lunes, 17 de mayo de 2010

PAISAJES ESCRITOS POR PLA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


Acabo de quedar seducido por Pla a través de una recopilación que me pasó Charlie, SENTENCIAS E IMPRESIONES. En algunos momentos, cuando toca temas de paisaje, me produce una sensación muy grata, similar a la que me regaló la lectura de ALFANHUI. Por otra parte, hay sentencias que hago mías y que me parecen de tanto fuste como las acuñadas por un Jünger.

Espigando, he elegido ésta, en donde el amor por la naturaleza y ese aire (impremeditado, supongo, aunque desconozco sus filias) con EJ, aire cargado de enigmática lucidez, se muestran poderosamente:

«El sentimiento de que entre Dios y la naturaleza existe un problema de proporciones siempre a punto de romperse, pero que nunca llega a romperse totalmente, explica por una parte su humildad y por otra su soberbia»

Husmeando por la red, me he topado, como era de esperar, con dos deliciosas entradas de Magdalena (CAFE PARA CUATRO y BELLE DE JOUR), cuyas imágenes se adecúan como mullidas babuchas a la prosa del dandy camuflado de gañán (o sea, el colmo del dandismo, para quien guste ir al fondo de las cosas, más declassé que parvenu -volviendo a EJ, refugiado en su casita del bosque, lejos de falaces bullicios, cada vez más abocado a parir a Martin Venator ¿cómo no asociarlo con el gerundense?-).

Y, de guinda, para persistir en mi querencia por el catalán (querencia que ningún despropósito de los últimos lustros proveniente de la ralea política hará mermar) mamada de la luminosa teta de la diosa Mª del Mar Bonet, de las alucinaciones de Ia y Batiste y de Jaume Sisa o de la hirsuta socarronería de Ovidi Montllor, acabo de descubrir este no menos delicioso blog dedicado a recuperar fragmentos del QUADERN GRIS, que apresuro a recomendar y del cual me declaro desde ya seguidor. Entre las categorías que más he disfrutado, clima y meteorología, paisajes y (¡cómo no!) las cosas del comer.


lunes, 19 de abril de 2010

WENONA Y SUS TRIBULACIONES


(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)

[supongo que el llevar elaborando desde otoño un libro de asunto bastante tórrido más el gozoso inri de haberse sumado al proyecto una fotógrafa habituada a trabajar con modelos (y, en el caso concreto de la entrada que vais a leer, puede que también mi subconsciente haya almacenado las evocaciones que me hizo Inma de su etapa adepta a los piercings) me ha hecho retomar una saga iniciada en el antiguo blog y nunca continuada hasta la fecha en éste, la de las ciberdiosas, esas mujeres a las que encuentro un especial carisma y que se muestran por la red en trances (nunca mejor dicho) intensamente atizadores del deseo]





Hará unas semanas descubrí a través de una página de culturismo femenino una chica que me llamó la atención aunque sin sospechar de su extrema y sugerente multiplicidad de facetas. Parecía tocar muchos palos (machaques de gimnasio, contorsionadísimas y calatísimas -por usar el peruanismo- sesiones de yoga, escenitas sáficas -mayormente con un punto sadomaso, bien en el estudio de ballet bien en el ring de lucha-, singulares experiencias de desarrollo branquial -que me aterraron y fascinaron a la vez al recordar las prolongadas ahogadillas que me practicaba mi madre en la bañera y en el mar y que me marcaron para siempre como inepto para la natación- y -esto lo considero muy de agradecer- nada de coyunda con varones -no puedo evitar el bostezo al contemplar a uno de esos titanes taladradores en plena tarea más bricomaníaca que orgásmica, a juzgar por las expresiones por lo general indiferentes o pésimamente fingidas de la pareja-) hasta llegar a la que parecía ser su (nunca mejor dicho) piece de resistance, el bondage, cuanto más enrevesado y pródigo en aparataje, mejor.



Ya he dicho en varias ocasiones cómo todo lo que implique maquinaria en la cosa erótica me deja frío y me hace pensar más en el profesor Franz de Copenhague, con sus complejos mecanismos rebosantes de poleas y polipastos, que en lúbrica alegría de pajarillas. Sin embargo, por otra parte, dejando las maquinarias a un lado, he de reconocer que mis mitos calientes más señeros tienen que ver de modo recurrente con la tensión, el dominio, la violencia, el peligro y la devoción: ahí todo lo ya explicado en la saga Honeybunny (repleta de replicantes, diosas guerreras, agentes secretas, tarantinescas hembras de presa, vampiras –con la sublime Ligeia a la cabeza-...), lo fantaseado en buena parte de mi narrativa (MARY ANN y LA CANCION DEL AMOR son dos buenos ejemplos), el hecho de que la primera ciberdiosa con la que me topé se moviese en paisajes muy cercanos a la estricta disciplina (guiños al CRASH de Ballard incluidos -nunca olvidaré el impacto que me produjo la figura de Vaughan, ese dios oscuro, y sus moiras Holly Hunter y Rosanna Arquette en la adaptación chorreante de morbo y diesel que nos regaló Cronenberg, quien ya había masajeado los rincones más ocultos de mi libido con la no menos tomatosa INSEPARABLES-) o lo turbadora que me resulta la presencia de la dominatrix Lady Heather en CSI: LAS VEGAS con ese rol (tan lleno de tensión sexual) de amiga confidente, con vocación de algo más íntimo, del retraído devorador de insectos Gil Grissom.




Pero nunca antes había hallado tal dedicación a estos menesteres, en los que la atlética y pluscuamflexible Wenona se somete a toda clase de pruebas físicas, pero sin la resignación o el victimismo de las tediosas y lloriqueantes heroínas de Sade, sino más bien (y ahí Lady Heather me daría la razón) con el temple del legionario o de una Uma Thurman en KILL BILL adquiriendo experiencia y sabiduría predadora al lado del maestro samurai de turno. Siempre me ha desagradado el regodeo en la humillación gratuita, tanto física como psicológica, y tal vez por ello no encuentro placer en recreaciones de snuffs, violaciones o sadomaso con claras connotaciones de verdugo y víctima (de hecho, una de mis experiencias más desagradables en sala de cine fue el visionado de la primera entrega de la saga HOSTEL) pero esa especialización de Wenona, con un punto esotérico, casi de ordensburg, como invitando a sumergirse en una realidad no apta para todos, me resulta muy hipnótica como puerta entornada hacia otras dimensiones, las del bondage como experiencia a disfrutar por todas las partes (algo que, en el instante en que escribo estas líneas, aún bisoño en el visionado de sus alucinantes tribulaciones, sigo contemplando como un misterium tremendum).



lunes, 12 de abril de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (31)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


TUMBLING DOWN

intérprete original: COCKNEY REBEL
letra y música: Steve Harley

Gee, but it's hard when one lowers one's guard to the vultures
Me, I regard it a tortuous hardship that smoulders
like a peppermint eaten away
(will fight, will i swagger or sway?)
Hee, hee, M'Lady, she cries like a baby to scold us
see her tumbling down, tumbling down

Hail! to the monkey; we're having a funky reunion
Wasted and sunk, he can only have Sunday communion
he got nicotine stains in his eyes
he got nothing to protect but his pride
Oh! smother the kiss or be drownded in blissful contusion
(replace with)
Oh! smother the kiss or be drownded in blissful confusion

see it tumbling down, tumbling down

Juvenile tale, (see the Titanic sail into Brighton)
The Hemingway stacatto, the tragic bravado can frighten!
to be here, there and everywhere's fine
but do you have to be so swift all the time?
Deliver the Dawn to the Moulin-Rouge on the Horizon
watch it tumbling down, tumbling down

(Refrain) Oh! dear, look what they've done to the blues, blues, blues



«Amo a Steve Harley como se ama a un gemelo o a esa figura que se agita al otro lado del espejo.» (fragmento del texto que publiqué en el nº 18/19 de EL CORAZON DEL BOSQUE)

jueves, 1 de abril de 2010

LAS CANCIONES DE MI VIDA (30)

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)


MAD WORLD

intérprete original: TEARS FOR FEARS
letra y música: Roland Orzabal

[por lo general, las canciones de mi vida son parte de mundos creativos en los que me siento a gusto pero en el caso de TEARS FOR FEARS sólo conozco este título (me da un cierto miedo profundizar en este grupo porque, a veces, una canción que me gusta –descubierta, por lo general, a través de un videoclip muy resultón- no me lleva a otras del mismo origen que también me hagan tilín sino a profundas decepciones al acercarme a la obra genérica que o bien me aburre o me resulta profundamente grimosa: ya me pasó con Radio Gaga y QUEEN, Every Breath You Take y POLICE, Luka y Suzanne Vega o Once In A Lifetime y TALKING HEADS); incidiendo en lo dicho en el paréntesis, Mad World la descubrí a través de series de tv (por ejemplo, HOUSE) y de una extraña película, DONNIE DARKO, no en la versión original sino en una que me gusta más, de un tal Gary Jules]

All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere
Their tears are filling up their glasses
No expression, no expression
Hide my head I want to drown my sorrow
No tomorrow, no tomorrow
And I find it kinda funny
I find it kinda sad
The dreams in which I’m dying
Are the best I’ve ever had
I find it hard to tell you
I find it hard to take
When people run in circles
It’s a very, very mad world mad world
Children waiting for the day they feel good
Happy Birthday, Happy Birthday
And I feel the way that every child should
Sit and listen, sit and listen
Went to school and I was very nervous
No one knew me, no one knew me
Hello teacher tell me what’s my lesson
Look right through me, look right through me
And I find it kinda funny
I find it kinda sad
The dreams in which I’m dying
Are the best I’ve ever had
I find it hard to tell you
I find it hard to take
When people run in circles
It’s a very, very mad world … mad world
Enlarging your world
Mad world

lunes, 15 de febrero de 2010

MIA ROMANZA

(continuación de la serie iniciada en EL PUNTO Z)









http://www.youtube.com/watch?v=6tkuVsPylT8


ilustraciones: THE LEFT HAND

lunes, 8 de febrero de 2010

LA HORUGA

[haikumenaje a Agustí Villaronga, tras leer la subyugante biografía de Pilar Pedraza que me pasó Dildo]

El Tiempo, esa bufanda urticante, nos amadeja en su abrazo: vida y deseos, muertes y culpa, nostálgicas esperanzas de redención por la Falta anterior a toda memoria que los días se empeñan en pasarnos por las narices. El Tiempo, apretada lid, nos ciñe y prepara, bien ajustados, guarnecidos y chorreantes de jugos, para el Ultimo de los Días como pavos de Acción de Gracias al filo del horneado final.

lunes, 18 de enero de 2010

MOMENTOS QUE VUELVEN COMO FLORES SECAS

[escrito en plena digestión del libro de Rafael Sánchez Ferlosio INDUSTRIAS Y ANDANZAS DE ALFANHUI]


Atípica ¿narración? Me la pasó Charlie justo cuando acababa mi relectura celiniana (de hecho, esa tarde él se llevó el VOYAGE... para empezar a sumergirse en el via crucis en que yo he vivido durante dos meses, un pie en una realidad ya bastante kippelizada y otro en el no menos acre negro sobre blanco –Charlie, con un entorno mucho más grato en derredor, podrá sumergirse en Destouches de manera más inocua, sin tanta crudeza, desde la distancia que siempre supone el batiscafo frente al frío glacial que cala los sufridos huesos de la pescadora de perlas-) y me trae a primer plano tantos momentos ligados (más o menos directamente) con mi muy primera infancia y sus deslindes entre campo y ciudad: como la vaquería de García de Paredes (mentada por Fernando Fernán-Gómez en sus memorias y que me lleva a ser consciente de mi larga cronología, con flecos de postguerra en el pompis) de la mano de la chacha Carmen (cuando anochecía, para recoger en jarra de hojalata la leche del desayuno); como el mercado de Olavide, también de la mano de Carmen, en busca de tebeos Bruguera a perra gorda el ejemplar (en compañía de esta misma fámula me vuelve también un domingo en Esquivias comiendo pajaritos fritos en sartén –crish, crish: determinadas canciones de las Vainicas me hacen revivir muchas de esas secuencias llenas de incipiente pasmo ante un mundo por descubrir-); como los ratos acompañando a la bisabuela Manuela y a la tía Pepa (las ancianas que se ocuparon de mis tres primeros años) mientras trasteaban en la cocina de carbón o, a la noche, cenando cardo guisado y pescadilla rabiosa en la mesa camilla bajo cuyas faldas latía el brasero; como mis andanzas con mi tío Antonio por el Parque del Oeste, la Casa de Fieras (la última visita por sus contornos fue finalizando la pasada primavera, cuando firmé ejemplares de EL ETERNO FEMENINO y la Feria del Libro todavía olía, tras décadas sin zoológico, a elefante, a león y a hiena), el Museo de Ciencias Naturales (aquí la nostalgia fue lacerante, por las referencias que hace el autor a la taxidermia) o la Dehesa de la Villa (lugar éste al que volvería milenios después con Casilda para solaz de Troy), sin olvidar esos descensos a sordideces del extrarradio (entonces, mucho más próximo y agreste, sin cinturones de autopistas ni adosados, que años más tarde recobraría en escenas de Baroja, Ramón, Solana, Azcona o Neville); como La Rociá, el chalet marbellí de mi tía Carmela (dando de comer a los gatos, explorando el bosque de eucaliptos, asombrándome ante el tamaño de los calabacines del huerto, examinando los helechos y buganvillas del porche, jugando con la excavadora Clim junto a la puerta de la cocina al acabar la merienda...); como esas tardes mustias de primera juventud viendo OFICIOS PARA EL RECUERDO y/o releyendo a Azorín (actividades prácticamente sinónimas); como la punzada de emoción que aún siento de pronto ante tal o cual secuencia de ciertas películas (EL ESPIRITU DE LA COLMENA, LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS...); como el embobamiento frente a determinados cuadros de realistas españoles (sobre todo, de Isabel Quintanilla); como el recuerdo doloroso de Aida Pandiello, mi groupie con alma bröntiana del 83, a quien suicidaron las mil voces de sus pasiones, que no le cabían en el cuerpo (y eso que era un cuerpo grande, de pantera rojiza y moteada, con trasunto de prao húmedo a la amanecida); como trances vividos mano sobre mano con Casilda en mis reencuentros tardíos con lo rural y aldeano (en Altea escalando el pueblo viejo tras un rato en la tienda de aromaterapia y objetos balineses, o por el caminito escarpado que une Les Basetes con Calpe, o sorteando zurullones de vaca por tal o cual bosquecito de la sierra del Lozoya, o triscando por montañas nevadas de Huesca y Lérida -reviviendo el asombro de aquellas primeras nieves que contemplé con mi tío a los tres años por plaza de España, casi desembocando en lo que más tarde sería el asentadero del templo de Debod-, o deambulando por Lisboa o por Oporto...); como la lectura de cierto libro en el porche de los Hutchinsons (cuarenta años antes había leído otro libro en otro porche, también en plena canícula); o como el fin de semana del pasado agosto que pasé con Jaime y Mariluz en su entrañablemente desquiciado rancho abulense (ideal para un remake del Saura más morboso –PIPPERMINT FRAPPE, ANA Y LOS LOBOS, MAMA CUMPLE 100 AÑOS o ¡cómo no! LA CAZA- pero también con un punto de la finca de ARREBATO donde Eusebio Poncela conoce a Will More –Jaime, con su frenesí videografiador, no pudo por menos que traérmelo a las mientes-)...

Momentos, en su mayoría, que vuelven como flores secas, como viejas fotos de álbum hallado en un desván. Momentos que no se pueden rehidratar como ñoras o setas chinas o tomates italianos porque la vida no es un guiso y, todo lo más, adquirirían la mendaz tersura espectral de los hologramas (porque lo que fue, fue, pero ya no es). Para el chaval protagonista que pierde su nombre al final de la peripecia y para el mismo Sánchez Ferlosio (según da a entender la muy prolija introducción) el libro es también, a estas alturas, flor seca que evoca lo que no ha de volver (aunque reposa en nosotros más allá del Alzheimer, en la memoria más profunda, primaria, quasi fetal, y que tal vez vuelva a desplegarse cuando, ya bien entrados los años postreros, cerremos el círculo de la vida). ALFANHUI, como las canciones de Carmen y Gloria, es patrimonio sustantivo de quienes hemos pasado de la infancia a la vejez sin dar un solo paso por esa senda pútrida y corrupia que se considera obligada y que se ha convenido en llamar madurez. La gente madura es ciega para un libro como éste, como lo es para sentirse conmovida por ¿una flor aplastada entre unas páginas? ¿una foto patinosa? ¿un porche de bungalow abandonado a medio cubrir por la hiedra? ¿la sonrisa triste de un hada/bruja sin edad entrevista un instante tras aquel ventanuco a la última caída de la tarde? Completamente ciegos.


Pues eso que se pierden.




ilustración: ISABEL QUINTANILLA

lunes, 11 de enero de 2010

PREMIOS

(escrito en plena digestión de las celinianas "CONVERSACIONES CON EL PROFESOR Y" –tercera relectura-)

Siempre me he preguntado la razón de que gente con alguna obra notable, fresca, plena de indiosincrasia, cuando se presentan a ciertos premios y los ganan o quedan finalistas, nos ¿regalan? con un material adocenado, previsible, absolutamente falto de personalidad, intercambiable con otros ladrillos ganadores no menos carentes de magia, como si, bajo la firma del autor, fuese un comité de monos cableados por ordenador (cuya terminal desembocase en el departamento de mercadotecnia de la editorial que promueve los premios) quienes realmente escribiesen aquello que unas veces firma Mengano y otras Zutana.

Yo sería incapaz de vincularme a la expectativa de ganar un premio siguiendo tal dinámica simiesca. De hecho, cuando me he presentado a algún certamen, lo he hecho siempre con material profunda, casi intransferiblemente mío, rayando en el autismo.

La primera vez ocurrió en el 75, poco antes de abandonar los estudios y de zambullirme en la vorágine de la contracultura. Era una edición del HUCHA DE ORO, concurso de cuentos promovido por las Cajas de Ahorro. Presenté, bajo el título "LAS FACETAS DEL DIAMANTE/LOS ANILLOS DE LA LOMBRIZ", una serie de lo que hoy llamo HAIKUentos. Como ni siquiera quedé finalista aquel material acabaría goteando desde entonces a hoy en revistas más o menos underground, desde aquella "MMM...!!!" del 76/77 o los "CUADERNOS PROMETEO" de comienzos de los 80 hasta el último nº de "EL DODO", pasando por alguna entrega del suplemento de humor del "ABC" allá por el 84/85.

En el 76 me presenté a un concurso de chistes políticos de "GUIA DEL OCIO" y (única vez y sin servir de precedente) ¡¡¡lo gané!!! El premio consistía en publicar una tira fija, pagada, por tiempo indefinido. Muy influido en el grafismo por Juan Carlos Eguillor y en la historia por la ebullición política del momento y por mis incipientes obsesiones de sagas familiares aristocráticas regidas por hembras entre mutantes y anómalas (obsesiones que años más tarde serían mimbres para novelas como "FE JONES" o "LA CANCION DEL AMOR" y que esta primera vez generaron la saga de las Balboa –dos hermanas, Wanda y Almudena, inspiradas en mi doble pasión por la Victoria Abril de la época y por una compañera de Artes y Oficios tirando a megapija con un aire a la esposa del cardiólogo Barnard-), todo ello dio pie a "TALAMI", extraño híbrido entre lo que no mucho después desarrollaría en mi folletín marginal "EL NACIMIENTO DE LA ESCUELA DRAGO" (delirio de política/ficción con veleidades filosófico/eróticas, légamo primordial de las ya mentadas "FE JONES" y "LA CANCION DEL AMOR") y morcillas políticas del momento (que, desde la distancia que dan el tiempo y la mejora de estilo, hoy compararía con esas películas de Mariano Ozores y/o José Ramón Larraz en las que se encajaban sin venir mucho a cuento puyas astracanescas sobre hitos biodegradables de la Transición). A la quinta entrega alguna de tales morcillas debió de molestar al muy progre comité de redacción, porque me dieron la boleta sin explicación alguna. De cualquier modo, me fui contento con mis tres mil pesetas semanales por tira (lo primero que ganaba con mis energías creativas y delirantes).

En el 78 Carlos Berlanga me animó a presentarme a la 1ª edición de LA SONRISA VERTICAL que organizaba su padre y, en un pispás, terminé "EL FALLO A LA GINETA", trío de cuentos (la fantasía épica "LAS EFEBAS POTOTEAS SE ENFRENTAN A LAS FEROCES INSTITUTRICES LESBIANAS DE MELBOURNE" –explosiva mezcla de "PINK FLAMINGOS", "LA MATANZA DE TEXAS" y "TRES MUJERES", más ecos australianos en el paisaje de "RAZORBACK", serie b sobre un jabalí asesino, y con un título basado en los cómix de moteros de Spain Rodríguez que a la sazón publicaba la revista "STAR": acabaría en manos de Fernando P. Fuenteamor para su fanzine "ZIKKURATH"-, el relato pedé "YO CANGURO" –inédito sin remisión, pues lo debí de extraviar en alguna mudanza, y en el que evocaba al efebo que no mucho después me inspiraría el "PARA TI"- y "TALAMI" –que aparecería en mi primer libro publicado, "TODOS LOS CHICOS Y CHICAS: HISTORIAS DE LA NUEVA OLA", y donde hacía mis primeros pinitos como caníbal amoroso ya desde el título, juego palabrero entre tálamo y salami: aquí se puede disfrutar de la versión revisada que apareció en el 97-) que (según me dijo Carlos) gustaron mucho a don Luis (por considerarlas de lo poco original presentado al concurso –esto es, sin madera de plagio sadiano o de "LAS AMISTADES PELIGROSAS"-) pero irritaron profundamente a Juan Marsé, quien desde entonces sería mi Némesis en ese certamen, al cual me presentaría en dos ocasiones más (en la 3ª edición, con "LOS ESCRUPULOS DE MR HYDE", un tórrido delirio erótico/onírico/caníbal -¿mi propio y peculiar laberinto de pasiones?- a mayor gloria de Carlos, de Eduardo Benavente y de una Alaska entreverada con Eva Ionesco –y con algo también de la Bilbao de Bigas Luna por sus aplicaciones como mueble colgante-: aquí tal vez la torridez se anteponía a la calidad, porque en el 84, cuando lo leyó Eduardo Haro Ibars cara a una posible edición en Libertarias, me desaconsejó enseñárselo a Antonio Huerga con estas palabras: «como novela, deficiente, y como carta de amor, encantadora aunque un poco larga»-; finalmente, en el 90 me presenté con una primera versión de LA CANCION DEL AMOR, obra de la que me sigo sintiendo bastante orgulloso tanto en el fondo como en la forma –de hecho, la considero lo mejor de mi narrativa-, aunque, por supuesto, no se comiese un rosco a ojos del jurado).

En el 84 un capítulo de mi por entonces inédita MARY ANN (aparecida en el 85 en Libertarias y hoy reeditada íntegra en la antología EL ETERNO FEMENINO) quedó segundo en un concurso de cuentos de LA LUNA DE MADRID. Es curioso: no recuerdo haberme presentado al concurso como tampoco recuerdo en qué consistió el premio, si es que lo hubo.

A fines de los 80 presenté un poemario a un oscurísimo concurso que, al parecer, gané. El premio: la edición de la obra. La letra pequeña, que te decían tras ganar: la edición costeada por el autor. Obviamente, decliné la generosa oferta (acababa de perder por entonces un millón de pesetas con las tribulaciones de mi grupo PROYECTO BRONWYN).
Después, lo dicho, el tercer cateo en la edición de LA SONRISA VERTICAL fallada en el 91.
Finalmente, en el 99, la selección de un trabajo hecho a Photoshop y Pagemaker (su título "¡MENUDA GILIPOLLEZ!" –primeros intentos de prionización lefthanded-) en el III concurso de Cómics No Sexistas de Donostia. Lo recogieron (junto con el ganador, el áccesit y otros ocho más) en un cuadernillo primorosamente editado. Algún día, si me da la ventolera, lo escaneo y lo cuelgo por la web shadowliner.

Fue la última vez que me presenté a algo con expectativas de premio.

No sé, leyendo las diatribas del antiGoncourt Destouches frente al coronel de muelle flojo, me ha apetecido este viajecito (de pompas explotadas y vanidades frustradas) por mi castillo de la memoria.

viernes, 1 de enero de 2010

CELINE O LA OTRA TOURNEE DE DIOS




[escrito tras la relectura de la trilogía DE UN CASTILLO A OTRO-NORTE-RIGODON y bajo el impacto de ciertas noticias de actualidad como la concesión del Nobel a Obama (¿por incrementar la guerra en Afganistan?) o la desaparición de Iván Zulueta (tan esperada por los carroñeros del homenaje póstumo que en vida no te dan ni un vaso de agua -esa paradoja tan celiniana: oh, Achille, Achille...-)]
La mirada celiniana cala hasta el fondo de ese pozo de mierda que es la condición humana. Dios Padre baja a la tierra para comprender mejor a aquellos que, tras entusiasmarse, crucificaron a Su hijo. Esa secuencia tan pluscuamceliniana que él vivió a propósito del VOYAGE...: primero el entusiasmo, el ditirambo, la adoración, la pesadez incluso en los alardes de empatía... Cristo in, superestelar; después, al microsegundo siguiente, la concentración se pierde, la atención se dedica a otra cosa, se exige a Cristo más y más y más trucos pero Cristo no es un mago de feria, es un Misterio, y la chusma no está para misterios, y comienza a variar el gesto... primero tedio, abulia, desafección (la sonrisa seductora, coquetona, deshinibida, mermaidladiesca, incluso un poquitín mamada, de los comienzos, esa sonrisa hambrienta de Nazarines, pasan los días y se va congelando en crispación cortés, en jeta quitinosa de saltamontes, en esfinge alienígena examinando al abducido de turno con expresión impenetrable), y luego, finalmente, irritación porque Cristo sigue ahí, poniendo en evidencia el capricho, la frivolidad, la superficialidad de esas empatías de ocasión, pura bisutería, empatías inasequibles al compromiso con el Misterio, con la patata caliente a Quien se ha de seguir precisamente porque su viaje, el más difícil, nos lleva hasta el final de Lo Negro, sin happy end, y Cristo entonces molesta, satura como un espejo de cuento en el que nadie se quiere ver (porque nunca son agradables los retratos de Dorian Gray)... Cristo entonces out, Cristo superestrellado. Embuchándole los pecados de todos, con embudo, a la fuerza, carne ya no de cañón, de paté. Sí, puro canard, porque, una vez finiquitado, recupera la exquisitez, su condición de delikatessen. Pero antes, que reviente. Que no disfrute de la vida (todo lo más, sucedáneos, incompleteces). Que no llegue a habitar en los castillos de cartón que él solito se construyó (otros, otras, entrarán a saco y los abordarán, con furia corsaria, sin siquiera un pretexto, sin explicaciones, desfigurándolos con los poderes que les da su bula de pesebristas del zeitgeist –un zeitgeist cortoplacista, insostenible en su inconsistencia pero helo ahí, en ese instante, válido, a huevo para los daltónicos de futuros-, ... a joderse el anacrónico, el outsider que los concibió-).

Céline es la mirada del Padre, jugando (como esos millonarios excéntricos que se disfrazan de clochards) a imitar los pasos del Hijo. Pero el Padre no es Amor osiríaco, dionisíaco, crístico, listo una y mil veces para el despiece: el Padre es Naturaleza y la Naturaleza es rigor higienista, esto es, catástrofe, amiga de borrar una y otra vez los callejones sin salida, los errores, los renglones irremisiblemente torcidos, la arbitrariedad impune, la gilipollez injusta con ínfulas de aporía interminable... toda la basura eliminada periódicamente a golpe de diluvio, de llamas, de peste, de muerte. Céline es un monstruo en tanto que imagen de Dios Padre, de Quien tiene la Ultima Palabra. Un monstruo, sí. Como todos los profetas.

Por eso su mirada es tan definitiva, la radiografía de una especie miserable, ralea sólo redimida en el miedo, esto es, en la conciencia de la gravedad del existir, cuando realmente podemos profundizar en la humildad, la empatía (la genuina, la que viene de K-PAX, esto es, de ese pájaro azul que se posó en nuestro balcón), la delicadeza, la incapacidad para herir gratuitamente a quien se nos acerca de buena fe... Céline: la mirada que describe y nos grita una y otra vez cuán desnudo va el rey, cuán insoportable es el hedor de su buena conciencia. Céline, sólo asumible desde el sufrimiento, sólo legible cuando respiramos por la herida..



lunes, 7 de diciembre de 2009

KIPPEL




[Detonante de esta entrada (iniciada e interrumpida en la primera mitad de septiembre): el pete definitivo de la cisterna de mi wc, tras años de parches, una tarde mediando el pasado agosto. Acicate para continuarla: la relectura de Céline, en la que llevo inmerso desde noviembre. Y oportunísimo colofón/puntilla: el visionado, pocas horas antes de colgar esto, de GREY GARDENS, un desasosegador documental que me dejó Charlie, donde el kippel brilla esplendoroso en su espejo negro y (en un caserón desvencijado, entre mareas de carne no ya trémula sino hasta gelatinosa, gatos y mapaches deambulando como rampantes okupas, paredes que se caen a pedazos, frondas bröntianas con el proceloso mar al fondo, patinadas fotos de antiguos esplendores, glamouroso desbarajuste, voces desquiciadas entre la prosa y el canto, camas llenas de restos -de comida, de kleenex, de líquidos sin identificar, de ropas, de revistas, de libros, de medicinas, de cremas y perfumes-: un agridulce bocado de realidad prima hermana de ciertas ficciones -SUNSET BOULEVARD, ¿QUE FUE DE BABY JANE?-) me trae ecos atronadores de los momentos más hedionda y gozosamente bizarros de mi anómala infancia (recordándome que kippel y karma comparten no sólo la inicial sino también el significado último, inexorable)]

¿Vivo en? una caravana disfrazada de tercer piso (no es metáfora miserabilista: ahí su estrechez, su planta corrida, su proa –la habitación que da a la calle, donde tecleo, navego, veo la tv y como- y su popa –la cocina con vistas al patio y el aseo/zulo sin salida exterior alguna-, del tamaño aproximado de un autocar al que sólo le faltasen las ruedas y el motor, vehículo varado que no va a ninguna parte –qué imagen más kippel-). Me identifico con el JF Sebastian de BLADE RUNNER aunque también envidio su entorno kippel, mucho más gothámico y suntuoso que mi diminuto cubil. También me identifico (pero en menor medida, por aquello de no sentirme ni ser considerado por los demás como débil mental –mentalmente anómalo, incluso un tanto teratológico, vale, pero de ahí a lelo...-) con el JF Sebastian de la novela de Dick. Especialmente por el kippel. Especialmente.

Y me pongo en el pellejo de esos ineptos personajes ballardianos, intentando sobrevivir en escenarios post/apocalípticos donde todo se descompone entre humedades, ardores climáticos, regresiones a un futuro salvaje y deseos/temores del momento final. Mis luchas suelen ser siempre con el agua (justo esa semana de agosto me leía EL MUNDO SUMERGIDO que me regaló Dildo –la lectura ad hoc para sobrellevar un pete de cisterna-): caída del techo del aseo por humedades del piso de arriba allá por el 2001, mi 11S particular (humedades reproducidas cada dos o tres años aunque sin el cataclismo de esa primera vez), goteos de grifos y de cisterna, atascos en fregadero, lavabo y poliban... Había logrado sobrevivir hasta el momento entre arreglos pagados por el seguro de la comunidad y/o del propietario del otro piso, así como recurriendo a un fontanero del barrio (de aspecto tan cochambrosamente kippelizado –supongo que debía de tener más o menos la edad del centenario inmueble- como eficaz dentro de lo extremadamente económico de sus servicios). Pero este providencial operario se lesionó y jubiló hará cosa de dos años. No tuve más remedio que recurrir a las páginas amarillas para remediar un atasco monumental de fregadero y lavabo: el palo fue tal que no volveré a recurrir a un fontanero hasta que las ranas críen permanén. He conseguido resolver los atascos del fregadero echando la mayor parte del agua sucia en un balde y luego vertiéndola por el retrete, usando filtros de rejilla para que no se cuelen partículas excesivamente gruesas (especialmente cuando pongo la lavadora y suelen expulsarse restos de hilos o de lana), y siguiendo un truco que me dio el fontanero último, llenar las dos cubetas a la vez y vaciarlas de golpe (recurso que reconozco como bastante efectivo). En cuanto a los atascos de ducha y lavabo, parece que he hallado la solución final: una mezcla hirviente de agua y lejía al 40 %. Pero la cisterna, tras funcionar con cierta corrección durante un par de semanas con obturador nuevo, volvió a gotear, supongo que exigiendo un cambio de sifón. Si uno fuese ducho en bricotareas, no debe de ser muy difícil ni caro instalar un sifón nuevo comprado en los chinos, pero el problema es que (más allá de mis dotes culinarias –¡siempre in crescendo!-) mi habilidad para las chapuzas caseras es prácticamente nula (ahora ya, irremisible, con la vista más y más cansada, las molestias en la cadera que me impiden acuclillarme por los rincones a la caza de averías y la cabeza un poco ida para los detalles –como el Cliff Robertson de CHARLY, me auto/rescato cotidianamente del marasmo a base de notitas que remedien mi despiste-).

Con la pérdida (me da que definitiva) de casi todos mis ahorros por la intervención de AFINSA en el 2005, pasé (dentro de mi condición -casi continua desde el 86- de desahuciado civil, de bruja cazada por los profesionales del ramo) de ser rentista forzosamente prejubilado (los libros, la música, los artículos hacía ya mucho que dejaron de constituir el espinazo de mis ganancias –cuando vivía con mis familiares, al no tener que pagar teléfono, luz y comida, podía permitirme, aparte la cautela de la inversión, con lo que acumulé en mi cuarto de hora fastuoso con LA MODE y mis ocupaciones asalariadas en el ABC y la RNE de los 80, dispendios como el cuarto de millón de pesetas nunca recuperado en la aventura corazonesca o, años antes, el millón también tirado al sumidero con el grupo PROYECTO BRONWYN-) a pura y dura basura blanca. Siempre me había sentido un punto cercano a Céline (nuestra común querencia por los misterios de María y Amaranta, esa pulsión nacionalcomunista y/o montagnard extrema –que él sintió de siempre y yo, cada vez más, a partir de los 90-, el demonio de la perversidad –que a mi tocayo le llevó a su gran pecado de los pamphlets y a mí a los míos del spot de FE/JONS en el 86 y al ya citado y no menos nefando PROYECTO BRONWYN-, la falta de sociabilidad y de dotes para el paripé y la diplomacia, la irritación –para muchos envidia- por el agravio comparativo de que la calidad propia se vea preterida por la viveza del mediocre más acomodaticio y/o políticamente correcto y, last but not least, la carencia de adicciones respetadas por el gran público –quien siempre tragará o perdonará toda salida de tono, toda actuación intempestiva, si se le da un buen, y a ser posible, largo espectáculo de agonía heroinómana o de funambulismo sin red sobre los arduos roquedales del coma etílico: pero si en vez de alcohol o de jaco lo más aproximado a una adicción es el autoerotismo, la lectura, el gusto por la música y el cine, amigo, entonces no hay compasión, derechitos de cabeza al Tribunal Internacional por crímenes contra la Humanidad, esa mala puta que nadie ha visto jamás y a cuyo son se nos obliga a bailar desde hace tiempo-) pero en los últimos años esos lamentos de fin de partida que dan paso al trance estigio descrito en DE UN CASTILLO A OTRO se me hacen más y más propios (a medida, supongo, que nuestras edades y miserias materiales comienzan a confundirse). Y, por supuesto, las acusaciones (tan bien destacadas en la biografía de Bardèche, cuñado de un Brasillach mártir al que reivindica en pasiva a costa de buscarle los tres pies a las siete vidas del gato celiniano –el que dicho mártir hubiese sustentado la ideología que lo llevó a la muerte en la apetencia que le producían las musculadas pantorrillas de los jovenes hitlerianos eso, claro, lo escamotea Bardèche: toda la parafilia, el sesgo perverso, la caca sexual, para LFC, superviviente, y, por tanto, comedor de los pecados de todo cristo-) de que tampoco es para tanto, de que ya vale de quejarse, de que a fin de cuentas uno sigue vivo y tampoco está bajo un puente pasando fríos y calamidades... Los mandarines del canon, todos vinculados y/o pesebristas del partido que me viene puteando de mil maneras desde el 86 (con la dudosa autoridad moral para tal puteo que da el que esas siglas que yo, imbécil de mí, apoyé aquel fatídico junio estaban siendo usadas bajo mano por el PSOE en Euskalherría dentro del subsuelo inmundo de la trama GAL –y justo cuando me enteré de tales lazos en octubre de ese mismo año, con las elecciones vascas, cuando un falangista me dijo muy ufano y con sonrisa de zorro que FE/JONS iba a votar útil a Damborenea, rompí y esa ruptura supuso mi paulatino y no menos estéril acercamiento al CDS-), que no me vengan con historias cuando, si no fuese por los regalos y préstamos de los amigos y por lo que exprimo a ese ADSL que mis buenos euros me cuesta cada mes (descabalando no poco una economía ya de mera subsistencia –donde, desde el 2007, los gastos se van imponiendo a los ingresos en cada balance anual-), mi adquisición de nuevos bienes culturales sería cero (como dije hace un par de meses en la tertulia santoñesa de PIEL DE LOBO, que Teddy Bautista o Ramoncín me paguen una pensión vitalicia para adquirir cds, dvds o libros y entonces hablamos). Por otra parte, desde la banda derecha, los antiguos afines también dan caña por no aceptar el fraude del encuadramiento en que ellos persisten o que subliman/maquillan/travisten con picarescas entre pseudoanarcas y hayekianas orbitando en torno a tal o cual gurú más o menos cínico, más o menos ingenioso, más o menos faltón, pero impepinablemente P-L-U-T-O-L-A-T-R-A: ignoro hasta qué punto son válidas las recriminaciones contra mi tocayo por sus exabruptos contra el fascio francés y el ocupante alemán entendidos como bluff pero, en mi caso, todo aquello que me hizo perder la FE en gentes que consideraba idealistas y ejemplos vivos de Etica y Estilo (ese constante proxenetismo de vivir de sus ideales como de un puticlub de carretera –a mí la política sólo me ha traído merma en los caudales por vetos, por aventuras a fondo perdido o por pago de cuotas pero NUNCA lucro: con las ideas siempre he sido más Quijote que macarra- que les llevó a actuar como ratas a sueldo de las cloacas represivas de Interior o cobrando de Villapalos en la Complutense o en la Comunidad, o el hediondo escándalo del diario YA de Rodríguez Menéndez a cuenta de las grimosas parrandas de Pedro Jota, o lo de los clubs de alterne de cierto prohombre de la galaxia azul levantina -la metáfora del puticlub llevada del dicho al hecho-, o las mil sórdidas peripecias de Anacleto Milá...), todo aquello, digo, sigue siendo indiscutiblemente REAL.

Sí, el kippel es esa creciente disolución del mundo material a nuestro alrededor que sólo podemos tener la pretensión de aliviar si accedemos a depender de alguien a costa del propio Ser, a costa de abdicar de la VOLUNTAD (como en aquel patético final de la novela azoriniana), a costa de afeitar la cuerna de nuestra condición anómala para volvernos lorito real, máscota exótica pero cómodamente vacua, degradando la esencia intolerable de nuestra otredad en inofensivo ornato. Y, al final, ¿para qué? Uno es como es. Tratar de sacarle peras al olmo es convertir la intimidad en tedioso cul de sac. Fuera del Pensamiento y de la Palabra (entendidos como Categorías y no como accesorios más o menos funcionales), mi carne es del todo I-N-U-T-I-L, A-B-U-R-R-I-D-A, I-N-E-P-T-A: no me gustan los deportes ni como participante activo (cada vez que he procurado adaptarme a la pulsión gimkánica de alguien he acabado con lesiones crónicas o al borde de la pulmonía) ni como espectador (incluidos los sexuales: en cuanto el mimo, el beso o la caricia -el devorarse, que diría Céline- se vuelven proeza física, máquina de pistones, martillo hidráulico, músculos sudorosos y en tensión, mi atención se dispersa automáticamente hacia la primera mota de polvo que se cruza en mi retina), suelo hacer mal papel en fiestas y recepciones (cuanto más filisteas, peor papel), no soy la compañía ideal para ir de compras (salvo que los intereses coincidan –libros, música, cine o también delikatessen y artículos relacionados con la cocina-), y la noche entendida como maratón alonsomillanesco me agota sólo de imaginarla (en algunos momentos de mi vida, acompañando a aquel bebedor de trago interminable que fue –supongo que con el tiempo se habrá moderado- Antonio Zancajo o de la mano melusinesca de Tessa Duncan, recorrí tabernas bohemias y fantásticas y no me sentí a disgusto –pero eso es otro mundo: no es lo mismo Valle, Ramón, Solana o Sastre rodeados de lúcidos despojos y epígonos de Max Estrella que los burguesazos de Alonso Millán quemando la noche a la caza de monumentos y señoras estupendas-)

-->Al menos, JF Sebastian muere (entero, en su insignificancia autista) a manos de los dioses (de la sinuosa y bella Pris y del supremo Roy Batty). Y Céline, el monstruo, hasta en sus peores momentos, tuvo a su lado a esa Honeybunny de Lucette, amante y compañera a las duras y a las más duras, la otra mitad de su dúo infernal. Yo todavía aguardo la llegada de la Lucette que disfrute con mi mundo sin condiciones ni mermas, sin bloqueos ni disociaciones de Carne o de Palabra, dispuesta a tomarme por entero sin eufemismos ni letra pequeña (y, si no hay Lucette, pues al menos el adviento de la replicante traviesa y letal que alegre mis últimas horas antes de apuntillarme –quien dice replicante, dice el fotograma rojo que me arrebate más allá de la pausa-). Por el momento, aquí sigo, en pie (derramando lisura de nácar por donde paso –haw, haw, haw-), con la horda aullante, con Charlie y LA RULETA CHINA, con el rol mentor de Esther Peñas (que recoge el testigo de agente literario vocacional que fue para mí Eduardo Haro Ibars allá por los 80 y que no sólo promociona sino hasta defiende físicamente mi obra del expolio –otra situación muy celiniana que vivimos la pasada primavera cuando restos de edición de LA CANCION DEL AMOR corrían el peligro de acabar en el vertedero-), y procuro tozudamente ver el vaso medio lleno y minimizo las horas baixas con el anhelo adolescente (una de las indiscutibles ventajas de ser emocionalmente quinceañero pese a ir mediando la cincuentena –la desesperación como berrinche, nunca como viaje sin retorno: malaventurados los que maduran porque se ven desprovistos de esta defensa-) de que Lo Inalcanzable un día (de éstos, se entiende –no hablo ni mucho menos de resignación a lo trasmundano-) será tierra de abrazos y de empatía, de gozoso encuentro entre la Carne y la Palabra. Final esperanzador, qué menos (como corresponde a este tiempo de inminente Navidad).