gracias a Laura por su regalo
(HERMOSOS PERDEDORES, de Leonard Cohen)
Desde mi prisma de alguien que se aproximó a la santidad weiliana desde el deseo carnal por su foto gafosa, antes de haber leído una sola línea suya, esta pesquisa goteante (entre Bataille y Céline, con sus rebabas de Cronenberg, paisano de los siameses protagonistas) del siamés más ¿débil? en torno a la santa piel roja me resulta muy sugerente.
Y lo diré una y mil veces: el mundo es más pequeño y menos completo porque Bataille y Weil no se asumieron como tándem heredero de Juana y Gilles.
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