lunes, 1 de marzo de 2010

MIS QUERIDAS FOTOGRAFAS


Todo empezó con Casilda, a poco de conocernos, cuando, en nuestras primeras excursiones por sierras y litorales, me fijé en la afición que le echaba a la captura de paisajes y rincones con su cámara, analógica en un principio y al poco digital. Su ojo, curtido en los 80 como diseñadora de moda en apreciar colores, volúmenes y formas, ahora se fijaba con una gracia especial en lo que nos deparaba la naturaleza o en esos detalles mágicos que la mano humana alguna vez construyó. Ese material se recoge, vario y pintón, en la entrada dedicada al incendio del Windsor, así como en la sección de VIAJES del portal shadowliner. Y Casilda es también la primera persona, desde mi difunto abuelo Joaquín, que me ha hecho objeto persistente de su querencia fotográfica (algo que, con la excepción ocasional de Mario Pacheco, nadie -ni siquiera en mi cuarto de hora como estrellita de la Movida- tuvo a bien hacer).



Poco después, Magdalena, forera y luminarca de primera hora, me descubrió con su blog LOS PAISAJES ESCRITOS unas aptitudes similares a las de Casilda en cuanto a su atención por el paisaje y el rincón, la panorámica y el detalle. Ahora que me ha prometido reincorporarse como entradista al LUMINAR (que tenía un poco abandonado), yo le sugeriría que vuelva a colgar alguna que otra foto iluminando esas impresiones, propias o ajenas, que configuran su perfil bloggero.

Declinaba el último verano cuando quedé transido de pasmo ante una foto de Guillermina, la Reina Doda, a tal punto que no pude por menos que dedicarle una entrada empapada de priones y de nacaradas impresiones. Ahora, esta sibila de lo gráfico (fotógrafa de diseño, chistógrafa y vindicadora de un humor que eleve y no envilezca, resucitadora de dodos, cartelista y berlanguiana ninotaire e imaginativa performatriz) se une al LUMINAR y espero que éste sea todavía más luminoso con su explosiva personalidad, sólo concebible en una fantasía de Lewis Carroll.

No mucho más tarde, cierta noche de otoño la palindrómana Bárbara colgó en su blog una mágica instantánea de una luna llena tomada desde su balcón que me impresionó tanto que no pude por menos de comentárselo a Magdalena, por recordarme a imágenes suyas, y desde entonces se inició una enriquecedora sinergia entre ambas que ahora culmina con su común presencia en la cofradía luminarca. Lástima que Bárbara descolgó enseguida dicha foto (la única que he visto de su factura, salvo que en su blog haya otras suyas cuya autoría desconozco) dejándonos huérfanos de bañarnos cada x tiempo en ese lunón. Le diría lo mismo que a Magdalena: ¿por qué no recuperas esa foto para el LUMINAR y también algunas otras más? (está claro que quien supo retratar así a la blanca Selene tiene más bazas en su cámara que compartir).

Y este nuevo año empieza con un nuevo nombre, Inma. Fotógrafa de profesión pero más, mucho más, de vocación. Mirada bulímica de líneas y de manchas y no sólo amiga de paisajes y rincones, sino experta en capturar modelos en estudio, en concierto o al aire libre con tal profundidad en su visión que da a estas figuras un algo obsesionante. Se vino un fin de semana desde Barcelona para hacernos fotos a Charlie y a mí por puro gusto y, visto lo acertado de su quehacer y su inasequibilidad al hartazgo (nunca había suscitado en nadie tal frenesí fotografiador, lo que siempre resulta estimulante aunque también produzca algo de vértigo, habituado durante décadas al rol de patito feo/patata caliente), la he nombrado mi fotógrafa de cabecera. Armada con esa Minolta añeja como sacada de una historía de Tim Burton, ahora estamos trabajando en un libro donde mis impresiones más definitivas hasta la fecha (valga la paridoja) sobre La Mujer se enriquecen con su mirada certera, obsesiva, de trapecista sin red.