El mirón siempre lleva incorporada una vitrina de escaparate en donde acostar los ojos.
El mirón siempre lleva incorporada una vitrina de escaparate en donde acostar los ojos.
Soy centrista extremado, nunca moderado. El centro virtuoso (virilmente plural, que diría Unamuno) como vórtice que imanta voluntades, nunca el orto abúlico sumidero de abyecciones. El perfil, cuanto menos bajo, mejor.
Tras semanas escuchando a Tom Waits era previsible algo así...
Apenas cerré los ojos lo vi. Al santo bebedor Barney Gamble: a las puertas del tabernáculo mOesiánico, ejercitaba su pleistocénica quijada mascullando lamentos por no hallar la puerta franca a la cotidiana comunión. Su ajada sotana, llena de fecales lamparones dolcinistas, se iba empapando bajo el calabobos de aguanieve.
Al fin, la puerta se abrió. Pero aún así, el dispensador de comuniones, ataviado con blanquinegro hábito dominicánido, le impedía acremente el acceso hasta no consumar su interrogatorio, con algo del peaje intelectual de la esfinge mitológica pero también del fastidioso fisgoneo de algún comisariado macarthista. Barney, desencajada la quijada babeante, persistía en salirse por la tangente con su blues holoturio (o sea, echando las tripas) sin responder ni una sola vez a las preguntas que se interponían entre su maltrecha y empapada persona y el sagrado ágape. El espumoso y áureo pipí de Cristo en la muniquesa jarra de litro y medio y el frasco en que flotaban escrotales huevos en vinagre (que hacían pensar en un pasado remoto, infinitamente anterior al comienzo de los tiempos) eran la meta (¿o la trampa?) que decidiría el duelo entre tabernero y parroquiano.
Barney comenzó a temblar, con un amago de delirium tremens, cuando los huevos acéticos adquirieron expresión (como en un videoclip del alevín de chef Buddy Oliver): le vino a la mente el icono de la revista MAD pero no, era otra cosa más esotérica, más inquietante, era, ¿qué era?
¿Tal vez el careto maliciosamente travieso de Miguel Angel Ramos?
"Le he pedido al arcoiris que me dé un color limpio como el de tus ojos claros como el sol...": el carotenuso por antonomasia del pop español ponía la banda sonora a aquel momento desde la radio del utilitario con parrilla regia, alevín de Rolls.
La queruba y el bouledogue mantenían en el asiento trasero un reñido torneo de lametones. La queruba, azuzada por las cosquillas que le provocaba la lengua del perrito, se deshacía en carcajadas: su melenita flamígera, su cutis moteado, sus ojos de lemur y los paletones de su risa brillaban al sol boreal, nunca claro si orto u ocaso....
Yo era el chófer y por el retrovisor contemplaba la escena a caballo entre la nostalgia y la envidia de los falsos recuerdos. Esperábamos a la madre, rubia larguirucha a lo Julie Andrieu, que debía traer la cesta para el picnic.
Al borde del acantilado, el cielo y el mar se ayuntaban en frenesí cromático. Los Fórmula V dejaron paso a Los Puntos con aquella balada primeriza que siempre me ha hecho llorar.
En los sueños no hay confines ni confinamientos. Todo lo imposible es perogrullesco y los silencios timoratos se disuelven como medusas resecándose en la arena...
a Esther, mi Mejor Amiga
continuación de lo dicho aquí