martes, 1 de diciembre de 2020

RILEY (sueño de cantiles)

 

"Le he pedido al arcoiris que me dé un color limpio como el de tus ojos claros como el sol...": el carotenuso por antonomasia del pop español ponía la banda sonora a aquel momento desde la radio del utilitario con parrilla regia, alevín de Rolls.

La queruba y el bouledogue mantenían en el asiento trasero un reñido torneo de lametones. La queruba, azuzada por las cosquillas que le provocaba la lengua del perrito, se deshacía en carcajadas: su melenita flamígera, su cutis moteado, sus ojos de lemur y los paletones de su risa brillaban al sol boreal, nunca claro si orto u ocaso....

Yo era el chófer y por el retrovisor contemplaba la escena a caballo entre la nostalgia y la envidia de los falsos recuerdos. Esperábamos a la madre, rubia larguirucha a lo Julie Andrieu, que debía traer la cesta para el picnic.

Al borde del acantilado, el cielo y el mar se ayuntaban en frenesí cromático. Los Fórmula V dejaron paso a Los Puntos con aquella balada primeriza que siempre me ha hecho llorar.

En los sueños no hay confines ni confinamientos. Todo lo imposible es perogrullesco y los silencios timoratos se disuelven como medusas resecándose en la arena...

 





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