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sábado, 1 de octubre de 2022

EL HOMBRE AL QUE DABA GUSTO ODIAR

 


En estos tiempos de exhibición pornográfica de la buena conciencia y autocanonización de los abyectos, cuanto más profundizo en Richard Nixon, más mías hago sus oscuridades, sus presuntas patologías, que siento como reacciones viscerales (¿en legítima defensa?) ante la inagotable capacidad que tienen los seres humanos de decepcionar. Y, como confirmando esta capacidad en sus torvos destinos de shakespeariana factura, la demoledora ironía de marrar más en la confianza que en la paranoia...




jueves, 1 de septiembre de 2022

MEJOR...

 

¿Redundancia?:

mejor

el silencio

(que atruena).




pulsa en la imagen de Carlo Carrá y ella entonces te cantará...


miércoles, 1 de junio de 2022

LA SANGRE DEL POETA



Perreando dilemas:

el pie en el vacío

o un parque temático de palabras

con finales abiertos...






domingo, 15 de mayo de 2022

LOS HOMBRES DE LOS CARAMELOS


Dado que en mi niñez nunca fui solo al colegio (siempre en el bus escolar o acompañado de un adulto) hasta los trece años no tuve ocasión de vivir realmente esta experiencia. Ocasiones, dos y las dos regresando del colegio y en el mismo sitio, donde estaba la salida de Metro de Ríos Rosas junto al depósito de agua del Canal y frente al parque de bomberos. La primera fui abordado sobre la una de la tarde por un borderline de edad indefinida (¿tardoadolescente? ¿veinteañero?) a caballo entre Meat Loaf y Oriol Junqueras, a quien pude dar esquinazo (advertido de sus escasas luces) accediendo a su propuesta de consumación de sus intenciones al anochecer en la Casa de Campo (así, sin más concreciones: se quedó satisfecho y yo llegué a casa a salvo para almorzar). La segunda fue más chunga: en el mismo lugar, ya anochecido (serían las nueve más o menos), se me acercó un sujeto que reconocí (de no ser su gemelo doppelganger, cosa que dudo) de un grupo por entonces muy popular que hacía versiones pop de canciones de las que Patino había recopilado "para después de una guerra" y, pretendiendo enredarme con el despliegue de una baraja de fotos guarrillas, intentó lo que el otro lelo pero en plan más tortuoso y esta vez me zafé aduciendo que tenía prisa y apoyándome en la mirada reprobadora de una pareja de ancianos que se dieron cuenta de lo que estaba pasando (o tratando de pasar) y que le bajaron los ardores a nuestro rumbero paidorro.  

Pero en mis años prepúberes el cine me deparó dos nombres cuyos caramelos nunca me atrajeron (más bien me daban grima por su excesiva viscosidad) y cuyas vidas más allá de la cámara confirmarían mi aversión: hablo de Chaplin y Disney. Hoy en que, a través de la apoteosis de la buena conciencia, de la corrección política, del buen rollito cada vez más didácticamente totalitario, de la dictadura oenegera, la demagogia charlotiana o las tareas institutrices de Mary Poppins (hoy heredadas por súcubos entre lo cursi y lo mansoniano como Irene Montero) se unen en esa bulimia de Disney acaparando (como no lo logró ni su epígono Spielberg) todo lo audiovisualmente infantil y juvenil y en el culto al "pequeño vagabundo" (frente a la mucho más honesta educación en la realidad que nos deparaban el kafkiano Pamplinas o los sabiamente nihilistas de Groucho y sus hermanos), veo cómo lo que ayer fue un recuerdo baboso (tan bien ejemplificado muchas décadas después en las comisuras goteantes de ZP, a cuyo lado los chorreones salivares del dragón de Komodo son fuente de salud) hoy es anticrística antiutopía. Occidente es un parque temático que deja enano el carisma ominoso del que aparecía en PINOCHO (el primer espejo en que mis traumas niños se reflejaron y que he considerado siempre como una película de horror y estéticamente horrorosa también). La nueva Biblia es la transhumana eyaculación de los Wachoskos y quienes antes acechaban en las puertas de los colegios hoy están dentro y dirigen la cosa educativa. Afortunadamente, esta secuencia terminal ya se ha sufrido otras veces y eso es lo bueno que tiene lo terminal, que está destinado al ACABOSE. 




martes, 1 de febrero de 2022

EN EL SUPER (pues eso...)


"Hoy todo el mundo se preocupa por los demás según las normas que se acordaron..."

(cantaba yo hace casi cuarenta años)


¿Y por qué no? Se me ocurrió darme un homenaje. Por una vez, fui seleccionando los artículos sin mirar el precio ni ceñirme a marcas blancas. Incluso me asomé a la sección de delikatessen.

Ya en la caja, rompí mi hucha/cerdito frente a la empleada y saqué el montón de 👍👍ME GUSTA que había ido atesorando en las redes sociales.

Me dijo que aquello no era una forma de pago aceptable. 

¿Cómo, que toda aquella muestra de empatía y afecto y solidaridad que representaban los emoticonos no repercutía en la mejora de mi precaria calidad de vida? 

Me cogí un mosqueo...




sábado, 15 de enero de 2022

GANAS... (nuevo guiño a Hulme)


Pound tenía sus Cantos;

Xenius, sus Glosarios;

y menda (mucho menos leído, casi un fantasma) va dejando sus deposiciones 

en blogs como éste o en la web sombrilínea:

la cosa es dar rienda suelta a las ganas de escribir

para después apretar la cincha y condensar lo escrito...


Desde los Maristas de Chamberí (hará ya más de cincuenta años)

no uso de plumín y tintero.

Si hoy volviese a ello, el tintero, indudablemente,

sólo podría ser un frasco de Bovril

(concentración, ante todo concentración).




sábado, 1 de enero de 2022

PRAGMATICA SANCION (perogrulladas sobre la necesidad)



China somos todos (todos los que somos China, se entiende)...


No hay oro, lo que hay es tiempo (y, de éste, cada vez menos).


Cuanto más cerca se está de la indigencia, más ajeno se siente lo gratuito...


Nunca hay puntadas sin hilo en el tapiz de bisontes...






miércoles, 1 de diciembre de 2021

EL (difícil, por delicado) ARTE DE MIRAR ATRAS

 


Cuando fermentan (como esos arenques nórdicos que han de catarse con máscaras de gas -o como los compis de ruta de la macabra Alpha-), los recuerdos dejan de ser lo que eran y la nostalgia, abierta en canal, acaba por volverse un HORROR.


Me gusta mirar atrás desde la inextinguible frescura de Lo Intimo. Sin convenciones (cómicas convenciones) ni estereotipos. Que no me profanen, invadan o avasallen. Que no pretendan quitarme Lo Bailado.




martes, 1 de septiembre de 2020

¿LA POSTERIDAD?



La posteridad es que uno acabe como carne de soylent green para consumo de idiotas con ínfulas veganas o que, aún más tarde, un orangután menendezpelayesco a lo Zaius se tope con un resto literario o poprockero mío en formato a la sazón irreproducible, se pregunte con mueca de asco "¿Y ESTO QUE MIERDA ES?" y lo vuelva a enterrar (por aquello de que lo humano, cuanto menos, mejor). Todo ello sí lo asumo sin problema y con una sonrisa en los labios (bueno, sin labios, esa sonrisa descarnada que nos depara la posteridad). Lo que sí me joderá es el trance inicial, que algún "prestigioso" crítico musical que me puteó en vida de manera contumaz me dedique un obituario elogioso (al menos, que se cague en mi tumba, por Diossssss). 




lunes, 1 de octubre de 2018

EL ULTIMO Y MAS INTIMO SECRETO DEL R&R




"No future: only a sad figure"
(Johnny Rotten morcilleando para la versión en el geriátrico de EL HOMBRE DE LA MANCHA)




¿La maldición del Quijote?:
combate a ninguna parte
por el honor de una dama
con alma de galeote...




martes, 10 de julio de 2018

PARADOJA INSPIRADA POR LA LECTURA DE XENIUS


“Cualquier profesión es una aristocracia.” 




En tiempos cuando lo bajuno es norma, 
a quien sea fiel a sí 
se le acosará siempre 
con el  consabido (y bilioso)
"¿pero quién se ha creído que es?"



domingo, 1 de abril de 2018

LA MALDICION DEL PAGURO



-¿La casa?: era como un dedo echado a perder por culpa de un uñero...

-Oh, sí, aquel dedo: era como una casa arruinada por...




LAPSO:
Tengo que ir al chino de la esquina a comprar una casa. Lo malo es que duran tan poco... Oh, vaya, no era una casa, era un cinturón...

jueves, 1 de febrero de 2018

NIHILISMOS DE PERO GRULLO




La consumación del deseo 
como terapia de aversión.



La peor pesadilla de un soñador: que sus anhelos se cumplan.



Pero contrahechos, como imágenes alumbradas en los espejos del callejón del Gato.






lunes, 1 de enero de 2018

LA CHICA DEL SOTANO



Una mañana, camino del apartado, en una de esas ventanas de sótano que caen a la altura de las rodillas atisbé una chica que dibujaba algo sobre un gran tablero inclinado. Fue todo un flash, porque mi complejo de que me crean un acosador o un mirón me obliga siempre a adelantar a quien tengo mucho rato ante mí en el trayecto o a no detenerme a contemplar a alguien que me resulta interesante, como era el caso. Pero fue un flash muy denso por lo mucho que absorbieron mis pupilas: la estancia era acogedora, con algo de modernidad demodé (como de piso bien de película de los primeros 60 o de viñeta de Roberto Segura), acorde con los impulsos diseñadores de la dibujante. La edad de ella, indefinida pero luminosa, entre los veintimuchos y el umbral (un umbral muy bien llevado) de la cuarentena. Su rostro, pizpireto y melancólico a la vez, me hizo pensar a un tiempo en la Dorleac y en Elena Mª Tejeiro. Su pelo, con flequillo, tenía algo de yeyé, semicubierto por un algo estampado entre cinta y pañuelo. Dada la posición del tablero, no logré ver qué dibujaba (¿un patrón de moda? ¿una historieta? ¿un croquis de arquitectura?) pero su cigarrillo en la comisura remachaba su concentración. Me sentí huérfano de no ser su mascota (yo, que ya lo fui de alguien y acabé renegando de tal condición, ahora sí deseaba serlo de esta chica -porque intuía que ahora todo sería muy distinto, más hondo y apasionadamente neuronal-). 

Desde aquello, cuando vuelvo a hacer la ruta, al llegar a esa zona, miro de reojo a esas ventanas de sótano pero no se ha vuelto a repetir la escena y, además, por lo general, están vetadas al ojo del transeúnte por visillos o persianas. Hay momentos en que dudo si ese flash realmente lo contemplé o fue un sueño de esos tan reales que se me confunden en el recuerdo con momentos de la vigilia.

De pronto, en esta mañana de diciembre (de este diciembre lleno de altibajos anímicos -acordes con el clima-), leyendo las cartas de G.F. a L.C. y mirando el atestado cuarto en que hago casi toda mi vida no soñada, me ha dado un latigazo ciático de soledad en el corazón y me ha parecido tremendamente injusto no ser la mascota (humana, perruna, gatuna, incluso un loro kea nervioso y obsesivo) de la chica que dibujaba en el sótano.  




lunes, 18 de diciembre de 2017

LA BURLA DE LOS DIOSES



[recupero, con algunos ligeros retoques y añadido de citas, un texto inaugural de mi primer blog, EL PUNTO Z, blog hoy desaparecido y surgido en 2007 para albergar perlas provocadas por la arenilla de los conflictos sentimentales] 


"No me fuerces a nada, y lo haré todo." (G.F. a L.C.)

Mis impulsos sentimentales nunca se sintieron tan en sintonía como en la segunda mitad de los 70, al coincidir en buena parte con lo que veía, leía, escuchaba y se consideraba a la sazón recomendable desde los focos de vanguardia. Una visión del amor en su sentido más concreto, íntimo y cotidiano, aunando caricias y convivencias, humores físicos y psicológicos, con el rechazo a los límites de número y/o   género, a los apriorismos y estereotipos, al regodeo en la noción de diferencia, cuando amar se concebía como un juego abierto, como una aventura, como una exploración, más esquizoide que paranoide (si nos ponemos deleuzianos), como un safari cuya pieza más codiciada era el autoconocimiento a partir de los otros. Un autoconocimiento donde el Yo podía desarrollarse plenamente derritiendo sus gelideces al calor de la palabra “común” y no encastillando sus aristas en torno a la palabra “cocoon”.
La emoción especial que hallé en aquel tiempo al leer sobre los Alegres Pillastres de Ken Kesey o sobre los momentos más dionisíacos de la Factory warholiana, al escuchar los himnos pansexuales de Patti Smith o las misas ungidas de humores íntimos que oficiaba Jim Morrison, al contemplar las imágenes liberadoramente ambiguas que me deparaban films como TEOREMA, CONFIDENCIAS, PERFORMANCE, ARREBATO... o al tratar en aquel umbral de décadas a la antipareja Eduardo Haro Ibars-Blanca Uría, una emoción que después ya sólo encontraría, muy de tarde en tarde y en contados destellos (abocados ahora a la más completa catástrofe –los valores habían cambiado: lo que en los 70 se consideraba desde el ensueño utopista ahora se veía como nihilista cul de sac, como irresoluble tragedia para uso agónico de desplazados-), en rarezas como INSEPARABLES, JUEGO DE LAGRIMAS, CRASH o VELVET GOLDMINE...
Toda aquella aspiración pansexual, comunal, abierta, se iba obliterando a mi alrededor y el amor, como cualquier otro rasgo de los nuevos tiempos, se transformaba, privatizaba, cocoonizaba, cerrándose en categorías cada vez más definidas: ya no había vasos comunicantes sino compartimentos estancos, ya no había gente a la que amar sin discriminación sino casilleros en los que encajar (casilleros hetero, casilleros gays, casilleros lésbicos, todos afirmándose en los estereotipos más previsibles –esos mismos estereotipos que en los 70 se habrían rechazado como actitudes retrógradas y alienantes-). Y quien, como yo, no entraba en ningún casillero iba dando topetazos cual bola de pinball contra frustrantes y fugaces abortos de relación plenos de malentendidos, refugiándose de manera casi irreversible en una agridulce soledad fantasiosa (que, aparte los humores previsibles, se derramaba en canciones, cuentos, poemas, evocaciones de sesgo sentimental...).
De pronto, ya transpasado el umbral de siglos/milenios, los dioses, siempre traviesos, me depararon casi al tiempo dos presencias profundamente diversas pero igualmente atractivas por entonces a los ojos de mi corazón, ¿mimbres acaso para que yo realizara finalmente mi anhelo de antipareja, mi visión nunca satisfecha del amor consumado más allá del número 2, mi particular interpretación de la jardielesca frase “TU Y YO SOMOS TRES”? Yo, claro, desde mi puñetera ingenuidad de Robinsón sentimental, entré al trapo en el envite. Y, como era de esperar, me estrellé: nadie, salvo yo, estaba por la labor (se me ofrecía amor, sí, pero desde muy distintas perspectivas: amores, en realidad, y, ya digo, completamente antípodas, antagónicos, incompatibles, en el fondo como en la forma -uno surgido de un común impulso especular, narcisista, incluso me atrevería a llamar homófilo pese a la diferencia formal de género, basado en la búsqueda gozosa de afinidades, y el otro, por el contrario, sustentado en la fascinación por la otredad, por el descubrimiento de parajes emocionales desconocidos o enterrados, en mi caso, desde hacía mucho-). La coyuntura sublime que yo había creído encontrar se volvió desgarro, transtorno bipolar, felicidad mutilada en cada caso (bovarizando, tantalizando a la otra parte en tanto que ausencia), bolero cruel (“¿cómo se pueden amar dos mujeres a la vez y no estar loco?” ).
A fin de cuentas, los dioses sólo estaban burlándose de mis impulsos anacrónicos, tan vintage (no puede existir el amor como concepción abierta, como tentación monista, en tiempos de antiutopía: sólo disociación, bloqueos, fobias, mimadas como signos preciosos de identidad –y si te rebelas contra ello te llaman inmaduro, amorfo, asexual y te obligan a crecer, esto es, a tapiarte la fontanela del corazón-).
Sólo buscaba algo (al parecer, aberrante en nuestros días) como la consumación de este horizonte: que quienes más quería también se quisieran entre sí. Y pensar que hubo un tiempo en que tal aspiración se habría considerado hasta hermosa...     

"Siempre me quieren un poco como algo raro." (G.F. a L.C.) 



domingo, 1 de octubre de 2017

DESAHOGO DE DESAHOGOS


al amigo Oscar, que ya me previno



Una relación donde no hay carne comulgante ni diálogos socráticos ni afinidades literarias y/o audiovisuales ni complicidades políticas ni cosmovisiones que se ayunten ¿es una relación?

Una cosa son los Misterios Sagrados y otra muy otra las tomaduras de pelo. A veces, bloqueando uno se desbloquea del canto de las sirenas y las ve, explotada la burbuja del ¿hechizo?, en toda su vacía realidad de cul de sac. 

Oteo la sesentena e intento hacerme a la idea de un célibe tramo final tras una guadianescamente rala y por lo general errada expectativa de Dulcineas. Sólo pido entonces que no jueguen conmigo ni me mareen. Yo nunca importuno: es justo por tanto que no tomen mi vida al asalto por capricho de coleccionista de rarities (que vayan a la pajarería más próxima y se compren un lemur).



martes, 11 de julio de 2017

ES UN SADICO ASNAL... (reflexión nauseabunda)



"—Adiós, señoras y señores.
No responden. Me voy. Ahora sus mejillas recobran el color; se pondrán a charlar." (J.P.S.)


Y, de pronto, una promisoria tarea en común (esa tarea que nos podría salvar a todos) se va al carajo porque uno no comulga (ni sabe fingir que comulga) con las absurdas cochinadas que alguien piensa, en plena epifanía, que ya son irreversibles, que "lo mismo durarán mil años" (y lo mismo va a ser que no...).





"Bajo el cojín de la banqueta, en la tabla, hay una pequeña línea de sombra, una pequeña línea negra que corre a lo largo de la banqueta con aire misterioso y travieso, casi una sonrisa." (J.P.S.) 

lunes, 19 de septiembre de 2016

EL JODIDO RESPETO...


"Me hirvió la sangre ante la indiferencia."
MAX AUB (lo que él vivió en España aquellos días del 69 yo lo vivo -excepciones aparte- a cada nueva conexión en Facebook desde el 2010 en que entré -perdón, me entraron...-)




Alguien me preguntó, un poco escocido por mis frecuentes exabruptos contra mi lista de Facebook, si ésta no tenía derecho a un poco de respeto. Le respondí (ateniéndome a las razones primeras y últimas de mi presencia en FB) que el respeto a los miembros de mi lista va en relación directa con el respeto que ellos hayan demostrado (bien por adquisición, contribución a su difusión, incluso en ocasiones a su reedición) por mi obra escrita. 


 http://zurdpapier.blogspot.com.es/




lunes, 1 de junio de 2015

a veces entono cual mantra de salvación esta ¿paradoja?






Dejad que los compulsivos NO se acerquen a mí.























Quien quiera sacarle más jugo a esta lacónica entrada puede repasar otras mucho menos lacónicas como, por ejemplo, ésta . O también esta otra.

domingo, 1 de febrero de 2015

CONSTATACION (no hay mal que por bien no venga)







Cuanto menos tengo que perder, 
más incondicionalmente leal soy 
a mis filias y a mis fobias.