lunes, 10 de agosto de 2009

LEIDO EN LA CANICULA 5


MALVANIA (Jaime Royo-Villanova)

«Los habitantes de Malvania han decidido que el alma es una enfermedad, que Dios es una proyección esquizofrénica, que el único arte posible es el que nos solaza con fórmulas tan vacuas como estridentes. Los habitantes de Malvania beben para anestesiar la nostalgia del espíritu, frecuentan las consultas psiquiátricas para mantener a buen recaudo la conciencia, aman sin tino, como quien se entrega a un automatismo o a una pulsión bárbara. No es que sean exactamente hombres malvados; es que han dejado simplemente de ser hombres, se han convertido en meros artefactos.» (atinada síntesis argumental por Juan Manuel de Prada)

Las primeras noticias que tengo del autor de este libro son sus comentarios jovialmente crípticos a las entradas luminarcas de Gaucho Divino (entradas parejas en jovial cripticismo y anunciadoras de un nuevo amanecer bohemio y vitalista). Un tiempo después tuve la ocasión de asistir a cierto aquelarre con trazas de guateque en la galería Espacio Valverde y se me invitó a participar en diversas actividades gozosamente nefandas (PIEL DE LOBO –¡atentos a este otoño, coño!-, EL DODO –publicación humorosa dirigida por Guiller, la hermana de Jaime, otra pájara de cuenta atrás y no te pares-, tertulia de actualidad vía teléfono en Radio Santoña –los lunes, sobre las 12 del mediodía- y, last but not least, tráfico de obleas y brazos de santa en la mismísima Avila de los leones culirrotos perpetrado por una peligrosa elementa y su fiel secuaz la vaca mil gustos...). A medida que íbamos ganando confianza, nos empezamos a pasar los respectivos ases de la baraja creativa de cada cual y así llegó a mis manos esta novela de Jaime. Novela que hago mía por varias y pintas razones que a continuación explicaré (incluida la de sacarme en la trama por partida doble cuando él aún no tenía ni remota idea de mi existencia –¡toma sincronicidad jungiana con unas gotitas de David Lynch!-).

La Postmodernidad retratada (¡al fin!) como antiutopía, su único y verdadero sentido. La semblanza iniciada por Jünger con EUMESWIL y que yo (en paralelo con otros como Baudrillard o el último Debord –decir tras su estela sería falsamente modesto pues a ambos los descubrí cuando ya llevaba tiempo rumiando sobre el particular, aunque, desde luego, reconozco que me iluminaron bastante en mis elucubraciones posteriores-) he ido tratando de desarrollar en paulatino esbozo en tantas y tantas reflexiones (cantadas –espigar, por ejemplo, los álbumes de LA MODE o POP DECO: LA EXPOSICION INTERNACIONAL DE LOS 80-, narradas –en MARY ANN, en LA CANCION DEL AMOR, en los cuentos corazonescos- o ensayadas en artículos –como alguno de los recogidos aquí- y entradas de web y de blog) aquí se consuma en apoteosis categórica con chispazos y deja vus del mundofelicismo huxleyano, del bigbrotherismo orwelliano, del cauterio bibliófobo profetizado por Bradbury. Sólo Ballard (ahí, SUPERCANNES o NOCHES DE COCAINA), Fellini (su visionario testamento GINGER Y FRED), Terry Gillian (BRAZIL, EL REY PESCADOR –Gillian, el realizador ideal para una adaptación al cine de MALVANIA-) o esa imaginería a caballo entre la industria y el arte que es BLADE RUNNER podrían andar parejos con Jaime en cuanto a vigor retratista de lo iniciado en aquel funesto final de los 70 y cuyos hediondos estertores todavía sufrimos.

Malvania, el mejor de los mundos, el País de la Piruleta para esa derecha tributaria de Hayek, de mimbres mayormente conversos desde juveniles veleidades gauchistas, descreída y libertina (amiga de envolverse en vocablos envenenados como tolerancia, pensiero debole, antiprohibicionismo, transversalidad y de estuprar-corromper-prostituir-profanar una palabra tan respetable y enjundiosa como LIBERTAD –sagrada tan sólo en escasas bocas, como la de Ayn Rand, su más entregada, objetiva y paradójica sacerdotisa-), esa derecha colgada ad eternum del ya caduco minuto reaganómico cuando los vendedores de bonos basura vomitaron su triunfito biodegradable (minuto tan bien encarnado por el cocaínico Charlie Sheen tanto dentro como fuera de WALL STREET en los 80), esa derecha que hoy cree estúpidamente reconocerse en el rostro plastificado de Berlusconi (negándose a comprender que tras el fasto burbujeante, cual crisálida multicolor, se agazapa y desarrolla un mensaje mucho más complejo y trascendente -y esperanzador para los pocos que vamos y vemos más allá de las cáscaras, de las máscaras-, un mensaje que sólo tendrá pleno sentido cuando la sonrisa gelificada del Cavaliere caiga hecha añicos, entonces enervará sus alas extendidas un impulso tecnomedieval, gótico flamígero con ambiciones gibelinas, exacta antípoda de la trilera y cortoplacista escayola barroca que hoy lo oculta y desdibuja).

Pero también cabe en Malvania (aunque la contemporaneidad con la borrachera ladrillista aznariana -territorio temporal durante el cual el autor desarrolló las bases de su novela- lo haga menos explícito en la forma) esa aberrante pseudoizquierda aloi, esa pijoprogresía falsamente blindada en sus patéticos chantajes pesebristas de cuotas, discriminación positiva y paridades, alérgica a excelencias que puedan poner en solfa su inmunda pequeñez de espíritu y de perspectivas. Ese saco pródigo en autoayudas y simulacros para cebar las buenas conciencias. Esos cipayos comicastros saboteadores de cualquier valor (es crucial en la postmodernidad de izquierda la figura metastatizada del cómico, mejor cuanto más mediocre: si la derecha postmoderna se ha desprendido en estos últimos lustros de todas sus coartadas morales y de quienes las defendían como verdades y no como pretextos –ahora, sin embargo, esa marginada derecha con principios parece tomarse su revancha al hilo de la presente crisis y de la consiguiente remodelación occidental, como bien refleja el nuevo sesgo del Parlamento Europeo-, para exhibirse ante el mundo en su puro núcleo de codicia y afirmación sádica de poder puntual e inmediato, la pseudoizquierda ha acabado recogiendo todo ese guardarropa desechado para continuar el ego trip fariseo –ese deseo vanidoso de que todos envidien la bondad propia, como podrían envidiar una propiedad costosa o una hermosa pareja/trofeo: o dicho de manera muy sintética, donde acaba 1984, en esa fijación del Big Brother por ser amado, empieza ZP y toda su embaucadora corte de los milagros- y los opios del pueblo usados previamente por la primera y que la pseudoizquierda plantea en clave de proliferación oenegera, de buenrollismo onusino, de culto a la solidaridad –palabra explotada propagandísticamente por el reaganismo en sus últimos embates contra la URSS a propósito de Polonia que ha pasado a ser patrimonio de la pseudoizquierda en sus tratos paternalistas y desmovilizadores con los desposeídos-, de pasividad new age, de corrección política, de ecomuseísmo dispuesto a concebir la naturaleza como un domesticado parque temático, etc –el afán que tiene el actor mediocre por un papel con mensaje para satisfacer su vanidad codiciosa de galardones y no para profundizar en lo transmitido por el papel, como habría podido ocurrir en el pasado con actores realmente comprometidos como Cassavetes o Newman o Garfield o cómicos kamikazes como Lenny Bruce, es lo que mueve en buena medida a la pseudoizquierda: la vampirización de realidades problemáticas para alimentar el propio impulso demagógico, la realidad al servicio del provecho personal del histrión y no a la inversa-). Esa silicona y botox y cirugía transex reclamados como prioridad para la sanidad pública (aquí se ve de una manera prístina cómo los comicastros con sus caprichos pretenden suplantar/alienar el terreno de las reivindicaciones sociales básicas hasta convertir la dialéctica de la lucha de clases -usualmente más cercana a Esparta que a Sodoma- en un ínfimo teatro de varietés). Esos mamarrachos paparachos elevados al rango de líderes de opinión por un perverso psicomengelismo, por unos criminales contra la condición humana travestidos de ingenieros sociales (cuando sólo son expertos en demoliciones del alma, en inocular inmunodeficiencias y virus emasculadores de la conciencia).

Las páginas paridas por Jaime nos hacen pensar en tantos momentos vividos desde el 82 hasta hoy mismo en nuestro país, en clave de pelotazos, de hipermercantilismo como parafilia, de pérdida de toda prioridad que no sea el medro personal y el placer entendido del modo más pedestremente antinatural (esto es, antiCULTURAL –esto es, CIVILIZADO hasta extremos terminales-).



Por supuesto, la novela de Jaime (en la que salen un Zurdo de evolianos ecos en su apellido –con un algo ambiguo, sorelianamente espectral, del Goldstein orwelliano o del Osama transmutado con la primera guerra del Golfo- y un Nicolás –tocayo de mi daimon Nicolás Sicodelo con un si es no es de crístico, esto es, de luciferino desde el prisma de la gnosis- que podrían perfectamente serme, sin pretenderlo en absoluto cuando el autor los imaginó, pura y dura realidad paralela –como la indefinición temporal y cosmopolita, de zona franca, de future passed, tan jüngeriana, que marca EUMESWIL y también propia de MALVANIA, sin olvidar la común mirada irónica del anciano teutón y el joven lobo mesetario, se producen desde el más completo desconocimiento de EJ por parte de Jaime hasta casi el día de hoy, lo que hace más sobrecogedora esa convergencia de evolución visionaria-) tiene un final feliz, según la pauta marcada por el imperecedero proverbio leninista: MAS VALE UN FINAL ESPANTOSO QUE UN ESPANTO SIN FIN. Porque todo final espantoso alberga en su entraña un nuevo comienzo. Sólo la aporía interminable supone el horror, el auténtico horror.

Pero mejor expresarlo en sus palabras. He aquí una somera selección:

COMUNICADO DE ZURDO SCEVOLA
«Yo traigo miedo y muerte para transformación vuestra. No deseo la sangre derramada como bien primero, sino como catarsis. Deseo como bien primero llegar al interior de cada hombre, mujer y niño de Malvania. Deseo como bien primero que alcancéis mi estado. Sé que muchos comprenderéis lo que os estoy diciendo, porque es lógico; aquellos que no me entienden son ignorantes que carecen de intelecto.
A mis amigos en todas partes les pido que recrudezcan sus actos para que la potencia cognoscitiva triunfe en Malvania y nos alcemos grandes, poderosos y triunfantes sobre la faz de nuestro mundo.
Miedo y muerte es lo que traigo.»

LA VOZ QUE HABLA A NICOLAS
«Sois vosotros los creadores de lo real. Si crees que no puedes y crees tener miedo de que acaben contigo y crees que la locura te acecha y crees que el único remedio es convertirse en mendigo: así será. Lo que tú has hecho, Nicolás, es tener la certeza de aprender sufriendo. Tú, que eres Corazón, pediste cambiar las cosas al tiempo que temías que las cosas te derrotasen. Y lo que pides, se te da; porque eres Corazón, muchacho, pero se puede avanzar sin sufrimiento. La vida es energía. Piensa en energía y no en ideas, Nicolás. No te quedes en el cuerpo de los símbolos: ¡traspásalos! Sé energía y habla con las energías. No te limites como hombre, Nicolás. Sé fuerza viva y deja de sentirte solo y especial. Te diré algo: la alegría es la única y verdadera señal del ser humano liberado. La alegría, Nicolás, la confianza, la risa. ¿Qué más puedo decirte? Todo está a vuestro alcance.
Ve, levántate y habla.»


EXABRUPTO DEL DOCTOR Q EN SU ANTIDIALOGO CON ESA MISMA VOZ
«¡Cállate! No escucho otra conciencia que la conciencia de mi beneficio.»




ALGUNAS CITAS QUE ME HAN VENIDO A LA MEMORIA LEYENDO «MALVANIA»

«Antonio piensa por mí.» (Alaska a propósito de Escohotado –una frase que habría hecho las delicias del doctor Q-)

«...a Schwartz le perdía no su inteligencia, que la tenía, sino su ultraliberalismo que un día, por ejemplo, lo llevó –tras un alegato del entonces ministro de Hacienda, Carlos Solchaga, según el cual las enmiendas que presentaba AP, de aprobarse, llevarían a la clase obrera a la hambruna- a exclamar desde su escaño “¡Pues que se mueran de una vez!”» (MEMORIAS DE UN MALDITO, Jorge Verstrynge)

«...en los ochenta se podía ganar tanto dinero que el cebo de la riqueza vencía cualquier comedimiento convencional. Alteraba literalmente el comportamiento, como si fuera una especie de campo magnético. En consecuencia, la posibilidad del estigma social se convirtió en algo irrelevante. La gente destruía el arte, traicionaba a los amigos, transgredía las leyes. Había demasiado dinero en juego. Era imposible resistir la tentación.» (EL CIRCO DE LA AMBICION, John Taylor)

«En nuestro mundo de epígonos de imperios decadentes y ciudades-estado envilecidas, el esfuerzo se limita a la satisfacción de las necesidades primarias. La historia está muerta, lo que hace más fácil la mirada histórica retrospectiva y la mantiene alejada de prejuicios, al menos para aquellos que han conocido el dolor y lo han dejado a sus espaldas.
»De otra parte, no puede haber muerto aquello que llenó la historia de contenido y la puso en marcha. Debe haberse trasladado desde el fenómeno a la reserva –a la cara oculta. Vivimos sobre un estrato fósil que puede, de improviso, empezar a escupir fuego. Probablemente todo es material combustible, hasta el centro.»
(EUMESWIL, Ernst Jünger)

«creo que la creación es también, simplemente,
una buena pregunta y una buena respuesta»

(MECAGOENTUPUTAMADRE, Gonzalo Escarpa)

«Howard Roark se echó a reír.» (así comienza EL MANANTIAL, de Ayn Rand)

2 comentarios:

ROYO-VILLANOVA dijo...

Amado y monstruo, tú, amigo creador de tanta Vida como muertos dejaron tus patas recias y salvajes... los sucios hijos que a rastras recorren la piedra negra, traen un mensaje: ¡DEBAJO HAY LUZ! Habrá Victoria...

el zurdo dijo...

La vaca mil gustos tiene la clave. Parafraseándola, me atrevería a decir que SOMOS LA LECHE!!!!!