos podría muy bien divertirse creándose obstáculos, ejercitarse en las ciencias, en las artes, en los juegos, pero los esfuerzos que proceden de la sola fantasía no constituyen para el hombre un medio de dominar sus propias fantasías. Son los obstáculos con que choca y que tiene que superar los que le proporcionan la ocasión de venderse a sí mismo. Aun las actividades en apariencia más libres -ciencia, arte, deportes-, sólo tienen valor en tanto imitan la exactitud, el rigor, la escrupulosidad propias del trabajo, y aun las exageran. Sin el modelo que les proporcionan sin saberlo el labrador, el herrero, el marino, que trabajan como es debido -para emplear una expresión de una ambigüedad admirable-, caerían en la pura arbitrariedad. La única libertad que se puede atribuir a la edad de oro es la que gozarían los niños si los padres no les impusieran reglas; en realidad no es más que una sumisión incondicionada al capricho. El cuerpo humano no puede en ningún caso dejar de depender del poderoso universo en el que está preso; aun cuando el hombre cesara de estar sometido a las cosas y a los otros hombres por las necesidades y los peligros, estaría aún más completamente librado a ellos por las emociones que conmoverían continuamente sus entrañas y de las que ninguna actividad regular lo defendería ya. Si se debiera entender por libertad la simple ausencia de toda necesidad, esta palabra carecería de toda significación concreta, pero no representaría para nosotros aquello cuya privación quita valor a la vida.» (SIMONE WEIL -fragmento de su REFLEXIONES SOBRE LAS CAUSAS DE LA LIBERTAD Y LA OPRESION SOCIAL-)
lunes, 1 de agosto de 2011
ANATHEMA SIT
«La jurisdicción de la Iglesia en materia de fe es positiva en la medida en que impone a la inteligencia una cierta disciplina de la atención. También en la medida en que le impide entrar en el dominio de los misterios, que le es extraño, y divagar en él.
Es completamente negativa cuando impide a la inteligencia, en la investigación de las verdades que le son propias, usar con libertad total la luz difundida en el alma por la contemplación amorosa. La libertad total en su dominio es esencial para la inteligencia. La inteligencia debe ejercerse con libertad total, o guardar silencio. En su dominio, la Iglesia no tiene ningún derecho de jurisdicción y, en consecuencia y de forma especial, todas las “definiciones” en las que se habla de pruebas son ilegítimas.
En la medida en que “Dios existe” es una proposición intelectual –pero solamente en esta medida- se la puede negar sin cometer ningún pecado contra la caridad ni contra la fe. (E incluso esta negación, hecha a título provisional, es una etapa necesaria en la investigación filosófica.)
De hecho, hay desde el comienzo, o casi desde el comienzo, un malestar de la inteligencia en el cristianismo. Este malestar es debido a la forma en que la Iglesia ha concebido su poder de jurisdicción y especialmente al uso de la fórmula anathema sit.
Allí donde la inteligencia se siente a disgusto, hay opresión del individuo por el hecho social, que tiende a devenir totalitario. En el siglo XIII sobre todo, la Iglesia estableció un comienzo de totalitarismo. A partir de ahí, no carece de responsabilidad en los acontecimientos actuales. Los partidos totalitarios se han formado por efecto de un mecanismo análogo al uso de la fórmula anathema sit.
Esta fórmula y el uso que de ella se ha hecho impiden a la Iglesia ser católica de otro modo que el meramente nominal.» (SIMONE WEIL)
Es completamente negativa cuando impide a la inteligencia, en la investigación de las verdades que le son propias, usar con libertad total la luz difundida en el alma por la contemplación amorosa. La libertad total en su dominio es esencial para la inteligencia. La inteligencia debe ejercerse con libertad total, o guardar silencio. En su dominio, la Iglesia no tiene ningún derecho de jurisdicción y, en consecuencia y de forma especial, todas las “definiciones” en las que se habla de pruebas son ilegítimas.
En la medida en que “Dios existe” es una proposición intelectual –pero solamente en esta medida- se la puede negar sin cometer ningún pecado contra la caridad ni contra la fe. (E incluso esta negación, hecha a título provisional, es una etapa necesaria en la investigación filosófica.)
De hecho, hay desde el comienzo, o casi desde el comienzo, un malestar de la inteligencia en el cristianismo. Este malestar es debido a la forma en que la Iglesia ha concebido su poder de jurisdicción y especialmente al uso de la fórmula anathema sit.
Allí donde la inteligencia se siente a disgusto, hay opresión del individuo por el hecho social, que tiende a devenir totalitario. En el siglo XIII sobre todo, la Iglesia estableció un comienzo de totalitarismo. A partir de ahí, no carece de responsabilidad en los acontecimientos actuales. Los partidos totalitarios se han formado por efecto de un mecanismo análogo al uso de la fórmula anathema sit.
Esta fórmula y el uso que de ella se ha hecho impiden a la Iglesia ser católica de otro modo que el meramente nominal.» (SIMONE WEIL)
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